17.10.07

El Che en el cielo con estrella


Hace cuarenta años, el artista gráfico cubano Frémez amanecía el 18 de octubre [de 1967] entre bastidores. Imprimía con tinta negra la estampa de Ernesto Che Guevara sobre cartulina roja porque era el único material que tenía para hacer los carteles que se portarían en la concentración que se realizaría en la Plaza de la Revolución, de La Habana, en homenaje al Che.

La foto que utilizó como referencia para sus carteles rojinegros era la que Alberto Korda había tomado al Che el 5 de marzo 1960 y que en Cuba se había utilizado en muy pocas oportunidades. Es la foto más conocida del siglo XX y quizá la imagen más pintada en paredes del mundo.

El editor italiano Giangiacomo Feltrinelli –quien la reprodujo internacionalmente en afiches mientras el Che estaba en Bolivia–, para referirse a la imagen tomada por Korda la llamaba la foto de “El Che en el cielo con chaqueta”, parafraseando la canción de moda de los Beatles en 1967.

La estrella del Che han querido bajarla siempre. Por eso muestran constantemente la fotografía donde aparece muerto con los ojos abiertos o donde los asesinos se exhiben como quien muestra un trofeo de caza.

2.10.07

Pensar en el Che

Hace más o menos un mes, un amigo argentino (nadie es perfecto), me propuso ir a Bolivia y que, desde allá, desde La Higuera, tomáramos fotos y escribiéramos sobre ese país, 40 años después de la muerte del Che Guevara.

Por esas extrañas cosas de la vida, el proyecto inicial se volvió ambicioso y terminaron involucradas otras personas y equipos de video. La ambición, como siempre, no tiene medida. Y como era de esperarse, no se dio ni lo uno, ni lo otro.

La idea no era mala, pero como siempre, al final, el día a día se impuso. Ahora estamos cerca de la conmemoración del Día del Guerrillero Heroico y cada quien en sus respectivas ciudades, en sus respectivos trabajos y, por supuesto, en sus cómodos hogares.

El jueves hablaba con otro amigo, esta vez venezolano, merideño, para mas señas (poeta, incluso); o más bien, él disertaba por correo con otras personas sobre la palabra “guerrillero” y “guerrilla” y recordó en unas líneas finales que se nos venía encima la fecha del 8 de octubre y que había que escribir unos trabajos al respecto. Sucedieron más cosas que voy a omitir, porque el cuento se puede extender y realmente, no quiero hablar sobre esto, sino sobre otra cosa. Es decir, sobre el Che.

No lo conocí personalmente, pero viví con él gracias a mi viejo. Desde niño me dijo que teníamos que seguir su ejemplo, que teníamos que “ser como el Che”.

Esa frase decía muchas cosas cuando uno tiene seis o siete años: solidaridad, honestidad, dignidad. Ser el mejor sin competir. Trabajar sin descanso. Ayudar al necesitado. Luchar contra la injusticia. Ser amigo sin esperar favores.

Esa frase tiene el mismo significado casi 40 años después de haberla escuchado de la boca de mi viejo. Y en eso ando, tratando de ser un tilín mejor, como dice Silvio en una canción.

Así aprendí que no importaba la muerte si es por una lucha justa. Pero nunca me conseguí con guerra alguna, mucho menos con los silbidos de las balas o de los obuses. Quizá luché contra mis microbios y seguro perdí la batalla.

La palabra “revolucionario” nunca la utilicé ni siquiera para mencionar a mi padre, que bien se lo merecía. Él decía: “revolucionario es quien hace la revolución”.

A mi corta edad era muy duro comprender que mi viejo no era de la talla del Che. Es muy difícil ser como él, ser un revolucionario.

Él siempre recuerda que al conocer la noticia de su muerte, de la consternación, casi choca mientras conducía su moto. Por un momento llegó a pensar que eso era una mentira más del imperio. Sólo dio crédito a tan honda herida cuando lo escuchó por Radio Habana Cuba.

En 1967 vivíamos en Asunción, Paraguay. Mi abuelo Nenito tenía tres años presos cuando el Che fue asesinado y estuvo en las mazmorras stronistas durante 14 años. Nunca delató a sus compañeros. Mi primer nombre es por él: Dimas Acosta, se llamaba, y era de estatura baja, pero de un gran coraje. No sé qué tiene que ver una cosa con la otra, pero no importa. Los otros dos nombres que poseo: Raúl Nicolás, y que le siguen a Dimas, son una especie de camuflaje. Como mi viejo no podía ponerme Fidel, me puso el nombre de su hermano revolucionario: Raúl. Y Nicolás, porque era el nombre de Lenin.

Mi padre, muchos años después, en 1975, exiliado en Montevideo, Uruguay, fue detenido y torturado. Nunca delató a nadie. Venció a sus torturadores y a la muerte. Se fugó del Hospital Militar cuando se lo propuso y se asiló en la embajada de Venezuela.

Podría enumerar a muchos compañeros y compañeras de mi padre que murieron en la lucha por la liberación de nuestros pueblos. Compañeros y compañeras que son míos aunque yo no los conociera personalmente. Como al Che, que es un compañero en esta vida, por siempre.

9.7.07

Lectores, sencillamente

Muy lejos de ser escritores, fundadores de un lugar propio, herederos de los labradores de antaño pero en el terreno del lenguaje, cavadores de pozos y constructores de casas, los lectores son viajeros, circulan por tierras ajenas, nómadas dedicados a la caza furtiva en campos que no han escrito, arrebatando los bienes de Egipto para gozar de ellos. La escritura acumula, almacena, resiste al tiempo mediante el establecimiento de un lugar y multiplica su producción por el expansionismo de la reproducción. La lectura no se garantiza contra el desgaste del tiempo (se olvida y se la olvida), no conserva la experiencia lograda (o lo hace mal), y cada uno de los lugares por donde pasa es una repetición del paraíso perdido.

[Michel de Certeau]

8.7.07

“Como decíamos ayer…”

Tomo prestada una frase de Miguel de Unamuno* para retomar mi bitácora. Ayer nos quedamos hablando de literatura, o eso creo. Pero diversas ocupaciones me mantuvieron alejado de la escritura o de reseñar lo que había leído recientemente.

En todo este tiempo he leído las siguientes novelas: 1. Triste, solitario y final, de Osvaldo Soriano; 2. Gutiérrez a secas, de Vicente Battista; 3. El ojo de la patria, de Osvaldo Soriano; 4. La última vez, de Héctor Bujanda; y 5. Cuando amas debes partir, de Eloi Yagüe.

En realidad he estado leyendo más libros, es decir, por mis manos pasaron El misterio de la cripta embrujada, de Eduardo Mendoza, pero no lo pude culminar porque Florángel –mi esposa, para más señas– lo empezó a leer primero y cada página que leía se mataba de la risa y me contaba lo que leía e inmediatamente después me daba sus apreciaciones, que como siempre, son pertinentes. Y así ella lleyó seguidamente de Mendoza El laberinto de las aceitunas y La aventura del tocador de señoras.

Ella pensó por un momento que no podía leer más que a Eduardo Mendoza y se lamentaba por todos los rincones de la casa que no tuviéramos más libros hasta que le dije que teníamos La ciudad de los prodigios. Lo había conseguido en febrero en el Salón del Libro, en el stand de Planeta, y al ver a Leonardo Milla en los pasillos, se lo mostré con orgullo. Él me dijo: “Era el libro de cabecera de mi viejo”.

Florángel en un mes y medio se había leído cuatro libros de Mendoza y todo empezó por el obsequio que me hiciera Lis y Eduardo (que ahora la ONU los tiene por Austria). Ella me decía: “Raúl, te va a encantar E. Mendoza”. “Es una trilogía de tres libros (sic)…”. La trilogía a la que hacía referencia, es a los tres primeros libros que mencioné de este autor catalán.

Confieso que me ha gustado Mendoza aunque no he terminado de leer el primer libro: El misterio de la cripta embrujada y continué con La ciudad de los prodigios por recomendación de Florángel.

También comencé a leer Yo El Supremo, de Augusto Roa Bastos. No se por qué había postergado la lectura de esta obra. En alguna oportunidad había dicho que hay libros que hay que leerlos en cierta época. No lo hice, no importa. Al fin de cuentas, nunca es tarde, creo.

La edición que conseguí de Yo El Supremo fue la de Biblioteca Ayacucho. A quienes quieran leerlo en esta edición pueden saltarse el estudio preliminar. Sin lugar a dudas, es mucho mas divertido el texto de Roa Bastos que el del estudioso que trata de explicar la obra del paraguayo.

Decidí leer este libro porque ciertos columnistas empezaron a utilizar el término Yo El Supremo para no mencionar al Presidente Chávez. Pero para darle el sentido de déspota.

La novela de Roa Bastos se basa en la vida de Gaspar Rodríguez de Francia, el Dictador Supremo de la República del Paraguay en el siglo XIX. Dicho así, suena tenebroso. Pero nada que ver. Más bien, Rodríguez de Francia viene a representar soberanía, progreso e independencia. Los dictadores de principios del siglo XIX (Simón Bolívar, también lo fue) de América Latina no tienen nada que ver con los dictadores militares del siglo XX. Por tanto, le sale el tiro por la culata a esos columnistas.

No he terminado Viaje desde el Scriptorium, de Paul Auster. Si no fuera porque es Auster, ya lo hubiera desechado hace rato.

Aún mantengo la lectura de Plataforma, de Michel Houellebecq. Con este autor hay que tener claro que uno no es europeo, menos aún francés. por tanto, hay que tomárselo con soda y piano, piano.

Y para colmo, empecé a leer El tren pasa primero, de Elena Poniatowska, que recién acaba de ganar el Premio Internacional de Novela Rómulo Gallegos 2007. Ya les contaré de qué va la novela.


