29.11.05

Herralde mima a sus autores para que no escuchen cantos de sirenas

Guadalajara, 29 de Nov. ABN (Raúl Cazal).- Es una agradable sorpresa para los editores cuando consiguen el éxito con algún autor. Al parecer, el libro que han pensado como best seller generalmente es un rotundo fracaso, por eso Jorge Herralde, director de la editorial catalana Anagrama, prefiere ejercitar la curiosidad permanente e ir afinando la puntería a través del método de ensayo y error.

Herralde asiste a la Feria Internacional del Libro de Guadalajara cada año y esta vez es invitado como ponente al encuentro internacional “ Los editores independientes del mundo latino y la bibliodiversidad” donde destacó que hay que lograr que sus títulos tengan un lugar en las librerías y en las mentes de los lectores.

-¿Qué tiene que hacer un editor para que no se fugen sus autores?
-Ellos saben que el equipo de Anagrama los mima muchísimo, les consulta las ilustraciones de la portada, los textos de contratapa y luego, una vez que aparece el libro, hacemos una promoción muy fuerte.

Difícilmente otras editoriales vendan mucho más que nosotros, pero de cuando en cuando hay acenchanzas como los premios, que son otras formas de anticipo y que no tienen nada que ver con las ventas previsibles. Contra esto es imposible luchar.

De todas formas, con tantos años, se nos han ido muy pocos autores. Autores mínimamente importantes como Tom Wolfe, Michel Houellebecq y alguno que otro español. Más bien, estoy satisfecho de la gran fidelidad de los autores a pesar de estas puntuales exepciones que han sucumbido a los cantos de sirena de los grandes grupos editoriales.


EL CÁTALOGO

Las palabras mas recurrentes de un editor es “catálogo” y esta es pronunciada a cada momento por Jorge Herralde. Anagrama nació en 1969 y ha sido sensible al aire del tiempo y de las inquietudes de la época.

-En la primera década era una editorial preferentemente de política, de ensayo y de ciencias sociales. Existía la censura de Franco pero pudimos burlarla en varias ocasiones. También había literatura desde el inicio, pero mucho menos presente y luego, cuando se produjo el llamado desencanto político a finales de los setenta, la narrativa tomó el relevo y empezó la colección “Panoramas de narrativa” de literatura traducida y literatura hispánica. Entre ficción y no ficción, autores en lenguas extranjeras y españolas, hemos configurado un catálago de más 2.500 títulos.


LATINOAMÉRICA

-Pequeño y esporádico era el porcentaje de autores latinoamericanos aunque siempre estuvo presente desde los inicios de Anagrama. El primer secuestro y proceso grave que tuve que enfrentar durante el franquismo fue con un libro latinoamericano que se llamaba “Los Tupamaros”, de Jorge de Vera y Antonio Mercader, dos periodistas uruguayos.

Sin que me falle la memoria, en los primerísimos setenta publiqué “Historia personal del Boom”, de José Donoso, y “Tratado de La Habana”, de José Lezama Lima. El primer premio de novela Herralde, en 1983, lo obtuvo Álvaro Pombo y al año siguiente lo consiguió Sergio Pitol (al momento de conceder la entrevista, se desconocía que Pitol iba a ser merecedor del Premio Cervantes 2005), dos autores muy desconocidos y que ahora son unas de las primerísimas figuras en la literatura de hispana.

Lo que pasa es que había los descollos de la distribución que fueron bastantes complicados durante años con los problemas del derrumbe de moneda, las dictaduras militares y las censuras correspondientes, a exepción de Venezuela.

En los últimos cuatro años “haciendo de la necesidad virtud”, como dice el refrán español, espoleado por la caída de la moneda en Argentina cuando se derrumbó la falsa paridad peso-dolar, decidimos empezar a editar nuestros libros a través de nuestros distribuidores. Y en México, provocado por el aumento del Euro, decidimos hacerlo con los escritores mexicanos y empezamos cuasualmente con Juan Villoro, con “El testigo”, que obtuvo el premio de novela Herralde 2005. Pensaba que él iba a recibir el Premio Internacional de Novela Rómulo Gallegos de este año, pero el jurado decidió por Isaac Rosa, autor que no he leído, pero me han comentado críticos que me merecen respeto que su libro “El vano ayer” tiene calidad literaria.

La gran generación de la narrativa española de los ochenta y el recambio no ha sido tan glorioso y, por otra parte, en las literaturas latinoamericanas, lo digo en plural porque son muy distintas, van apareciendo nuevas voces muy interesantes, de una gran calidad literaria y esto ha tenido reflejo en el catálogo.

En los dos últimos dos años el número de títulos de ficción de autores latinoamericanos y de españoles han estado a la par. Cada uno ha contado con 10 títulos publicados por año, aparte de los títulos de no ficción donde está Carlos Monsiváis y Ricardo Piglia en ficción y no ficción.


VENEZUELA

-¿Por qué dentro del fondo editorial de Anagrama no existe ningún autor venezolano?
-Tengo mucho tiempo que no paso por Venezuela. En realidad, existe más interés con otros países donde tenemos una relación más estrecha, por ejemplo, con México, Argentina y Chile. Debo destacar que no nos han llegado nada de allá y quizás tampoco lo hemos buscado.


BOLAÑO

-¿Un escritor debe publicar cada año como lo hacía Roberto Bolaño?
-Lo de Bolaño estaba más bien entre el fetichismo y la obsesión de ganar dinero para la manuntención de sus hijos. El tenía la estrategia de ir sacando novelitas cortas, libros de cuentos o rescataba libros anteriores como “Monsieur Pain” y “Amberes”, mientras iba escribiendo como un poseso esa novela fantástica que es “2666”. De es ta forma llegó a tener un libro al año.