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* La frase “Como decíamos ayer…” pertecene a Fray Luis de León. Errare humanum est, perseverare autem diabolicum.

28.5.07

Todo tiene su final


Todo tiene su final es un libro de cuentos. Su autor es Raúl Cazal, un joven escritor paraguayo que vive en Venezuela desde niño. Actualmente culmina sus estudios de Comunicación Social en la UCV. Su volumen de relatos ha sido publicado por la editorial alternativa La Espada Rota. Esta misma editorial le publicó en 1988 su primer libro de narraciones: El bolero se baila pegadito.

Los textos narrativos que conforman la primera obra mencionada son trece en total. Sus historias son recogidas de la cotidianidad urbana, especialmente se relatan las situaciones e irreverencias de los jóvenes que viven en los barrios y en las urbanizaciones de clase media de Caracas. El estilo de Cazal es muy semejante al de Francisco Massiani, pues suele narrar las peripecias y travesuras del adolescente con un lenguaje suelto, fluido, y sobre todo con un gran desenfado, tomando en cuenta en todo momento la oralidad citadina de la juventud de esta urbe.

A semejanza del autor de Piedra de mar, el novel narrador se propone hacer un literatura vitalista, dinámica, que refleje las inquietudes, veleidades y el espíritu disperso de cualquier púber que habita en una metrópoli; sus gustos por la música moderna, por la salsa, los ardides que emplea para conquistar el amor de una chica, sus timideces, inseguridades y desconsuelos.

26.4.07

Borges y el periodismo

El viejo dilema sobre las fronteras entre la literatura y el periodismo renace en el libro A quién le importa la opinión de un ciego, de Freddy Fernández y Raúl Cazal (comala.com). Los autores, periodistas, tuvieron la osadía de plantear la interrogante sumergiéndose en la infinita espesura de la escritura borgiana. A ambos los identifican también sus nexos con la literatura. En cierto sentido, sus historias personales constituyen la celebración de la libertad creadora, sin que ese hecho trabe su desempeño como profesionales del periodismo. Más allá de la pregunta planteada en un aula universitaria por Guillermo Sucre -si Borges inventó la entrevista literaria- el texto de Fernández y Cazal sorprende por sus múltiples hallazgos y por la indudable profundidad de sus planteamientos, además de la calidad estilística de su escritura.


En los albores de la profesión periodística, la frontera entre el periodismo y la literatura era apenas una tenue línea que permitía a los redactores escapar, sin tropiezos ni angustias, de la obligante sumisión a la doctrina de la objetividad, para asumir en propiedad el papel de intrépidos creadores con derecho a su propia y personal realización a través de la literatura. Los géneros, en periodismo y en literatura, no habían asumido aún el rigor de fronteras infranqueables. Y lo que los formalismos, de cualquier signo, suelen imponer como norma, era desechado como inconsistentes e injustas limitaciones. Pero advino el predominio del concepto empresarial de los medios y, como correlato, la esquematización de los modos de comunicar. Todo debía responder a las rígidas normas preestablecidas en aras de un periodismo de fácil comprensión y extrema pobreza expresiva. Pero ese no es el problema que concierne ni a Borges ni a los autores ni a su libro. Aunque en Territorios del Lenguaje, la primera parte de la obra, se realiza un exhaustivo análisis de las teorías sobre la entrevista periodística, el verdadero objetivo es Borges y sus múltiples articulaciones con el periodismo, sus entrevistadores y lectores. Lúdico como pocos, ese prodigio de inventivas que fue el escritor argentino, da para muchas exploraciones a lo largo de su frondosidad literaria, escrita y verbal. Porque Borges, escribiendo o hablando, siempre tuvo segundas intenciones. "En su encuentro, en su accionar con los medios de comunicación -concluyen Fernández y Cazal- Jorge Luis Borges se propuso crear a sus lectores, eludir el olvido. Forjarse un destino literario, dejar clara y patente su segunda obra". Eso que los autores denominan como la segunda obra de Borges es, en realidad, la continuación, por otros derroteros, en este caso periodísticos, de toda sus obra literaria. Sorprender a los incautos, estremecer a las plácidas conciencias de seres satisfechos consigo mismos, sacudir a los adoradores de las seguridades absolutas y de las respuestas trilladas ha sido uno de los juegos conscientes de todo su peregrinaje por los ámbitos literarios y periodísticos. A ese nivel de análisis, ya no es trascendente dilucidar si Borges inventó o no el género literario de la entrevista. Porque los autores de A quién le importa la opinión de un ciego lograron trasmutar un asunto formal en una reflexión penetrante y lúcida sobre un pensador y creador, referente del cual parecía que ya todo había sido dicho.

OLGA DRAGNIC

Publicado en Últimas Noticias, Caracas, 26 de abril de 2007.
Cartas al Editor. Pág. 33.

1.4.07

Bautizo


El jueves pasado le quitamos el Diablo que tenía por dentro el libro A quién le importa la opinión de un ciego, J. L. Borges como hacedor de entrevistas, que fue publicado en noviembre del año 2006, distribuido a las librerías en enero de 2007 (por recomendación de gente que sabe de libros) y a finales de marzo lo pusimos en manos de un Dios escandinavo, por tratarse del autor de El Aleph.

En la presentación estuvieron algunos amigos y enemigos –como diría Silvio Rodríguez–. Pero sobretodo, los amigos se preguntaban: ¿Quién invitó al enemigo? Todos buscaban una explicación y la única respuesta que conseguí fue esta: «la ignorancia es aviesa».

Después vinieron las palabras de los presentadores que hicieron lo propio. Que como dice Carlos Ortiz –quien fungió de maestro de ceremonias–, tenía tiempo que iba a presentaciones de libros y por fin se encontró con una en donde los presentadores, en este caso Pablo Antillano y Leonardo Milla, hablaron sobre los autores y el libro, sin develar el final de la película.

A quién le importa la opinión de un ciego fue el trabajo de grado que presentamos en la Escuela de Comunicación Social de la Universidad Central de Venezuela para obtener el título de licenciado. Nuestro tutor fue Earle Herrera y el jurado estuvo compuesto por Moraima Guanipa y Roberto Malaver. Ellos decidieron darle la mención publicación. Nosotros, tan solo acatamos sus deseos.

Tema: periodismo y literatura.
Hipótesis: Borges creó para la literatura el género entrevista.
Autores: Freddy Fernández y Raúl Cazal.

Leer: «A quién le importa la opinión de un ciego» revela nuevas facetas de Jorge Luis Borges

30.3.07

A quién le importa la opinión de un ciego

Palabras de Pablo Antillano.

Vengo directo a la improvisación, escrita claro. Saludo a los amigos de Freddy Fernández y de Raúl Cazal que han venido a esta ceremonia, vital en las biografías de los autores. Y ofrezco disculpas al público que anhela participar de uno de los intercambios más sentidos de nuestra cultura , que se expresa entre otras cosas en la presentación de un libro nuevo. Disculpas porque lo que se dirá aquí en estos próximos minutos puede no colmar las expectativas de oír una disertación de alto vuelo.

He dejado en la casa la tentación de hablar de Jorge Luis Borges, y de los supremos estudios de Guillermo Sucre y Rodríguez Monegal. Dejé las cuartillas que preparé el fin de semana colmadas de citas inteligentísimas, de retruécanos literarios inspirados por el gran maestro de los laberintos, de los tigres , de los espejos, de las rosas, y de los precipicios que separan al mundo real del fantástico.

No se puede hablar como Borges. Y citarlo en demasía sería usurpar sus potencias sobrenaturales . Citar a Borges en una Cervecería puede excitar las fantasías secretas y escondidas de los parroquianos, pero citarlo en la presentación de un libro puede convertirse en un acto facineroso de suplantación y de expropiación del talento ajeno. Me he prometido, por consiguiente, no sucumbir a esta desesperada tentación.

Quisiera entonces referirme a las virtudes de la aventura intelectual en la que navegaron Raúl y Freddy durante un tiempo, y que hoy se ve transfigurada en un texto luminoso.

Como la mayoría de ustedes saben , este es un texto escrito a cuatro manos , bajo la exigente vigilancia de nuestra academia, que expresa con gracia y rigor los inquietantes intereses literarios y periodísticos de sus autores. Uno es poeta, Freddy, y el otro, Raúl, es un narrador. Tienen sus libros, cada uno con sus dramáticas y felices travesías. Y ambos son, de manera incomprensible para ellos mismos, periodistas. Y , como cultores de la amistad y el pandillismo, se asocian para tratar de comprender a través de Borges por qué estas dos potencias viven separadas. Estas dos potencias que los habitan y los torturan... Sin drama. Los torturan porque simplemente una le quita tiempo y espacio a la otra.

Entonces se proponen reunir el periodismo con la literatura. Pero no solo académicamente, no formal y racionalmente, sino en el interior mismo de su devoción por Jorge Luis Borges.

La identificación de este par de jóvenes , ( curtidos en las inclemencias del deber, del trabajo reporteril, de la producción y del realismo crudo,) con la oferta creativa de Borges, con la hipnosis de su penetración filosófica y poética, los lleva a producir este libro, esta propuesta desafiante que provoca lecturas diversas y a veces antagónicas.

Antes de entrar en los nudos de su argumentación principal me gustaría anunciarles que con toda seguridad este texto, absolutamente innovador , formará parte de la lecturas de los estudiosos locales de la Comunicación Social en Venezuela. En primer lugar porque sintetiza de manera generosa y muy precisa las reflexiones fundamentales de la tradición intelectual local sobre la entrevista : Federico Alvarez, Olga Dragnic, Nelson Hipolite, Earle Herrera, Diaz Rangel, Humberto Cuenca, y además incorpora las grandes líneas del pensamiento moderno que contrasta literatura y periodismo, y que enfoca baterías sobre las potencias de la entrevista como género.