El caso de Roberto Bolaño, aparte de ser una persona a la que me unía una estrecha amistad, es que era era de un talento literario fuera de lo común y en todos los registros. En el ámbito de los cuentos, “Llamadas telefónicas” y “Putas asesinas”, son inccreíbles. En el caso de las novelas breves, “Nocturno de Chile” y “Estrella distante”, son obras maestras. Y sus dos grandes novelas, en “formato mamut”, que son “Los detectives salvajes”, que como es sabido obtuvo el Premio Rómulo Gallegos y fue muy importante para su despegue internacional, y “2666” que es considerada unánimente por los críticos literarios como una de las novelas de los últimos tiempos.


HERRALDE

-Desde hace algún tiempo Herralde se ha convertido en escritor…
-En alguna oportunidad había dicho que un editor no puede ser escritor. Básicamente me refería a que no podía ser novelista, porque un editor tal como se concibe es de una tipología enferma, que está todo el día pensando en la editorial, mientras que el escritor ambicioso está todo el día pensando en sus personajes. Por lo que considero que son actividades radicalmente incompatibles.

Pero lo mío es distinto, todos los libros que he publicado, que ya forman cuatro, forman una especie de mosaico donde voy recogiendo escritos que he ido segregando con motivo de que me han pedido muchas veces revistas perfiles de escritores, luego intervenciones en universidades o en ferias de libros como la de Guadalajara o la de Francfort.

-¿A qué se debe la preferencia de publicar con otras casas editoriales?
-No soy fundamentalista en este sentido. Hay excelentes editores que se han publicado a sí mismo como son los casos de Mario Muchnik, Roberto Calasso, Esther Tusquets, tan solo por mencionarte algunos. Yo empecé así y lo único que buscaba era editoriales que tuvieran un catálago con cuyo autores yo me sintiera cómodo; que editaran de una forma pulcra y dignamente posible y que fueran independientes.

-¿Tiene algún título en ciernes?
-Ahora tengo como 600 páginas y como no hay ningún editor que me imponga prisa, está en la editorial en proceso de revisión y me he juramentado que para el primer trimestre de 2006 lo estaría publicando, pero esta vez con el sello de Anagrama.

-¿Tiene definido el título del libro?
- Estoy dudando. Tiene cuatro partes y una de ellas se llama “Pasión y oficio editorial”, que es el registro alto, y el otro, “Virutas editoriales”, que tiene una connotación más irónica y me divierte más.

-¿Por qué se considera una editorial independiente?
-La editorial es independiente, pero no de mi mismo. Aunque ser independiente en si mismo no es un valor. El valor es el catálogo. Lo que define a una editorial independiente es que puede marcarse una política propia, más coherente. Eso no sucede con los grandes grupos editoriales, cuyos directores van cambiando en la medida que no cumplen con sus objetivos.

Nosotros somos un surco que se va profundizando y ensachando y por tanto es más reconocible y más fácil tener complicidades con lectores, libreros y críticos. En ese sentido, creo que Anagrama es netamente independiente y eso se puede examinar revisando a fondo el catálogo, que es quién dice la verdad. Los editores podemos decir cualquier cosa.

Nuestro catálogo, con mayores o menores aciertos, revela un interés indudable por la calidad literaria. Hemos adquirido excelentes autores y en el ámbito del ensayo tenemos una inquietud por las temáticas que puedan interesar a los más inquietos lectores contemporáneos.

-¿Ha recibido alguna propuesta de algún grupo editorial para adquirir Anagrama?
-Sería una catátrofe para mi que con un fondo tan enorme como el que hemos conformado, no despierte el interés de alguno de los grandes grupos. En los ochenta, el viejo Fernando Lara, de Planeta, me hizo la propuesta, pero como saben cuál es mi postura, ha quedado tan sólo el ofrecimiento. Qué el día que me decida, ellos están interesado, me ha dicho. Y eso para mi es un halago.

Para Bolaño

-A propósito de la reciente publicación de su libro “Para Bolaño”, ¿no han sentido celos los autores de Anagrama por su predilección hacia el autor de “Los detectives salvajes”?
-Confío en que no, aunque el corazón humano es complicado. Quizá porque Bolaño está muerto, que es la macabra realidad. Si estuviera vivo no lo hubiera hecho porque no habría ningún pretexto para hacerlos.

Estos textos fueron provocados por su muerte como un homenaje a un gradísimo escritor reconocidos por todos. Empieza con mi oración laica cuando su entierro y le siguen mis participaciones en homenajes que se realizaron en Santiago de Chile y reflexiones sobre la obra póstuma “2666”.

“Para Bolaño” apareció en otoño de 2005 con las editoriales El Acantilado, de España; Adriana Hidalgo, de Argentina; Catalonia, de Chile; Sexto Piso, de México y Alfadil, de Venezuela.

28.11.05

Profesora de Harvard rescata Las memorias de Mamá Blanca

Guadalajara, 28 de Nov. (ABN).- La novela Las memorias de Mamá Blanca, de Teresa de la Parra, no es un cuento para niños como muchos deben pensar gracias a las lecturas que se imponen en la edad escolar en Venezuela.

La autora de Ficciones fundacionales. Las novelas nacionales de América Latina, Doris Sommer tiene como libro de cabecera Las memorias de Mamá Blanca. Es catedrática de Lenguas Romances y Literatura y directora del programa de estudios de postgrado en español en la Universidad de Harvard, EEUU, y presentó su libro en la 19 Feria Internacional del Libro Guadalajara 2005.