De esta manera, cabalgando con rigor, sobre las teorías y el conocimiento contemporáneo, Raúl y Freddy nos plantean preguntas de alto vuelo. En primer lugar sobre el género de la entrevista: ¿puede el periodista conducir al entrevistado?... como suelen aconsejar los sabios, y los manuales de estilo?.... o ¿existen estos casos formidables en los que un entrevistado , como Borges, maneja la gracia, la temática y las conclusiones?

(Quienes hemos entrevistado a escritores y periodistas, conocemos los rigores de esta tarea. Vaya usted y entreviste a Ramón Velásquez , a Tomás Eloy Martínez, a Miguel Otero Silva o a García Márquez.... a Zapata, a Giusti, a Massó....etc)

Las reflexiones que nuestros autores promueven sobre este asunto del periodismo contemporáneo, están plenas de riqueza y sugestión. Constituyen una parte esencial del valor de este libro.

Pero por otro lado está Borges. Se preguntan los autores ¿qué significan las afirmaciones de Jorge Luís Borges, volcadas en innumerables entrevistas, en la ponderación de su obra total?... ¿Son parte de su imagen o parte de la obra del autor?... ¿Hay alguna separación entre su discurso escrito y su discurso oral?... ¿Es que Borges escribe cuando habla?...

Todas esas maldades, ese ejercicio de político no-correcto que exhibió Jorge Luís Borges en sus entrevistas, eran acaso diferentes a las que expresó en su magnífica obra meditada?... ¿Actuaba acaso pre-meditadamente, y con alevosía, frente a sus entrevistadores? Me provoca citar varias de las respuestas geniales de Borges que recoge este magnífico libro pero me temo que podría sabotear las ansias de adquirirlo.

Freddy y Raúl, como devotos de la literatura que son, se esmeraron porque el texto no fuese aprisionado por las camisas de la racionalidad académica. Por el contrario las ideas fluyen por un río narrativo que alegra la travesía y conducen a los lectores a más de un laberinto sin salida. Los mismos que ellos padecen.

Las veces que he terminado de leer este texto, que ha de leerse repetidas veces por lo gracioso y borgeano, termino recordando nuestras aventuras compartidas. Hace unos años ellos eran simplemente unos niños borgeanos, hoy son unos niños borgeanos con compromisos.

Conocí a Freddy recién llegado a Venezuela, acaparando la perplejidad de sus audiencias con los cuentos sobre la ferocidad del mundo asiático y de las rudezas de Europa Central, previas a la caída del Muro de Berlín. En lo más privado me asombró siempre su capacidad para retener frases formidables de cantantes y poetas, pero sobre todo me asombra que sus evocaciones logren traspasar las murallas de marfil que se interponen entre su voz y sus amigos. Su voz es muy clara, y todos ya lo reconocen, en su libro titulado La Casa del Hechicero.

Con Raúl Cazal me he sentido parte de una historia que nos trasciende. Forma parte de una estirpe batalladora e indomable, que ha alentado las mismas ideas de cambio político desde que él estaba en la cuna. Su padre me roba los más entrañables recuerdos familiares, pero, actualizando, celebro que con la ayuda de Raúl y su magnífica editorial Comala puse en la calle un entrañable libro personal.

Aunque no he citado a Borges en toda esta perorata, culminaré evocando una frase que suele atribuirle mi amigo Raúl Fuentes, una frase que no se sabe si es cierta, realidad o ficción, como le gustaría al sabio argentino, pero cuyo significado atraviesa todo este libro de Freddy y Raúl: “... Yo lo que soy es un pobre cieguito, como Homero.”

Gracias y felicitaciones a los autores.

1.3.07

Errores de parafraseo

Recientemente me enteré de que El club Dimas apareció reseñada en El Universal, en la sección Blog, y quien escribió la breve nota cometió un error al indicar que mi bitácora se llamaba El club Dumas, título de la novela de Arturo Pérez Reverte y que fuera llevada al cine por Román Polanski (La novena puerta).

Quizá la (el) periodista pensó que yo me había equivocado al escribir el nombre, que de repente lo recordé mal o que en vez de teclear Dumas, puse Dimas. Total, son dos vocales (u, i) que en el teclado está una al lado de la otra. Una equivocación previsible, pero no.

Resulta que tengo tres nombres y sólo utilizo uno, el del medio: Raúl. Mis otros dos son: Dimas y Nicolás. Nombre completo: Dimas Raúl Nicolás. Nombre completo que el perro Duque me lo recuerda cada vez que puede.

En lo que concuerdo con quien hizo la nota, es que es un parafraseo a la obra de Pérez Reverte, El club Dumas.

1.2.07

Adriano no provoca

Borges, me refiero a Jorge Luis, el escritor, era una gran provocador. Más aún si se encontraba frente a un periodista. Se divertía dictándole titulares que disgustaban porque siempre iba a contracorriente. Sólo el lector avezado a las declaraciones de este personaje (personaje literario de sí mismo, algunas veces), sus ficciones y el tiempo, lo disculpaba.

Nombro en principio al escritor argentino porque estoy seguro de que podríamos estar de acuerdo en la cantidad de disparates que el autor de El Aleph le ha propinado al lector y, sin embargo, uno termina con un rictus en la cara porque llegamos a pensar que hay un toque de genialidad detrás de cada frase de Borges.

En nuestro patio tuvimos a un gran provocador: Juan Nuño. Sus artículos de opinión siempre generaban polémicas, porque tenía una capacidad para estar en contra de todos y de todo. Si alguien disertaba sobre la importancia del capitalismo o del socialismo en el mundo actual, de las propiedades benéficas del aguacate o de cómo le entra agua al coco, Nuño tenía razones fundamentales, e inclusive filosóficas, para rebatir cualquier discurso y restarle la importancia al mundo actual y demostrar que al coco no le entra agua.

En su momento llegó a ser una cuestión de prestigio tener una diatriba pública con semejante articulista. No importaba si el contrincante quedaba en ridículo, porque lo que se buscaba, a fin de cuentas, era que Nuño te llevara contra las cuerdas y te diera hasta en la cédula.

En la década de los sesenta del siglo pasado un grupo de artistas y escritores que se reunían bajo el nombre de “El Techo de la Ballena” provocaban al público de las bellas artes y las letras con panfletos, manifiestos, exposiciones, entre otros artefactos. Cada movimiento de este cetáceo tenía como fin buscar las nalgas de la sociedad y pellizcárselas.

En esa cofradía del siglo XX se encontraba –y “sobresalía”, según el ensayista Ángel Rama– el escritor Adriano González León. Intelectual que por estos días decidió abandonar el silencio y sentenciar que “El venezolano lo único que lee es la Gaceta Hípica”. Y uno se pregunta, en qué tiempo quedó estacionado el carro de González León para que nos recuerde algo que nos va costar imaginar: ¡Gaceta Hípica!

Pero no contento con eso, el autor de País Portátil al parecer está claro cómo se come el socialismo del siglo XIX sin que nos dé indigestión. Porque para él, el socialismo es un sueño hasta que se materializa. Es decir, mejor no inventemos porque quien fuera premio Seix Barral hace casi 40 años no cree que de todo esto, es decir, la revolución bolivariana o el socialismo del siglo XXI, vaya a salir algo bueno. En otras palabras: Muchachos, olvídense del tango que ya Gardel murió. Discutir así, Adriano, no provoca.

17.1.07

El Silencio

Hoy llamé a mi padre para preguntarle por una persona que aparecía en el libro El Silencio: Graciela Daleo. Su nombre me sonaba y mi viejo me confirmó que ella había vivido en Venezuela y que ahora se encuentra en Argentina.

Graciela aparece en este libro en las primeras páginas y cuenta el horror que vivió en la ESMA (Escuela de Mecánica de la Armada) y cómo logró escapar de la muerte.

El Silencio es un libro de Horacio Verbitsky y cuenta cómo la Iglesia estuvo involucrada en las desapariciones, torturas y asesinatos durante la dictadura militar argentina.

He dejado de leerlo porque duele mucho. Cada página te llena de indignación y llanto. Cada episodio te deja el alma destrozada.

Mi viejo, cuando hablamos por teléfono hoy en la mañana, me pidió el libro una vez que haya culminado con su lectura. Yo le dije: Mejor no, papá.

En lo personal, no es bueno remover el pasado.

10.12.06

La muerte de un dictador

Se fue impune Pinochet, asi como Stroessner y muchos otros dictadores oprobiosos de América latina. Por suerte Somoza no corrió con esa suerte.

Los medios como CNN y Globovisión le dieron la estatura de estadista a este criminal.

Lo lamentable es que hay gente que lo llora y sigue pensando que hay que borrar del mapa a todos aquellos que piensen diferentes a ellos. Para muestra, va una foto de una abuela pinochetista y derechista. Las palabras sobran.

28.11.06

Los medios de Marcelino

Estimado Marcelino Bisbal,

debía haber escrito un artículo de opinión para analizar el que tú publicaste en El Nacional, el 26 de noviembre, titulado “Las comunicaciones del régimen”. Pero no consigo mejor manera que el formato epistolar, que es como una conversación íntima, para entender este inventario de artículo.

Pareciera, Marcelino, que tus enseñanzas le están haciendo un gran daño a los medios de comunicación de la oligarquía (sí, oligarquía, no mires para los lados como si no supieras que esa casta no existe en Venezuela), cuando escucho a las comunidades como se expresan en sus medios y con sus propios medios.

Seguramente, éste no es el tiempo que esperabas para los medios que visualizabas como pensador de la cultura massmediática. Es decir, por tus clases impartidas en la Universidad Central de Venezuela (UCV) siempre creí que era importante derrocar el poder de los medios impuestos por los intereses económicos que han modelado nuestra forma de vivir.