Sommer considera que es un error obligar la lectura de Las memorias de Mamá Blanca, de Teresa de la Parra, a niños que van a la escuela porque sus textos son ironías que juegan con los desechos de la literatura infantil.

Recuerda la catedrática de Harvard la escena trivial y cotidiana donde la protagonista de apenas cinco años de edad, Blanca Nieves, única hija que tiene el cabello negro y lacio, le exige a su madre que le narre historias mientras le riza el pelo frente al espejo. Pero hay un detalle que no hay que obviar, las historias son contadas a su antojo, recreando finales y cambiando personajes de cuentos como La bella y la bestia.

“Este pasaje es la escena de la creatividad latinoamericana. Uno toma materiales de cualquier lugar y los formula, reformula y cambia a su gusto. No es una imitación la literatura latinoamericana, sino un constante jugar con los desperdicios culturales del mundo”, reflexiona Sommer.

Las memorias de Mamá Blanca no se encuentra dentro del canon de las novelas fundacionales porque “es una novela que ironiza los temas minimizando el patriarcado, especialmente, con un sentido de humor muy fino”.

“Pobre papá, hacía el papel ingratísimo de Dios”, cita de memoria y se alegra por conseguir las palabras exactas.

“El padre de Blanca Nives daba órdenes y nadie le hacía caso. Ese tipo de ironía fina y aparentemente cotidiana se lee en esta novela”.

Las novelas fundacionales de mediados del siglos XIX y principio del XX, como María, de Jorge Isaacs, en Colombia , Amalia, de José Mármol, en Argentina, y Doña Bárbara, de Rómulo Gallegos, en Venezuela, se esmeraron en “fijar significados, roles, proyectos, porque necesitaban promover una sociedad moderna” y establecer los símbolos de una nación.

Sommer contrapone a Gallegos y a De la Parra para reafirmar que en las novelas fundacionales no existen la ironía y se preocupan esencialmente por hacer campaña en favor de la modernidad y del positivismo.

Mientras Gallegos en su novela dice “esto es mío y esto es tuyo; esto es masculino, esto es femenino; no se dice huá, se dice hay”, recuerda Sommer las lecciones de gramática a Marisela en Doña Bárbara, De la Parra “disfruta el desencuentro entre la palabra y el referente”.

“Mamá regaba nombres que no tenían nada que ver con sus hijos. A mí me tocaba Blanca Nieves, yo que era la más morena”, recita con avidez la catedrática e interpreta que De la Parra propone la libertad de no estar atrapados en un nombre.

“Una sola vez tuvo razón mamá, cuando llamó Aurora a la más joven y no sobrevivió a los siete años”, vuelve a recrear en voz alta el texto de Mamá Blanca.

Ficciones fundacionales fue presentado este domingo por Carlos Monsiváis en la FIL Guadalajara 2005. Es su primer libro traducido al español bajo el sello del Fondo de Cultura Económica en diciembre de 2004. La primera edición realizada en 1993, tuvo el respaldo de las ediciones de la Universidad de California, EEUU.

27.11.05

Amantes de Poniatowska presentan sus obras reunidas en la FIL Guadalajara

Guadalajara, 27 de Nov. (ABN).- Elena Poniatowska es una mujer que no se deja quebrantar nunca porque sabe, al final de todo, que “las esperanzas son otra manera de decepcionarse”, expresó Carlos Monsiváis en la 19 Feria Internacional del Libro Guadalajara 2005 (FIL).

En la presentación del libro “Narrativa Breve” de Elena Poniatowska, la autora reveló que los presentadores de sus obras reunidas, Carlos Monsiváis y José Emilio Pacheco, además de haber caminado juntos desde hace 50 años, fueron sus fogosos amantes, y que si ellos llegaran a “petatear” (morir), “no tendría para quien escribir”.

Pacheco leyó tres poemas dedicados a la aparición del libro y Monsiváis disertó sobre la novela breve “Querido Diego, te abraza Quiela”, unas cartas literarias que la autora pensó que debió escribir la rusa Angelina Beloff al pintor Diego Rivera, con quien vivió diez años durante la Primera Guerra Mundial en París, cuando el muralista regresó a México.

El testimonio que recoge Poniatowska, conjetura Monsiváis, se parece asombrosamente en partes al diario de Frida Kahlo donde le dice a Rivera: “Tu eres mi Dios, tu eres mi sombra, tu eres mi oxígeno, tu eres mi madre, tu eres mi padre, tu eres la circunstnacia de mi parto”.

“No hay distanciamiento erótico, ni juicio retroctativo, ni ironías sobre el desgarramiento romántico”, reflexionó en voz alta Monsiváis ante un auditorio de más de 300 personas.

“Querido Diego, te abraza Quiela” es una forma de expresar que “todos los amores son desgraciados y muy tristes”.

El primer tomo integra los libros “Lilus Kikus”, “Querido Diego, te abraza Quiela” , “De noche vienes” y “Tlapalería” y es publicado por el Fondo de Cultura Económica (FCE) de México.

La colección intenta recoger a la generación perdida donde se encuentran, incluida Poniatowska, Juan García Ponce, Sergio Pitol, Julieta Campos, Vicente Leñero, Juan Vicente Melo y Rosario Castellano.

Elena Poniatowska nació en París en 1933 pero “es más mexicana que el chile verde”, expresó el Premio Rómulo Gallegos, Fernando del Paso.

Trabajó como periodista en el diario Excélsior y en 1971 le otorgan el premio literario Xavier Villaurrutia por La noche de Tlatelolco, pero lo rechazó bajo el argumento de que se iba a premiar a los estudiantes muertos de la masacre estudiantil del 2 de octubre de 1968.

Elena Poniatowska recibió el Premio Nacional de Periodismo en México en 1979 y su novela La piel del cielo obtuvo el premio Alfaguara en 2001. En 2004 fue condecorada con la Legión de Honor del gobierno de Francia.

Recientemente la autora de “Tinísima” llamó a las mujeres a unirse al candidato presidencial del PRD, Andrés Manuel López Obrador, porque mientras fue gobernador del Distrito Federal por primera vez los ancianos y las madres solteras obtuvieron pensiones y servicios médicos.

18.11.05

¡Rechazado el Quijote!

Por Tito Matamala


Señor Miguel de Cervantes y Saavedra

De nuestra consideración:

Hemos recibido una copia impresa de su novela titulada "El ingenioso hidalgo Don Quijote de La Mancha", que usted nos ha enviado. Luego de someterlo a la lectura de un equipo de editores especializados, y recogiendo sus conclusiones, me permito establecer los siguientes puntos:

1. Se trata de una novela extensa, con ciertos momentos interesantes para un lector no avezado, y algunos rasgos de sarcasmo que, sin embargo, se diluyen en las reflexiones dramáticas de los diversos narradores que confluyen en su obra.

2. El título de su obra, "El ingenioso hidalgo...", es muy poco comercial, lo que aumentaría el riesgo de su publicación. Otras alternativas más sugerentes podrían ser: "Tengo miedo Quijote", o "Fantasías sexuales del Quijote".

3. No queda muy clara la relación y compromiso que existe entre los dos personajes principales. Quizás si se subrayara de manera más notoria la homosexualidad de ambos, podría ser más interesante para las nuevas tendencias editoriales, y para los gustos del moderno lector. En el entendido de que su novela es un manifiesto libertario, no vemos la razón por la que se oculte la legítima opción sexual de sus protagonistas. Se evidencia la falta de un episodio que clarifique esta faceta de la historia. En tal sentido, el personaje llamado Dulcinea debería ser bisexual, para mantener la coherencia del relato.

4. Los rasgos de locura del personaje que se vislumbra como principal, Don Quijote, y que da el título a su libro, impiden que se aprecie concretamente su posición política. ¿Es el personaje principal un revolucionario izquierdista castrista? ¿Acaso es el personaje secundario, Sancho, un agente encubierto de la CIA? Así parece, por su constante oposición al protagonista.

5. Las nuevas tendencias narrativas han dado por muerta a la comedia de crítica social, en cambio se privilegia el drama político realista, con visos de la historiografía reciente. Por tal motivo, no resultan atractivos los episodios humorísticos en su novela, le aconsejaríamos eliminarlos o reformularlos puesto que pueden ser mal interpretados. El capítulo de los molinos de viento, por ejemplo, es, además de barroco, insustancial y con un gastado aire a realismo mágico latinoamericano.

6. La extensión de su novela desequilibra la ecuación de tiraje, número de páginas y precio de venta al público. En estos tiempos, sólo un autor consagrado se puede permitir un texto superior a mil páginas. Y pese a su entusiasmo, señor Cervantes, éste no es su caso. Con un poco de aplicación, puede compactarse su texto a unas 150 páginas si - por ejemplo- elimina todas las historias parásitas contenidas. La economía de recursos verbales también puede aplicarse a los titulares de cada episodio, cuya idea de resumir el contenido del capítulo es redundante. Por ejemplo, el "CAPITULO XX: de la jamás vista ni oída aventura que con más poco peligro fue acabada de famoso caballero en el mundo como la que acabó el valeroso don Quijote de la Mancha", puede quedar simplemente como "Capítulo XX".

7. Del mismo modo, una obra tan larga correría peor suerte en cualquier concurso literario de los que están bajo nuestra influencia y tutela. Pese a un auspicioso comienzo de su novela, cualquier jurado sería incapaz de continuar más allá de lo que usted llama "primera parte". Por tanto, no podría superar las instancias de mínima selección.

8. El extenso léxico que usted ha desplegado en su novela atenta contra la comprensión de los lectores. Son innumerables las palabras que demandan una capacidad intelectual que muy pocas personas poseen. Ya no es época de leer junto a un diccionario de la RAE, nadie tiene tiempo para ello. La nueva narrativa, por el contrario, ha tendido a la simplificación del lenguaje y al fomento del habla vulgar y simple. Algunas palabras soeces enriquecerían su obra, como un acto de complicidad con el público.

9. El tema del remedo de las novelas de caballería no es atractivo para la mentalidad del lector contemporáneo. No obstante, esta falencia podría en parte superarse si el nudo argumental fuese reordenado de modo que se tratase de un grupo de hidalgos y caballeros sometidos a un encierro, en el que debiesen superar pruebas de ingenio, valor y liderazgo. Naturalmente, al caer bajo amenazas de convivencia y talento, los personajes deberían ser expulsados de manera gradual, etapa en que sugerimos que su personaje llamado Quijote sea el primero de ellos, y que luego desde afuera añore las hazañas de la caballería.

Por todas estas consideraciones, que no creemos susceptibles de ser superadas, debemos rechazar la publicación de su novela "El ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha". Ello no obsta que estemos llanos a evaluar sus próximas obras artísticas, siempre que se atengan de manera más pragmática a las circunstancias actuales.

Atte.

El editor

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. Tomado de El Mercurio.