Lamentablemente, las estadísticas son pobres a la hora de mostrarlas y, más aún, como las has presentado, como si en Venezuela lo único que existe es una polución de medios del Estado, porque para ti, los medios comunitarios, por tener una posición a favor de la Revolución Bolivariana, le quita el mérito de ser independiente. Aunque seguramente creerás que la línea editorial viene impuesta desde Miraflores.

Marcelino, el paisaje comunicacional aún está intacto. Los medios audiovisuales privados ejercen una gran influencia sobre el ciudadano e imponen un criterio, su criterio, el de sus intereses económicos, y hasta ahora no lo has llamado fascista. En cambio, a los medios del Estado y a las comunitarias, por promover nuestra cultura, nuestros valores, somos considerados algo similar al Duce o, quizá, peor que eso.

Cuando afirmas que el Estado sostiene que «los medios de comunicación no deben pensarse como simples medios de diversión», estoy totalmente de acuerdo contigo. Porque no puede ser una diversión que estos medios sigan chantajeando a la población con la fórmula macarthista y decirnos, en su momento, que un golpe de Estado o el sabotaje petrolero es lo mejor que le puede suceder al país. Supongo que para ellos eso debe ser muy divertido, Marcelino. Pero para la gran mayoría no lo es.

Y por cierto, esa diversión política le ha generado grandes dividendos económicos, tanto a las plantas televisivas como a los moderadores o manipuladores de la opinión. Eso, definitivamente, es muy divertido, Marcelino.

Los que trabajamos en los medios del Estado o en los comunitarios tenemos un objetivo: romper el cerco informativo y manipulador de los medios de comunicación privados. Creo que eso fue lo que nos enseñaste en las aulas de la UCV. Eso es lo que recuerdo, o ¿recuerdo mal?

Si bien, el trabajo que presentas, bajo el supuesto manto inocuo de las estadísticas, lo que muestra es una información sesgada, manipulando los números a conveniencia, por qué no analizas el radio de acción y de penetración de los medios que estudias y, por supuesto, no lo comparas con las corporaciones privadas que están desplegadas en el país y que se encadenan con una gran facilidad a la hora de desinformar y de incitar al golpe de Estado ¿En dónde existe tamaña libertad de expresión?

Nuestro norte no es ir contra quienes piensen diferente a nosotros, sino a develar las manipulaciones mediáticas que quieren imponer un orden diferente al de la libertad y la justicia social.

Caro Marcelino, me despido, con la creencia de que hay mucha tela que pensar sobre los medios, pero sobre todo, hay mucho por hacer.

Fraternalmente,
.
.
. Raúl Cazal
. Mal hábito
. Caracas, 27 Nov. ABN

24.11.06

El País es rojo

Ahora que El País acaba de cambiar de dominio (de .es a .com) recuerdo una escena que presencié en Madrid, a principios de febrero de 2005.

Me encontraba en el restaurant del hotel a la hora del desayuno. Antes de sentarme en la mesa busqué los periódicos y no conseguí ninguno que me llamara la atención.

Me senté a tomar un café con leche un poco incómodo por no conseguir algo para leer mientras esperaba que llegaran unos amigos para desayunar. En la mesa vecina estaba una pareja que se miraban con desagrado. Parecía que habían padecido una mala noche.

Ella tenía en sus manos el periódico El País.

Él le dice: “Esos son rojos”, señalando al periódico.

Ella volteó la página, tomó un poco de su café, y continuó con su lectura.

(Las cosas que uno tiene que escuchar).

15.11.06

A quién le importa la opinión de un ciego

Jorge Luis Borges, muy a pesar de cualquiera de sus postulaciones de supuesta anarquía, fue un disciplinado militante de la literatura. Su taller de creación era tan amplio que incluyó el género entrevista, del periodismo, para transformarlo en territorio de invención literaria. Más allá de los propósitos del entrevistador de turno, Borges impone su visión y su mundo para derrotar al periodismo escrito “para el olvido”.

A quién le importa la opinión de un ciego
Borges como hacedor de entrevistas

Freddy Fernández y Raúl Cazal

9.11.06

El tiempo de los cronopios

En estos días de lluvia, un amigo me confesó con vergüenza que no había leído Rayuela, de Julio Cortázar, y para animarlo le dije que no se preocupara, que si le servía de consuelo, yo también tenía esa cuenta pendiente con el Cronopio mayor y, seguidamente, le argumenté que él tenía una ventaja sobre mí y es que aún está en edad para leerlo.

Siempre me he considerado un cortazariano. Tan sólo bastó que leyera "Casa tomada" para devorar el libro Bestiario y, cada cierto tiempo, estoy releyendo y compartiendo textos de Un tal Lucas o las instrucciones de Historias de cronopios y famas, como si fuera la primera vez. Pero Rayuela aún está pendiente.

Sus posiciones políticas contra las dictaduras militares que ensombrecieron América Latina en la década de los setenta y su apoyo a la Revolución Cubana sin ningún ápice de dudas merecieron mi respeto como intelectual, porque él expresaba (verbalmente) que lo que estaba en juego no era la tiza para marcar la rayuela en la vereda, sino la dignidad humana que luchaba (y lucha) contra las formas de opresión que genera el capitalismo.

Las ironías llenas de ternura y la permanente construcción de mundos en sus textos lo hicieron compañero de celda del comandante Tomás Borge, cuando estuvo preso en la dictadura de Somoza.

«Mientras haya revolución, en la tierra habrá cronopios», había escrito Borge en Queremos tanto a Julio, un libro publicado en la Nicaragua sandinista, y era una manera de decirle: «Gracias». Por sus ficciones, su amistad y su compromiso con las revoluciones.

Julio Cortázar estuvo más de una vez en Venezuela, y en una de esas dictó una conferencia en el Aula Magna de la Universidad Central (UCV). Fue allí donde se dio cuenta, al ver el recinto pleno de jóvenes y con innumerables preguntas después de la charla, que él no había escrito para su generación, sino para las generaciones posteriores. Fue por eso que le dije al amigo que todavía estaba en edad para leer Rayuela. Aunque, pensándolo bien, creo que todos estamos a tiempo... si somos cronopios.

. Raúl Cazal
. Mal hábito
. Caracas, 8 Nov. ABN

6.11.06

La enfermedad de Barrera Tyszka

El Premio de Herralde de Novela ha lanzado un nuevo nombre a los lectores de novelas y esta vez es de un escritor venezolano: Alberto Barrera Tyszka.

Cuando tengamos la novela La enfermedad en nuestras manos, haremos el comentario pertinente. Por lo pronto, nos queda tan sólo decir que el Premio Herralde le abre una puerta extraordinaria a Barrera Tyszka, como en su momento lo hizo para escritores latinoamericanos como Sergio Pitol, Jaime Bayley, Roberto Bolaño, Alan Pauls y Juan Villoro.

No es que quiera comprometer al compa con la alusión anterior, pero está metido en tremendo aprieto...

3.11.06

Algo muy grave va a suceder en este pueblo

Hay un cuento de Gabriel García Márquez que no aparece en el libro Todos los cuentos. Se trata de “Algo muy grave va a suceder en este pueblo” y debe ser porque él lo contó en algún encuentro o congreso literario por los años setenta y al final se quedó en el tintero [ahora se conoce que fue en Ateneo de Caracas, 1970].

Lo cierto es que lo vemos en la red de diferentes formas. La primera vez que lo vi publicado estaba en un sitio de un profesor que utilizaba este cuento para sus clases de literatura hispamericana en una universidad de Inglaterra y ya no lo encuentro. Ahora me entero que en Argentina hicieron un montaje para teatro y sé que un director mexicano o latinoamericano lo llevó a la pantalla grande [Luis Alcoriza fue el director y la película se tituló Presagio, 1974]. De hecho, llegué a tener una copia en betamax que entre tantas mudanzas lo perdí. Pero cada vez que cuento el cuento, lo hago según la versión cinematográfica. Que en esencia es lo mismo, pero no es igual. Si no, pregunten a Frank Baiz Quevedo sobre las versiones fílmicas y cómo se tratan el personaje y el texto en el cine y la literatura.

Los corchetes anteriores se deben a correcciones y notas de 2014. La versión del cuento ahora es la que corresponde a la publicada en el libro Yo no vengo a dar un discurso, de Gabriel García Márquez, 2010.

* * *

Algo muy grave va a suceder en este pueblo
Gabriel García Márquez

Imagínense un pueblo muy pequeño donde hay una señora vieja que tiene dos hijos, uno de diecisiete y una hija menor de catorce. Está sirviéndoles el desayuno a sus hijos y se le advierte una expresión muy preocupada. Los hijos le preguntan qué le pasa y ella responde: “No sé, pero he amanecido con el pensamiento de que algo muy grave va a suceder en este pueblo”.

Ellos se ríen de ella, dicen que esos son presentimientos de vieja, cosas que pasan. El hijo se va a jugar billar, y en el momento en que va a tirar una carambola sencillísima, el adversario le dice: “Te apuesto un peso a que no la haces”. Todos se ríen, él se ríe, tira la carambola y no la hace. Paga un peso y le pregunta: “¿Pero qué pasó, si era una carambola tan sencilla?”. Dice: “Es cierto, pero me ha quedado la preocupación de una cosa que me dijo mi mamá esta mañana sobre algo grave que va a suceder en este pueblo”. Todos se ríen de él y el que se ha ganado el peso regresa a su casa, donde está su mamá y una prima o una nieta o en fin, cualquier parienta. Feliz con su peso dice: “Le gané este peso a Dámaso en la forma más sencilla, porque es un tonto”. “¿Y por qué es un tonto?”. Dice: “Hombre, porque no pudo hacer una carambola sencillísima estorbado por la preocupación de que su mamá amaneció hoy con la idea de que algo muy grave va a suceder en este pueblo”.