24.10.05

"Estamos huérfanos de líderes"

Esta frase es de César Miguel Rondón. Lo dijo en una entrevista que le realizaba a Hugo Prieto a propósito del lanzamiento de su libro de cuentos que nunca supe cómo se llamaba porque hablaban de política como si fuera de ficción.

Y así surgió esa frase: "Estamos huérfanos de líderes". Es decir, en Venezuela no hay líderes. Ni siquiera uno.

Tanta ceguera asusta.

La "sociedad" desconoce cómo escoger su dirigencia

Un amigo, desde España me envía este correo:

Subject: No te la perdais: la "sociedad" desconoce cómo escoger su dirigencia

Hete aquí un claro caso de inmunorresistencia al aprendizaje político:

En el artículo de El Universal que anexo, Roberto Casanova, fundador del programa Liderazgo y Visión del CEDICE (proyecto bandera del financiamiento del NED en Venezuela), solamente atribuye a los partidos venezolanos tres pequeñas deficiencias:

1.- la falta de base ideológica y de proyecto de sociedad,

2.- la falta de democracia interna,

3.- y la incapacidad de existir sin el financiamiento público.

Salvo por esos tres problemitas, el fracaso de los partidos políticos en Venezuela se debería sobre todo al surgimiento de nuevos actores políticos "poco escrupulosos" que cambiaron el juego y los dejaron por fuera... y la "democracia participativa" nisiquiera se nombra.

Supongo que no es una casualidad que el artículo de prensa vaya acompañado de una publicidad de "vive y trabaja en los EEUU". Parece más bien una táctica comercial para atraer la atención de escuálidos y pitiyanquis.

Como complemento, también va el artículo que le da seguimiento al tema, donde Gerver Torres, el nuevo encargado de "Liderazgo y Visión", explica que lo que pasa con Venezuela es que la sociedad no tiene idea de cómo escoger a sus líderes.

Eso sí que es un gurú de la política y no el quedao de Chávez.

O sea,

M.

16.10.05

Silencio y ruido en Harold Pinter

Debo confesar que no soy especialista en literatura teatral, bueno, realmente no soy especialista en nada, pero de teatro se muy poco. Si me piden citar dramaturgos, los dedos de mis manos y de mis pies bastan para contarlos.

He leído reseñas y reportajes sobre el nuevo premio nobel de literatura Harold Pinter y los dramaturgos se sienten satisfechos por el premio, aunque un poco tarde, comenta Ugo Ulive. Y esa es una de las cosas que uno se pregunta, para que tanto dinero por un premio que generalmente no alcanza lo que resta de vida para gastarlo.

Una de los atributos de la dramaturgia de Pinter es el silencio. Al parecer no hay nada más exigente que la actuación de esos momentos donde no se dice nada y se dice todo al mismo tiempo. Otro de los atributos es el retrato en las tablas del proletariado. Quizá por esta combinación explosiva, silencio y obreros, hizo que lo catalogaran como un exponente del teatro de lo absurdo. Pero es una sospecha infundada. Si hacemos una búsqueda por internet encontraremos mucho más sobre este dramaturgo que había revolucionado las tablas a mediados del siglo XX y ahora es que nos enteramos los pobres mortales.

Sobre Pinter existen estudios sobre el silencio, el cuarto, las parejas, lo verdadero y lo falso de las verdades y las mentiras. Quizá este premio nos permita una reposición de algunas de sus obras y desplace a tanto monólogo barato y simplón que abunda en nuestras citadinas salas de Caracas.

Si bien el silencio marca la obra de Pinter, en la vida muy por el contrario, no ha callado ante los atropellos, las injusticias y las barbaridades que han cometido los gobiernos de derecha. Sus palabras son de solidaridad contra el bloqueo que ha mantenido EEUU contra Cuba. En Inglaterra, ha acusado a Tony Blair como criminal de guerra por su postura a favor de la invasión a Irak.

Pinter ahora es otra piedrita más dentro del zapato de quienes intentan pisotear las luchas sociales y las reivindicaciones de las políticas de izquierda. José Saramago ahora tiene otro compañero para hacer sonar las campanas, porque las de Gabriel García Márquez desde hace muchos años no se escuchan.

9.10.05

«No creo que seamos parientes muy cercanos...

..., pero si Ud. es capaz de temblar de indignación cada vez que se comete una injusticia en el mundo, somos compañeros, que es más importante».

Esta frase del Che, desde que la leí por primera vez hace más de 20 años -que no son nada, definitivamente- me causó admiración. Y recién ahora es que consigo la carta donde la expresa a plenitud.

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La Habana, 20 de febrero de 1964
«Año de la Economía»

Sra. María Rosario Guevara
36, rue d'Annam
(Maarif) Casablanca
Maroc

Compañera,

De verdad que no sé bien de qué parte de España es mi familia. Naturalmente, hace mucho que salieron de allí mis antepasados con una mano atrás y otra delante; y si yo no las conservo así, es por lo incómodo de la posición.

No creo que seamos parientes muy cercanos, pero si Ud. es capaz de temblar de indignación cada vez que se comete una injusticia en el mundo, somos compañeros, que es más importante.

Un saludo revolucionario de,

«Patria o Muerte. Venceremos»
Comandante Ernesto Che Guevara

Tokio Blues

Leí casi de un solo tirón la novela de Haruki Murakami, Tokio Blues. Me lo regaló Carola y Pablo el día de mi cumpleaños y me advertían en una tarjeta que lo hacían, no porque haya vendido 4 millones de copias, sino por la faja, donde reza lo siguiente: «Adverdencia: Murakami -al igual que los Beatles- produce adicción, provoca numerosos efectos secundarios y su modo de narrar tiene algo de hipnótico y opiáceo.» Rodrigo Fresán, El País.

El título original es Norwegian Wood, una canción de los Beatles, y es tan solo una pista para el lector porque también pudo llamarse Scarborough Fair, de Simon & Garfunkel. No es una época lo que retrata sino un estado de ánimo de quién está en la edad de los 20 años. Edad que pareciera ser eterna.

Tokio Blues me trae a la memoria esos años, mis años 20. Tengo la leve impresión de que quería ser escritor y apenas empezaba a comprender que para escribir había que vivir.

Quizá por ello mis primeros cuentos tenían que ver más con mis lecturas de cuentos de Cortázar. Después vino Roberto Arlt y ya había leído a Benedetti, a Galeano. Le siguieron los libros de varios premios de novela Casa de las Américas. Recuerdo Itzam Na de Arturo Arias, Jonás y la ballena rosada de José W. Montes, Maluco de Napoleón Baccino Ponce de León y el último que leí de este premio Esta maldita lujuria de Antonio Elio Brailovsky.

La música era la salsa, la literatura que me rodeaba era latinoamericana. A García Márquez lo leí obligado y con placer, igual sucedió con País Portátil de Adriano González León. Aunque debo confesar que primero vi la película y me gustó. Cuando fui al libro pensé que no me iba a gustar, pero resultó todo lo contrario auqnue siempre pensé que el final de la película era mejor que el de la novela. Siempre creí eso hasta que un día entrevisté al director y protagonista Iván Feo y él me aclaró que a él también le hicieron creer que el final de la película era mejor que el de la novela, pero no. “El final de la película es final del libro de Adriano, sin más ni más”, explicó Feo en una entrevista que fue radiada en un programa que tuve hace apenas un año y que olvidé el camino de regreso.

En esos años, cuando apenas tenía 17 o 18 años había escrito mis primeros cuentos y que están recogidos en El bolero se baila pegadito. Por aquella edad conocí a unos amigos de mi padre, Teresa y su esposo, unos estudiantes de los últimos semestres de Letras de la UCV. Al conocer de mi interés por la literatura, me hicieron una lista -que aún conservo- de los libros que debía leer si me interesaba la escritura.

La tarea me fue un poco pesada. Había muchos libros clásicos que eludía por los más contemporáneos. Era una cuestión de gustos y para colmo, empecé la universidad en la escuela de Economía. Recuerdo que había seleccionado Comunicación Social, en primera opción, Medicina y Economía, en segunda y tercera opción, respectivamente. Pero el CNU a ciegas decidió que mejor era Economía. Ahí comencé a leer otro tipo de libros. De sociología, de historia económica y de teoría política.

Y estando en el segundo semestre quedé becado por el Centro de Estudios Rómulo Gallegos para realizar el taller de narrativa que abandoné a la tercera semana porque se impartía en el mismo horario de las lecturas de El Capital de Marx. Y Marx mataba a taller de literatura, en aquella época, y fui expulsado del Celarg por inasistencia. Me llamó el director y me lo dijo sentado desde su escritorio. Y así reza en la breve nota curricular que aparece en la contraportada de El bolero se baila pegadito y al aparecer varios miembros de esta institución y egresados de ese taller se molestaron. Nunca entendí la falta de humor.

Cualquier cosa, comentario o foto pueden trasladarlo a uno a ciertas épocas. Esta vez fue una novela de un japonés.

Carta a Fidel del Che

[marzo 1965]
Habana
«Año de la agricultura»


Fidel:

Me recuerdo en esta hora de muchas cosas, de cuando te conocí en casa de María Antonia, de cuando me propusiste venir, de toda la tensión de los preparativos. Un día pasaron preguntando a quién se debía avisar en caso de muerte y la posibilidad real del hecho nos golpeó a todos. Después supimos que era cierto, que en una revolución se triunfa o se muere (si es verdadera). Muchos compañeros quedaron a lo largo del camino hacia la victoria.

Hoy todo tiene un tono menos dramático porque somos más maduros, pero el hecho se repite. Siento que he cumplido la parte de mi deber que me ataba a la Revolución cubana en su territorio y me despido de ti, de los compañeros, de tu pueblo que ya es mío.

Hago formal renuncia de mis cargos en la dirección del Partido, de mi puesto de Ministro, de mi grado de Comandante, de mi condición de cubano. Nada legal me ata a Cuba, sólo lazos de otra clase que no se pueden romper como los nombramientos.

Haciendo un recuerdo de mi vida pasada creo haber trabajado con suficiente honradez y dedicación para consolidar el triunfo revolucionario. Mi única falta de alguna gravedad es no haber confiado más en tí desde los primeros momentos de la Sierra Maestra y no haber comprendido con suficiente claridad tus cualidades de conductor y de revolucionario. He vivido días magníficos y sentí a tu lado el orgullo de pertenecer a nuestro pueblo en los días luminosos y tristes de la crisis del Caribe. Pocas veces brilló más alto un estadista que en esos días, me enorgullezco también de haberte seguido sin vacilaciones, identificado con tu manera de pensar y de ver y apreciar los peligros y los principios.

Otras tierras del mundo reclaman el concurso de mis modestos esfuerzos. Yo puedo hacer lo que te está negado por tu responsabilidad al frente de Cuba y llegó la hora de separarnos.

Sépase que lo hago con una mezcla de alegría y de dolor, aquí dejo lo más puro de mis esperanzas de constructor y lo más querido entre mis seres queridos... y dejo un pueblo que me admitió como un hijo; eso lacera una parte de mi espíritu. En los nuevos campos de batalla llevaré la fe que me inculcaste, el espíritu revolucionario de mi pueblo, la sensación de cumplir con el más sagrado de los deberes: luchar contra el imperialismo donde quiera que esté, esto reconforta y cura con creces cualquier desgarradura.