Entonces le dice la mamá: “No te burles de los presentimientos de los viejos, porque a veces salen”. La parienta lo oye y va a comprar carne. Ella dice al carnicero: “Véndame una libra de carne” y, en el momento en que está cortando, agrega: “Mejor véndame dos porque andan diciendo que algo grave va a pasar y lo mejor es estar preparado”. El carnicero despacha su carne y cuando llega otra señora a comprar una libra de carne, le dice: “Lleve dos porque hasta aquí llega la gente diciendo que algo muy grave va a pasar, y se está preparando, y andan comprando cosas”.

Entonces la vieja responde: “Tengo varios hijos, mire, mejor deme cuatro libras”. Se lleva cuatro libras y para no hacer largo el cuento, diré que el carnicero en media hora agota la carne, mata otra vaca, se vende toda y se va esparciendo el rumor. Llega el momento en que todo el mundo en el pueblo está esperando que pase algo. Se paralizan las actividades y de pronto, a las dos de la tarde, hace calor como siempre. Alguien dice: “Se han dado cuenta del calor que está haciendo?”. “Pero si en este pueblo siempre ha hecho calor”. Tanto calor que es un pueblo donde todos los músicos tenían instrumentos remendados con brea y tocaban siempre a la sombra porque si tocaban al sol se les caían a pedazos. “Sin embargo –dice uno– nunca a esta hora ha hecho tanto calor.” “Sí, pero no tanto calor como ahora”. Al pueblo desierto, a la plaza desierta, baja de pronto un parajito y se corre la voz: “Hay un pajarito en la plaza”. Y viene todo el mundo espantado a ver el pajarito.

“Pero, señores, siempre ha habido pajaritos que bajan”. “Sí, pero nunca a esta hora”. Llega un momento de tal tensión para los habitantes del pueblo que todos están desesperados por irse y no tienen el valor de hacerlo. “Yo sí soy muy macho —grita uno— yo me voy”. Agarra sus muebles, sus hijos, sus animales, los mete en una carreta y atraviesa la calle central donde está el pobre pueblo viéndolo. Hasta el memento en que dicen: “Si este se atreve a irse, pues nosotros también nos vamos”, y empiezan a desmantelar literalmente al pueblo. Se llevan las cosas, los animales, todo. Y uno de los últimos que abandona el pueblo dice: “Que no venga la desgracia a caer sobre todo lo que queda de nuestra casa” y entonces incendia la casa y otros incendian otras casas. Huyen en un tremendo y verdadero pánico, como en éxodo de guerra, y en medio de ellos va la señora que tuvo el presagio clamando: “Yo lo dije, que algo muy grave iba a pasar y me dijeron que estaba loca”.

30.10.06

Blogalaxia oculta y miente

He constatado, después de haberme suscrito hace apenas un par de semanas en el directorio de Blogalaxia, que hay un sesgo muy claro en este directorio de blogs o bitácoras en colocar de manera preferencial todos los temas que tienen que ver con Chávez, siempre y cuando se habla en contra de éste.

Es decir, las bitácoras que están contra la Revolución Bolivariana siempre son resaltados en el inicio de Blogalaxia y en las secciones, mientras que los que hablan a favor, no aparecen ni por equivocación.

Es por ello que digo: oculta. Pero sobre todo, minimiza páginas como La casa del Perro y de otra cantidad que están abiertamente a favor del proceso revolucionario que se vive en Venezuela.

Y por último, Blogalaxia miente, porque esto le ocurrió a este blog que, para aparecer en la sección Post Rankin, siguió al pie de la letra con lo que este directorio solicita. Al final de esta sección nos pregunta:

¿Cómo puedo aparecer aquí?
Sólo tienes que poner el código que explicamos aquí

Leí la explicación, hice lo pertinente y es por ello aparezco en el Post Rankin de la sección de literatura, creo. Ver imagen (en la parte izquierda):

Pero resulta que el blog que me acompaña en este Post Rankin no siguió con los pasos, al parecer, porque fui a leer a mi único competidor y mi sorpresa fue que, no solamante hablaba en contra de Chávez y del gobierno, sino que no tenía pegado el código que es requisito necesario para aparecer es esa sección.

Es decir, ¿cómo hace la gente para votar por un post que no tiene el código (o estrellitas) pegado en su blog? ¿Cómo hace para aparecer con cinco (5) votos? ¿De quiénes son esos votos si no se puede votar? ¿De los webmaster de Blogalaxia? ¿O es pura arbitrariedad?

Lo que me hace pensar que para estar en buena posición en Blogalaxia, irremediablemente tengo que escribir en contra de la Revolución Bolivariana, sobre cómo lloré de alegría por el triunfo de la nueva ídolo latinoamericana o por qué estoy molesto por el reportaje que apareció sobre los blogueros venezolanos en Todo en Domingo.

Al paracer, en este directorio todos son iguales, pero definitivamente, unos son más iguales que otros.

27.10.06

El totalitarismo de la democracia

Cada vez que se menciona la palabra “totalitarismo” algunas personas se asustan porque la primera imagen que le viene a la mente es Hitler (nazismo) o Mussolini (fascismo). Que sea, uno o el otro, eso dependerá de la gran cantidad de películas producidas por Hollywood que hayan consumido sobre la Segunda Guerra Mundial. Pero esto no queda allí, inmediatamente la relacionan con Stalin (comunismo) o Mao, Castro e inclusive Chávez. Por tanto, la conclusión, al parecer, se cae por su propio peso: Totalitarismo = Nazismo = Fascismo = Comunismo.

Es difícil hacer comprender a estas personas que la ecuación no es tan sencilla. Que lo que se nos ha instalado en nuestro pensamiento es la negación a pensar, a entender, lo que en realidad es a todas luces “totalitarismo” y que está incubado en lo que se ha denominado “democracia liberal”.
En los paquetes de té verde “Especias celestiales” figura una breve explicación de sus beneficios: “El té verde es una fuente natural de antioxidantes, que neutralizan las dañinas moléculas del cuerpo humano conocidas como radicales libres. Mediante la inhibición de los radicales libres, los antioxidantes ayudan a que el cuerpo mantenga su buena salud natural”. Mutatis mutandi, ¿no es la noción de totalitarismo uno de los principales antioxidantes ideológicos, cuya función ha sido durante toda su trayectoria la de inhibir los radicales libres y ayudar así al cuerpo social a mantener su buena salud política-ideológica?
La cita es tomada del inicio del libro ¿Quién dijo totalitarismo? Cinco intervenciones sobre el (mal) uso de una noción, de Slavoj Zizek, y provoca copiar más de un par de páginas para entender que lo que llaman “totalitarismo” a los sistemas que no son liberales, son unos totalitarios o totalitarias.
A lo largo de toda trayectoria, el “totalitarismo” ha sido una noción ideológica que ha apuntalado la compleja operación de “inhibir los radicales libres”, de garantizar la hegemonía demoliberal; ha permitido descalificar la crítica de izquierda a la democracia liberal como el revés, el “gemelo” de las dictaduras fascistas de derechas. Y es inútil tratar de redimir el “totalitarismo” mediante su división en subcategorías (poniendo el acento en las diferencias entre la modalidad fascista y la comunista). Desde el momento en que uno acepta la noción de “totalitarismo” queda inserto firmemente en el horizonte democrático liberal.
Durante la década de los años veinte del siglo pasado, Mussolini fue el primero que utilizó el término de “Estado total” “como una designación para la Italia fascista. No obstante, la noción de ‘totalitarismo’ fue eleborada por la crítica liberal”, acota el filósofo eslovenio Zizek.
Este libro pretende, pues, mostrar que la noción de totalitarismo, lejos de ser un concepto teórico efectivo, es una especie de subterfugio que, en lugar de permitirnos pensar, y obligarnos a adquirir una nueva visión de la realidad histórica que describe, nos descarga el deber de pensar e, incluso, nos impide activamente que pensemos.
Zizek nos invita a que no nos dejemos chantajear por el advenimiento de un nuevo holocausto a fin de que renunciemos a cualquier compromiso radical porque la defensa de los liberales es mantener el orden existente y cualquier intento de cambiar las cosas, para estos, es peligroso e inaceptable.
La afirmación neoliberal de que cualquier proyecto político emancipatorio desemboca finalmente en alguna de las versiones de la dominación y el control totalitarios. De esta forma, el liberalismo consigue asociar los nuevos fundamentalismos étnicos y (lo que queda de) los proyectos emancipatorios de la izquierda, como si estas dos realidades estuvieran “intimamente relacionadas” y fueran dos caras de la misma moneda, ya que ambas aspiran el “control total”… (esa combinación es la nueva forma de la vieja noción liberal de que el fascismo y el comunismo son dos formas de la misma degeneración “totalitaria” de la democracia).

25.10.06

Si Rulfo hubiera sido venezolano

La segunda edición de El Librero –una revista gratuita que dirige acertadamente Sergio Dahbar– publicó una entrevista al escritor venezolano Eduardo Liendo. Y, lamentablemente, la entrevistadora en vez de aprovechar para conversar sobre literatura o la vida, le pregunta las cosas más hirientes y lacerantes que le pueden hacer a un escritor: distribución, exhibición y venta de sus libros.

De esas respuestas sale una frase para el título de la entrevista: “Si Rulfo hubiera sido venezolano, sus obras serían semi-clandestinas”. Pero inmediatamente después, Liendo afirma que “quizás a Gabriel García Márquez le hubieran dado el Premio Nacional de Literatura en decisión dividida. Porque nosotros, los venezolanos requerimos siempre del juicio de los otros para valorar nuestros propios autores”.

De lo que no se percata Liendo es que Juan Rulfo quizá sea semiclandestino en México, incluso en DF. Recuerdo que Octavio Paz se quejaba de que la primera edición de sus libros era de ocho mil ejemplares. Y, para más señas, los primeros mil ejemplares de la novela Pedro Páramo fue a parar a los depósitos de la editorial Fondo de Cultura Económica porque no se vendieron.

La sorpresa vino después, cuando un catedrático estadounidense escribió un ensayo sobre la novela y fue reseñada en los medios. Es decir, Rulfo salió de la clandestinidad gracias a que alguien, algún foráneo, dijo que su obra era el espejo de una realidad cultural.

Sobre Gabriel García Márquez quizá pueda estar de acuerdo, aunque las distinciones nunca dicen mucho. El Gabo recibió el Premio Nacional de Literatura de Colombia en 1963, es decir, antes de haber sido publicada la novela que lo consagró, Cien años de soledad (1967). Obra que, por cierto, fue rechazada por varios editores, entre ellos, por su amigo Carlos Barral —editor de Seix Barral— que le recomendó que se dedicara a otra cosa. Por suerte el Gabo no se desanimó. La historia posterior es harto conocida y la anterior, también.

A Isabel Allende la editorial Monte Avila le rechazó La casa de los espíritus; a Julio Cortázar un amigo le aconsejó destruir “El perseguidor” y existen más casos, pero menciono estos, nada más, para no aburrirlos con una lista de desaciertos editoriales. En tal caso, si hay una decisión dividida será porque se tiene más de un Gabo para un solo premio y eso, malo no es.

Quizá en Venezuela hay mucho por hacer, por escribir, por discutir. En el campo literario, por conocer, por supuesto. Hasta ahora sólo tengo el conocimiento de un caso virtual que intenta recoger de manera sitemática a los autores venezolanos y que se quedó corto con el nombre: Ficción breve. También existe el portal Sololiteratura, pero está incompleto, ni siquiera aparece indexado José Roberto Duque. Qué pena con ese señor.

Y para terminar, en los anaqueles de las librerías se puede encontrar Quiénes escriben en Venezuela. Diccionario de escritores venezolanos (siglos XVIII a XXI), de Rafael Ángel Rivas y Gladys García, pero también se puede conseguir en digital en la Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes.

Por cierto, al principio de este intento de artículo presenté a Eduardo Liendo como “escritor venezolano”. Llegará el día en que nos acostumbremos a decir solamente “escritor”, a secas.

21.10.06

Ojo con las fotos

La fotografía nos interroga, “nos lee”, dice Juan José Millás en su libro Todo son preguntas.

En los periódicos, revistas y libros, ese álbum social y colectivo, encontraremos aquellas fotos que seguro no están en el familiar. En este último, generalmente, encontraremos los momentos felices. Mientras que en el social podemos encontrar los momentos trágicos, aquellos que nadie guarda en privado.

En un álbum familiar, por ejemplo, no se encuentra la foto de un velorio, mucho menos la de un entierro. Nadie quiere tener un recuerdo de la muerte. Pero sí del nacimiento de su hijo o del cumpleaños.

Recuerdo las palabras de una amiga que le decía a su esposo fotógrafo que para el momento del parto no se llevara su cámara profesional con película en blanco y negro, asa 400. Le exigió que se llevara una sencilla o desechable, con rollo a color y de asa 100. Ella no tenía nada en contra de sus fotos en blanco y negro, es más, le gustaba en demasía, era una de sus mejores promotoras de su trabajo, pero prefería tener un recuerdo a color de su primer parto. Aunque fuera por cesárea.

Pero de las fotos que habla Millás, es de aquéllas que aparecen en el álbum colectivo. Es así, que presenta 31 fotos en este libro y se interroga con igual número de textos que nos obliga a repensar lo que vemos. Que la foto no es sólo la foto, que ella nos habla sin decir una sola palabra. Es un ejercicio que muchos crearán que es visual, pero que tiene que ver más con el ejercico de la vida y del pesamiento.

20.10.06

Ch de Chávez, de Chomsky o del Che

Desde hace más de dos décadas me hicieron creer que la letra ch había desaparecido del abecedario, pero buscando en www.rae.es me conseguí con esta perla:

ch.



1. f. Dígrafo que, por representar un solo sonido consonántico de articulación africada, palatal y sorda, como en mucho o noche, es considerado desde 1803 cuarta letra del abecedario español. Su nombre es che.

ORTOGR. En la escritura es inseparable.

La Ch existe, entonces. Así no la nombremos en el abecedario. Y eso quiere decir que, lo que es bueno para la Ch, es buena para la Ll (elle).

Por lo tanto, si queremos deletrear Chávez, debemos decir: Che-a-ve-e-zeta. Igual con Chomsky: Che-o-eme-ese-ka-ye. Y con el Che: Che-e.

Esto me recuerda un pasaje de la novela Palinuro de México*, de Fernando del Paso, en donde el personaje se exasperaba porque nadie podía pronunciar su nombre (Palinuro) cada vez que se presentaba. Pali… ¿qué?, le decían. Por lo que optó por deletrear su nombre.

Si mal no recuerdo, decía el personaje: Escriba, señorita: P de Palinuro, A de Alinuro, L de Linuro, I de Inuro, N de Nuro, U de Uro, R de Ro y O de O.

______
* Premio Internacional de Novela Rómulo Gallegos 1982.

19.10.06

La novela negra como obsesión

La novela negra ha generado un inusitado interés en escritores venezolanos. Algunos lo venían cultivando desde hace años, mientras que otros, seguramente, lo hacían en secreto.

Traigo a colación este tema porque hoy se presenta el más reciente libro de Ana Teresa Torres, Nocturama, que según reza en la contratapa, “puede leerse como una hermosa y terrible alegoría de estos tiempos, en cualquiera de nuestras grandes capitales, condenadas a su propia destrucción; como una novela negra, en el que el personaje despierta sin saber quién es y qué hace es medio de esa ciudad sin nombre…”.

Debo admitir, antes de continuar, que no he leído profusamente este género literiario que apasiona a tantos lectores y que reúne anualmente a escritores en la Semana Negra de Gijón, España.

Por ello, éste es sólo un recordatorio personal de algunas obras que me quedan por leer y que guardo cierto interés, a saber: Los detectives salvajes, de Roberto Bolaño y las obras de Raymond Carver.

Hace más de una década leí La pesquisa, de Juan José Saer –obra que me hizo lector de este autor–, y ahora estoy con la primera novela que escribió Paul Auster y que firmó bajo el seudónimo de Paul Benjamin, Jugada de presión.

Esta novela de Auster me recuerda a la película China Town. Al parecer, es un homenaje a los clásicos de la novela negra norteamericana. Es decir, que con leer este libro, uno se ha leído una buena parte de ese género. Eso espero.

Hace unos días el periodista Héctor Bujanda recibió el premio “Adriano González León” por su obra “La última vez” y respondió a periodistas que su novela está inscrita en ese género.

Eloi Yagüe también obtuvo el premio “Salvador Garmendia” por su novela “Cuando amas debes partir”. Este ha obtenido en 1998 el premio “Juan Rulfo” en la mención Semana Negra, otorgado por Radio Francia, por el cuento “La inconvenencia de servir a dos patronos” y que se encuentra en el libro Esvática de sangre.

Alfadil Ediciones, ahora Editorial Alfa, promueve la colección Alfa 7, donde se encuentran obras de los escritores Marcos Tarre Briceño, Aléxis Rosas, José Pulido, Luis Medina, Roberto Echeto, Alberto Arvelo Ramos y Ana Teresa Torres.

No se si esto es un indicio favorable para este género en Venezuela, como tampoco sabría decirles si en nuestro patio se está cultivando la novela negra entre lectores y escritores. Amanecerá… y veremos.

14.10.06

Libro de Blum revela conexiones de la NED con el terrorista Posada Carriles

Conexiones de la Fundación Nacional para la Democracia (NED, por sus siglas en inglés) con el terrorista Luis Posada Carriles revela el ex funcionario de Asuntos Exteriores en el Departamento de Estado de Estados Unidos William Blum en su libro El Estado agresor, de reciente aparición en las librerías de Caracas.

Blum afirma que la NED «entre 1990 y 1992 aportó 250 millones de dólares de los contribuyentes a la Fundación Nacional Cubano-Americana (FNCA), un grupo ultrafanático de oposición a Fidel Castro».


«La FNCA financió entonces a Luis Posada Carriles, uno de los terroristas más prolíficos y despiadados de los tiempos actuales», denuncia Blum.

Venezuela reclama la extradición de Posada Carriles para seguirle juicio por la voladura de un avión cubano en 1976, suceso que dejó 73 muertos. Actualmente, el terrorista se encuentra detenido en Estados Unidos por ingreso ilegal en su territorio. Las autoridades judiciales de ese país han negado su deportación a Venezuela y alegan el cumplimiento de las normas internacionales contra la tortura.

En un apretado capítulo denominado «El Caballo de Troya: La Fundación Nacional para la Democracia», Blum demuestra que el objetivo de la NED es luchar contra los gobiernos progresitas y de izquierda en el mundo.

Los programas de la fundación imparten «la filosofía fundamental de que los ciudadanos están mejor atendidos bajo un sistema de libre empresa, mínima intervención gubernamental en la economía y oposición a cualquier forma de socialismo», sentencia el autor.

Entre las organizaciones que en Venezuela reciben financiamiento de la NED se encuentran: Súmate, organización política encargada de realizar las primarias para escoger al candidato de la oposición de cara a los comicios presidenciales de diciembre próximo; el Instituto de Prensa y Sociedad (IPS), y la Asociación Civil Liderazgo y Visión, entre otras.

La NED fue creada a principios de los años 80 durante la presidencia de Ronald Reagan, debido a las revelaciones negativas que sobre la Agencia Central de Inteligencia (CIA, por sus siglas en inglés) habían aparecido en la segunda mitad del 70.

Blum afirma que «la CIA ha estado blanqueando dinero a través de la NED» y se fundamenta en las declaraciones del colaborador en el esbozo de la legislación de la fundación, Allen Weinstein, que publicara Washington Post en 1991.

«Gran parte de lo que estamos haciendo actualmente, la CIA ya lo hacía en secreto 25 años atrás», había reconocido Weinstein.