Digo una vez más que libero a Cuba de cualquier responsabilidad, salvo la que emane de su ejemplo. Que si me llega la hora definitiva bajo otros cielos, mi último pensamiento será para este pueblo y especialmente para tí. Que te doy las gracias por tus enseñanzas y tu ejemplo al que trataré de ser fiel hasta las últimas consecuencias de mis actos. Que he estado identificado siempre con la política exterior de nuestra Revolución y lo sigo estando. Que en dondequiera que me pare sentiré la responsabilidad de ser revolucionario cubano, y como tal actuaré. Que no dejo a mis hijos y mi mujer nada material y no me apena: me alegra que así sea. Que no pido nada para ellos pues el Estado les dará lo suficiente para vivir y educarse.

Tendría muchas cosas que decirte a ti y a nuestro pueblo, pero siento que son innecesarias, las palabras no pueden expresar lo que yo quisiera, y no vale la pena emborronar cuartillas.

Hasta la victoria siempre. ¡Patria o Muerte!

Te abraza con todo fervor revolucionario

Che

El credo del Che

Por Roque Dalton

El Ché Jesucristo
fue hecho prisionero
después de concluir su sermón en la montaña
(con fondo de tableteo de ametralladoras)
por rangers bolivianos y judíos
comandados por jefes yankees-romanos.
Lo condenaron los escribas y fariseos revisionistas
cuyo portavoz fue Caifás Monje
mientras Poncio Barrientos trataba de lavarse las manos
hablando en inglés militar
sobre las espaldas del pueblo que mascaba hojas de coca
sin siquiera tener la alternativa de un Barrabás
(Judas Iscariote fue de los que desertaron de la guerrilla
y enseñaron el camino a los rangers)
Después le colocaron a Cristo Guevara
una corona de espinas y una túnica de loco
y le colgaron un rótulo del pescuezo en son de burla
INRI: Instigador Natural de la Rebelión de los Infelices
Luego lo hicieron cargar su cruz encima de su asma
y lo crucificaron con ráfagas de M-2
y le cortaron la cabeza y las manos
y quemaron todo lo demás para que la ceniza
desapareciera con el viento
En vista de lo cual no le ha quedado al Ché otro camino
que el de resucitar
y quedarse a la izquierda de los hombres
exigiéndoles que apresuren el paso
por los siglos de los siglos
Amén.

8.10.05

Julio Cortázar y el Che

CARTA A ROBERTO FERNÁNDEZ RETAMAR

París, 29 de octubre de 1967

Roberto, Adelaida, mis muy queridos:

Anoche volví a París desde Argel. Solo ahora, en mi casa, soy capaz de escribirles coherentemente; allá, metido en un mundo donde sólo contaba el trabajo, dejé irse los días como en una pesadilla, comprando periódico tras periódico, sin querer convencerme, mirando esas fotos que todos hemos mirado, leyendo los mismos cables y entrando hora a hora en la más dura de las aceptaciones. Entonces me llegó telefónicamente tu mensaje, Roberto, y entregué ese texto que debiste recibir y que vuelvo a enviarte aquí por si hay tiempo de que lo veas otra vez antes de que se imprima, pues sé lo que son los mecanismos del télex y lo que pasa con las palabras y las frases. Quiero decirte esto: no sé escribir cuando algo me duele tanto, no soy, no seré nunca el escritor profesional listo a producir lo que se espera de él, lo que le piden o lo que él mismo se pide desesperadamente. La verdad es que la escritura, hoy y frente a esto, me parece la más banal de las artes, una especie de refugio, de disimulo casi, la sustitución de lo insustituible. El Che ha muerto y a mí no me queda más que silencio, hasta quién sabe cuándo; si te envié este texto fue porque eras tú quien me lo pedía, y porque sé cuánto querías al Che y lo que él significaba para ti. Aquí en París encontré un cable de Lisandro Otero pidiéndome ciento cincuenta palabras para Cuba. Así, ciento cincuenta palabras, como sin uno pudiera sacarse las palabras del bolsillo como monedas. No creo que pueda escribirlas, estoy vacío y seco, y caería en la retórica. Y eso no, sobre todo eso no. Lisandro me perdonará mi silencio, o lo entenderá mal, no me importa; en todo caso tu sabrás lo que siento. Mira, allá en Argel, rodeado de imbéciles burócratas, en una oficina donde se seguía con la rutina de siempre, me encerré una y otra vez en el baño para llorar; había que estar en un baño, comprendes, para estar solo, para poder desahogarse sin violar las sacrosantas reglas del buen vivir en una organización internacional. Y todo esto que te cuento también me averguenza porque hablo de mí, la eterna primera persona del singular, y en cambio me siento incapaz de decir nada de él. Me callo entonces. Recibiste, espero, el cable que te envié antes de tu mensaje. Era mi única manera de abrazarte, a ti y a Adelaida, a todos los amigos de la Casa. Y para ti también es esto, lo único que fui capaz de hacer en esas primeras horas, esto que nació como un poema y que quiero que tengas y que guardes para que estemos más juntos.

Che

Yo tuve un hermano.

No nos virnos nunca
pero no importaba.

Yo tuve un hermano
que iba por los montes
mientras yo dormía.
Lo quise a mi modo,
le tomé su voz
libre como el agua,
caminé de a ratos
cerca de su sombra.