En el libro se revela también el importante papel que jugó la NED en el conflicto Irán y Contras (grupo subversivo armado de los años 80 contra el Gobierno sandinista en Nicaragua) con el financiamiento «de componentes claves de la red del oscuro Proyecto Democracia de Oliver North, que privatizaba la política exterior de Estados Unidos, practicaba la guerra, traficaba con armas y con drogas y estaba envuelta en otras actividades igual de encantadoras».

Raúl Cazal. Agencia Bolivariana de Noticias, ABN. Publicada el 31.05.2006

13.10.06

Bolívar hoy

Se muy bien que el título “Bolívar hoy” no es muy creativo. Es cierto, me copio de un libro de ensayos de Arturo Úslar Pietri que publicó en 1983 con el sello Monte Avila Editores y cito un párrafo sin más preámbulo:
...el fracaso material de su empresa de integración americana resulta hoy, desde la perspectiva secular, su mayor triunfo y su más incomparable título. Lo que pensó y lo que dijo sobre lo que él llamaba “la patria de los americanos” sigue teniendo el vallor planetario de una necesidad histórica. Podría decirse hoy, con más razón que nunca, que la disyuntiva para esta América no es otra cosa que realizar el proyecto bolivariano o resignarse al papel de comparsa en el drama del mundo.
Si no fuera porque la revolución bolivariana ha retomado el discurso de la integración latinoamericana, las palabras de Úslar Pietri sonarían muy históricas, muy catedráticas, pero sobre todo, muy utópicas.

Hoy la integración tiene cara de solidaridad, un concepto que es difícil de entender porque lo normal, lo clásico, es dar y recibir en contante y sonante.

Este libro cayó en mis manos después de haber visto la puesta en escena de la obra teatral Monserrat. Al salir del teatro lo conseguí en un puesto de venta de libros de viejo. Lo adquirí sin muchas expectativas. Especialmente, porque intuía que me iba a encontrar con un pensamiento reaccionario, pero para mi sorpresa, guarda mucha sintonía con el proceso que hoy estamos viviendo en Venezuela.

Me vino a la mente este libro, porque cuando estaba camino al Metro de Colegio de Ingenieros, un barrendero le decía a otro mientras limpiaban la calle: “Nosotros podemos ser un país poderoso, gracias al petróleo, y podríamos dominar a otros.”

Sin lugar a dudas que todavía falta mucho por hacer. Especialmente si se sigue pensando desde el punto de vista de la dominación y no desde la liberación.

Por esto, traigo a colación el último texto de Úslar Pietri en el libro Bolívar hoy (1983). Es un discurso ante el extinto Congreso Nacional y seguro causará muchas ronchas a quienes predican el antibolivarianismo por el simple hecho de estar en contra del presidente Chávez:
Partamos al encuentro de Bolívar para que, puesto a nuestra cabeza, nos guíe y conduzca por entre el laberinto de asechanzas y riesgos que amenazan nuestro porvenir de nación.

Venezuela no puede ser un capítulo transitorio de la leyenda de la riqueza petrolera en el mundo, sino la realización plenaria de la obligación que contrajo irrevocablemnte con el destino el día en que floreció de su gente Simón Bolívar.

Así de grande y de ineludible es el compromiso de honor que adquirimos todos los días de nacer venezolanos.

Altos Magistrados Constitucionales de la República.

Ciudadanos Senadores.

Ciudadanos Diputados.

A las puertas de la Soberanía Nacional está el Libertador. ¡No lo hagamos esperar!

3.10.06

Ni política, ni literatura. ¡¡¡Música!!!

Gracias a La merienda del Negro descubrí a un grupo musical que combina, mezcla y hace de las suyas para que dos corrientes que consideramos opuestos a simple oído suenen como si fueran hechos el uno para el otro. Les hablo de la música clásica* y la salsa y el grupo que hace posible que estos dos ritmos o como quiera que se llamen, es Klazz Brothers & Cuba Percussion. Es decir, la combinación o mezcla de un trío de alemanes y un par de cubanos.


Hace más de tres décadas me había maravillado con Sonido Bestial, de Richie Ray. Una pieza que en plena descarga, cuando está sonando como bestias, el solo de piano se lanza una melodía que siempre creí era de Chopin.

En aquella oportunidad pensé que podía ser un extracto de La Polonesa. Después me enteré que la pieza original siempre fue un extracto –o varios– y que nunca pudo culminarlo su creador. O por lo menos, de esto último estoy enterado.

En la Salsa han confluido más de un ritmo que le suponen opuesto, pero la riqueza de esta expresión musical es justamente esa posibilidad de confluir, mezclar, combinar hasta aquello que pareciera imposible.

Por ello, cuando escucho a estos alemanes y cubanos acompañados de la Müncher Rundfunkorchester y dirigida por Roger Epple, me sorprenden por la manera en que utilizan la estructura de piezas de Bach, Mozart, Beethoven o Litz para desprenderse con las congas y los timbales.

Después de haber escuchado Cinco Salsa, la Quinta Sinfonía de Beethoven ya no va a ser la misma. Al toque de las primeras notas de esta sinfonía, reflectivamente me llevarán a imitar a un congero. Y no me importará si desafino.

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* Seguro que El Perro Duque va a aullar: ¿Que quién me dice a mi que la salsa no es clásica? De todas maneras, Duque, te espero en la bajadita.

24.9.06

Ese bolero…

He abierto un nuevo blog radial donde rescato unos programas que dirigí en la FM de Radio Educativa (hoy AM) para el Día Nacional del Bolero.

Lo titulé Mínima historia del bolero en radio. Y está dividido en mañana, tarde y noche.

En mañana encontrarán una cronología incompleta sobre el bolero, mientras que en la tarde Efraín Valenzuela intituló el programa como “Ese bolero es tuyo”. Para la noche, se cerró el programa con los soneros y el bolero, conducida por el Dr. William Colmenares.

El Día Nacional del Bolero se institucionalizó el 2 de julio de 2003 una vez que Farruco Sesto fue viceministro de Cultura (hoy Ministro de Cultura de la República Bolivariana de Venezuela) del Ministerio de Educación, Cultura y Deportes y lo hizo como homenaje a la desaparación física del bolerista venezolano Felipe Pirela.

Los espero por Mínima historia del bolero en radio y por La vuelta al libro.

20.9.06

No me vengan con presiones

Varios amigos andan presionando para que escriba y actualice este blog. No vayan a creer que son muchos. Nada que ver. Son dos, cuando mucho tres. Su solicitud es que escriba sobre literatura y que deje de lado la política.

Si algo me preocupaba, es que algunos pensaran que hablar tan solo de literatua en estos momentos fuera una forma de escapismo. De alguna manera lo es. Por eso, de vez en cuando echo cable a tierra.

La próxima actualización va a ser sobre las más recientes lecturas: Ampliación del campo de batalla, Lanzarote y Las partículas elemetales de Michel Houellebecq y Brooklyn Follies de Paul Auser, además de retomar algunas que prometí tiempo atrás, pero que quedaron en el tintero.

Todavía sigue rondando en mi mente el libro de Ricardo Pliglia, El último lector, y la novela de Santiago Gamboa, El síndrome de Ulises.

Sobre Gamboa, hace unos meses, un periodista venido a reseñista literario le hizo una crítica gratuita a este autor colombiano que da pena mencionarlo porque, definitivamente, su visión —la del periodista— tiene que ver con su experiencia literaria. Y al parecer es muy corta. No importa cuántos libros hayas leído, sino cuántos hayas vivido o bebido, decía alguien que no recuerdo en estos momentos.

Aunque uno no debe aceptar presiones de terceros, los tomaré en cuenta y la próxima entrega será en breve. Apenas ordene algunas ideas, si es que llego a tenerlas.

15.9.06

La vuelta al libro

Hace unos años tuve un programa en Radio Educativa, cuando era una FM (hoy es AM), donde hablaba sobre libros, literatura, autores y demás hierbas. Se llamaba La vuelta al libro en 60 minutos.

He rescatado algunos programas y los estoy colocando en un sitio que se sincroniza como podscats en el iTunes y pueden pasarlo al iPod.

Aprovecho y les recomiendo, además de La vuelta al libro, que escuchen Viaje a la memoria de José Roberto Duque y La merienda del Negro de José Luis Artigas Rodríguez.

11.8.06

Pensamiento del día anterior

La estadística es una ciencia que demuestra que si mi vecino tiene dos coches y yo ninguno, los dos tenemos uno.

6.8.06

Carta a Frank

por Boaventura de Sousa Santos*


Te escribo esta carta con el corazón estrujado. Me alejo del análisis frío y de la razón cínica que domina el comentario político occidental. Eres uno de los intelectuales judeo-israelitas -como te acostumbras clasificar para no olvidar que una quinta parte de los ciudadanos de Israel son árabes- más progresistas que conozco. Acepté gustoso la invitación que me hiciste para participar en el congreso que estás organizando en la Universidad de Tel Aviv. Me conmovió sobre todo el entusiasmo con que acogiste mi sugestión de que realizáramos algunas sesiones del mismo en Ramallah. Hoy escribo para decirte que, en conciencia, no podré participar en el congreso. Defiendo, como sabes, que Israel tiene derecho a existir como país libre y democrático, al igual que defiendo el mismo derecho para el pueblo palestino. "Olvido" con algo de mala conciencia que la Resolución 181 de las Naciones Unidas, de 1947, decidió la partición de Palestina entre un Estado judío (55 por ciento del territorio), un Estado palestino (44 por ciento) y una zona internacional (los lugares santos: Jerusalén y Belén) para que los europeos expiasen el crimen hediondo que habían cometido contra el pueblo judío. "Olvido" también que, después de 1948, la parte del Estado árabe disminuyó cuando 700 mil palestinos fueron expulsados de sus tierras y casas (llevándose consigo las llaves que muchos todavía conservan) y continuó disminuyendo en las décadas siguientes, no representando hoy más que 20 por ciento del territorio.

Al paso de los años he venido acumulando dudas acerca de que Israel acepte, en los hechos, la solución de los dos estados ante la proliferación de colonizadores, la construcción de infraestructura (carreteras, redes de agua y de electricidad), recortes al territorio palestino para servir a la colonización, los check points y, finalmente, la construcción del muro de Ariel Sharon a partir de 2002 (diseñado para robar más territorio a los palestinos, privarlos del acceso al agua y, de hecho, meterlos en un vasto campo de concentración). Las dudas están ahora disipadas después de los más recientes ataques en la faja de Gaza y de la invasión de Líbano. Es ahora cuando todo cobra sentido: la invasión y destrucción de Líbano en 1982 ocurrió en el momento en que Yasser Arafat daba señales de querer iniciar negociaciones, tal como la de ahora ocurre poco después de que Hamas y Fatah hubieran acordado la misma propuesta. Tal como están, fueron fabricados los pretextos para la guerra. Pero además de haber millares de palestinos secuestrados por Israel (incluyendo ministros de un gobierno democráticamente electo), ¿cuántas veces en el pasado se negoció el intercambio de prisioneros?

Mi querido Frank, tu país no quiere la paz, quiere la guerra porque no acepta los dos estados. Quiere la destrucción del pueblo palestino o, lo que es lo mismo, quiere reducirlo a grupos dispersos de siervos políticamente desarticulados, vagando como apátridas desarraigados en cuadrículas de terreno, bien vigilados. Para eso se da el lujo de destruir, por segunda vez, un país entero y cometer impunemente crímenes de guerra contra poblaciones civiles. Después de Líbano, seguirán Siria e Irán. Y después, fatalmente, se volverá el hechizo contra el hechicero y será el turno de tu Israel. Por ahora, tu país es el nuevo Estado paria, eximio en terrorismo de Estado, apoyado por un inmenso lobby comunicacional -que sofocantemente domina los diarios de mi país-, con la bendición de los neoconservadores de Washington y la vergonzosa pasividad de la Unión Europea. Sé que compartes mucho de lo que pienso y espero que comprendas que mi solidaridad para con tu lucha pasa por el boicot a tu país. No es una decisión fácil. Pero créeme que, al pisar la tierra de Israel, sentiría la sangre de los niños de
Gaza y de Líbano (un tercio de las víctimas) embarrando mis pasos y embargándome la voz.


* Doctor en sociología del derecho por la Universidad de Yale y profesor titular de la Universidad de Coimbra.

Traducción: Ruben Montedónico

5.8.06

Pensamiento del día

"El problema de estos días es que la gente estúpida está segura de lo que cree y la gente inteligente está llena de dudas."

24.7.06

Con amor de Israel

Una foto muy cándida, muy inocente, con mucho amor.


Unas niñas israelíes firman un grupo de misiles que luego caerían sobre hospitales y hogares de niños libaneses.

Es quizás una de las fotos más atroces que he visto de esta masacre que está perpetrando el Estado israelí contra los pueblos de Palestina y del Líbano.

17.6.06

¿Populismo de izquierda?

Hay una nueva etiqueta para desprestigiar a los gobiernos de izquierda y es tildarlos de populistas.

En el El Universal apareció un artículo, deben haber más, que iniciaba su tesis con esta etiqueta y escribí una carta al autor. Aquí va la misiva:

Hola,

Me sorprendió tu artículo de este fin de semana porque utilizas la categoría “populismo de izquierda”, espero que en la próxima entrega no te anotes con aquello de “imperialismo venezolano”.

Desde que la Casa Blanca impuso el concepto de “populismo de izquierda”, porque vamos a estar claros, alguien lo impone, toda la oposición habla en esos términos para referirse a un Estado social o socialista que difiere del Estado liberal o capitalista.

Te recomiendo un libro, pequeño y sustancioso, de un francés que no habla de la CIA ni de la NED ("fantasmas de los populistas de izquierda"), pero si de los medios de comunicación: Pensamiento y acción, de Pierre Bourdieu (en Caracas lo puedes conseguir, lo publicó Monte Avila Editores). Allí vas a encontrar las pistas de cómo se impone una categoría a través de los medios de comunicación para desprestigiar a quienes creen que es posible un mundo mejor.

Pero así como te recomiendo un libro de un francés, también te recomiendo un informe del Pentágono. No se si tienes este documento Venezuela’s Hugo Chavez, Bolivarian Socialism, and Asymmetric Warfare, del Dr. Max G. Manwaring. Allí verás lo que piensan en Washington sobre la Revolución Bolivariana y, que coincidencia, también lo piensa la “sociedad civil” u oposición venezolana.

En este sitio www.strategicstudiesinstitute.army.mil/pubs vas a encontrar varios documento del Pentágono sobre Venezuela, como este: The Strategic Implications of the Rise of Populism in Europe and South America.

Buen provecho

R.
El autor me respondió muy amable (no esperaba menos de él) y me invitó a discutir el tema al calor de unos vinos. No reproduzco su carta porque no estoy autorizado, pero esto fue lo que le contesté y agarré unos extractos de él (van en azul).

Como sé que va a ser difícil que nos tomemos un vino, me sorprenden varias cosas de tu respuesta. Trataré de responderte y estas son:

>Te soy sincero, me preocupa del asunto el uso de los fondos estatales
>de manera irracional, con fines políticos-ideológicos.

-¿Irracional? Eso es ponerse en el otro lado de la acera de una. Habría que preguntarse qué es ser racional. Y acaso ¿todos los fines no son políticos ideológicos? A mi me preocupa que la gente piense que los que somos de izquierda somos los únicos que tenemos ideología (y algunos creen que es ideología barata o betusta), y no se ponen a pensar que cuando dicen eso están pensando desde un punto de vista político e ideológico, que se lo inculcaron y fortalecieron en la escuela, el liceo y la universidad, pero quien ejerce mayor fuerza en este inculcamiento son los medios, eso es indudable.

Por ejemplo, no hay más poltíco ideológico decir que las ideas de Marx es una ideología atrasada, vieja, pero nadie recuerda que las ideas de Adan Smith y de David Ricardo son anteriores a Marx, escritas un siglo antes que las de él. Pero qué cosa, el liberalismo no es una idea atrasada. Es tan contemporánea que, al parecer, no hay ninguna duda.

Sobre ejemplos políticos ideológicos podemos hacer una larga lista. Una de las cosas que entendí de las lecturas de Savater es que uno tiene que aprender a ver quién es para ver a los otros. Y de Marx a vernos históricamente.

>Lo que me preocupa es que ese mundo mejor que se promete lo
>buscan por el camino que a mi corto entender, es el equivocado.

-Habría que pensar que entiende uno por mundo mejor. Yo no se a qué te refieres, lo que si puedo decirte es que algunos creen que mundo mejor o vivir mejor significa vivir el modo de vida americano, la comodidad, el individualismo, es decir, que “si uno tiene la dicha de vivir bien, todos lo demás pueden si le echan bolas como yo lo hice”. Y al final, todo depende del azar, de un golpe de suerte. Michael Houellebecq en su novela Ampliación del campo de batalla coloca a unos animales a discutir y llegan a la conclusión de que lo más parecido a la naturaleza es el capitalismo. No creo necesario explicar que allí el más fuerte se come al más débil.

El “mundo mejor” es la antítesis del capitalismo y de la fase superior, que es el imperialismo. Es la paz, la fraternidad, la solidaridad, donde lo más importante no es la transacción de dinero. Es decir, el mundo mejor no es ser ricos todos. Esta es una dicusión más larga y la dejo hasta aquí.

>¡Coño, perdimos el autobús otra vez!
>Y otra vez la culpa será de los gringos, los extranjeros o quien sea el
>chivo expiatorio.

Yo no se si es un sacrilegio pedirte que leas la Segunda Declaración de La Habana. En este discurso el pana Fidel, en 1962, no solo muestra cómo nosotros no tenemos cupo en ese autobús, sino que ahora se ha puesto más difícil. Y no es buscar chivos expiatorios porque ellos están a la vista. A la vista lo han puesto unas décadas después de Fidel el premio nobel Stiglitz, Neri, Blum, y ahora sorprende el libro Confessions of an Economic Hit Man, de John Perkins, en español se tradujo como Confesiones de un gangster económico y te puedes dar un banquete con una entrevista que le hicieron en el programa de Ammy Goodman-democracynow.

Como ves, tenemos varias cosas divergentes que compartir...

En la casa podemos tomarnos unos vinos tranquilamente. Tengo uno argentino que me lo traje en la maleta. Bien valdría la pena que nos lo tomáramos. Como decía el camarada Marx: «del capitalismo, sus mujeres y sus vinos».

Un abrazo

R.

13.5.06

Esto me ocurrió a mí

Me casé cou una viuda que tenía una hija ya crecida. En consecuencia, esta hija pasó a ser mi hijastra.

Ahora bien, mi padre se casó con mi hijastra, con lo cual se conviertió en mi yerno. A su vez, mi hijastra se convirtió en mi madrastra, puesto que era la esposa de mi padre.

Pues bien, mi señora tuvo un hijo que en consecuencia pasó a ser el cuñado de mi padre y además tío mío, ya que era hermano de mi madrsatra.

Pero esto no para aquí.

Mi madrastra tuvo un hijo que fue hermanastro mío porque era hijo de la esposa de mi padre; y que era también nieto mío, puesto que era hijo de mi hijastra.

De acuerdo con esto, mi esposa era al mismo tiempo mi abuela, ya que era la madre de mi madrastra. Y como el esposo de una abuela es también abuelo, resulta que yo soy abuelo de mi mismo.

Pablo

Tomado de Brecha, Montevideo, 6 de octubre de 1989.