No nos vimos nunca
pero no importaba,
mi hermano despierto
mientras yo dormía,
mi hermano mostrándome
detrás de la noche
su estrella elegida.

Ya nos escribiremos. Abraza mucho a Adelaida. Hasta siempre,

Julio

30.3.05

BBC Mundo se desenmascara

El título de BBCMundo.com Armas: Venezuela y España firman pacto nos da fe de su parcialidad periodística, pero cuando vamos al sumario ya empieza a dar asco: "El presidente venezolano, Hugo Chávez, y el presidente del gobierno español, José Luis Rodríguez Zapatero suscribieron un controvertido acuerdo mediante el cual España venderá a Venezuela varias aeronaves y buques militares".

¿A qué se refieren cuando dicen "controvertido"? ¿Acaso la BBC ahora es vocero de la oposición venezolana unida a la nueva falange española (llámese también PP) y combinado con los dictámenes de Washington? No basta con el Washington Post, El Nacional, El Universal y demás medios reaccionarios.

Ahora la sacrosanta BBC se pliega al cacareo de los medios que no ven nada bueno en Venezuela mientra Chávez esté en el poder y, lo que es peor, se mantienen asustando a toda la clase media donde quiera que se encuentre. Pobrecitos, como dice mi compadre cumanés Carlos Ortiz.

28.3.05

La camiseta paraguaya

Sigamos hablando de fútbol. Paraguay no merece clasificar si continúa jugando como lo ha venido haciendo: a la defensiva.

Chilavert le había dicho en su cara, es decir, ante los medios, que el director técnico de la selección paraguaya era un conservador y lo demostró, una vez más, en el juego que planteó ante la oncena de Ecuador. El resultado de cinco goles contra dos, bien pudieron ser cinco o más contra cero, porque los primeros dos y único goles de Paraguay fueron de pura suerte.

Espero que lo que queda de la ronda clasificatoria para el Mundial nos depare mejores partidos.

27.3.05

La Vinotinto

Cuando hablamos de fútbol o sobre los equipos que jugaron en la cancha, lo hacemos como si nosotros estuviéramos en el campo e inmediatamente nos apropiamos del partido. Es por eso que nos molestamos cuando hacemos un mal pase, equivocamos la estrategia y empezamos a tutear a Richard Páez y pedirle explicación de por qué no puso antes a "Cari Cari" Noriega para que le diera velocidad al lateral derecho, por qué lo hizo cuando ya todos estaban cansados, por qué, por qué...

El empate a cero coloca a la Vinotinto en una posición lejana al cuadro clasificatorio para el Mundial 2006 en Alemania. Faltaron muchos jugadores que pudieron haber cambiado el destino al partido: Arango y Morán, Páez y Vera, la mitad del equipo titular, prácticamente.

De ahora en adelante, lo que queda es practicar con estos nuevos muchachos para la próxima ronda, es decir, para la del 2010.

24.3.05

El Tupamaro

Cuando me hablan de tupamaros siempre me viene la imagen del rosto de Raúl Sendic, "Rufo", y de la película Estado de sitio, de Costa Gavras.

Los tupamaros, los de Uruguay, en 1970 habían secuestrado a Dan Mitrione, un agente de la CIA que viajaba por América Latina enseñando los nuevos métodos de tortura a los aparatos represores de las dictaduras del Sur. Le hicieron un juicio, lo ajusticiaron y dejaron su cuerpo sin vida en una zona residencial de Montevideo. Así lo cuenta la película. En la vida real fue así y lo dejaron a un par de cuadras de donde vivíamos, en la calle Industria del barrio Unión.

Mi padre, que apenas había llegado al país como asilado político paraguayo, lo metieron preso. El que está cerca de un muerto es sospechoso, más si eres comunista. Pero mi viejo nada tenía que ver con el asunto, pero los tupas sí. Y cayeron presos varios del MLN por la muerte de Mitrione. No sé si Sendic, no sé si lo cuenta la película de Gavras, pero ese mismo mes cae preso Sendic y un año después se fuga de la prisión en Punta Carretas con 100 compañeros. Yo apenas contaba con siete años de edad en ese momento y jugaba banco en el equipo de fútbol de San Lorenzo.

Cuando llegamos a Caracas en septiembre de 1975, el segundo exilio que estaré contando a retazos, la imagen de Sendic se hizo más presente. Él ya tenía tres años preso y la dictadura militar uruguaya lo tenía como rehén. Cuando nos mudamos para El Silencio, en mi cuarto tenía pegado un afiche que exigía la liberación de los rehenes de la dictadura uruguaya. El cartel era de fondo negro con letras en rojo y en blanco. La foto era la de Raúl Sendic, la única imagen que tengo de él, clara y transparente. ¿Qué se habrá hecho de ese afiche? Mi madre debe saber dónde está. Mañana le pregunto.

El 16 de marzo se cumplió un aniversario de su natalacio y apenás hoy me enteré. Uno no pude dejar que las ocupaciones se le escapen las fechas y las circusntancias.

También hoy es aniversario del asesinato de Arnulfo Romero.

14.3.05

Villoro

Juan Villoro es tan oral como escrito. Sus ensayos y cuentos tienen el don de resumirse en una línea escrita por él. Línea, por demás, llena de humor.

Lo primero que leí de su autoría fue Los once de la tribu. Me lo recomendó José Roberto Duque, un beisbolero que sólo sabe de fútbol que la pelota es redonda, como en el beisbol.

Después seguí por mi cuenta y leí los primeros cuatro cuentos de La casa pierde. El primero que lleva el nombre del libro te seduce para que continúes con el segundo, este con el tercero y ya en el cuarto te das cuenta que estas leyendo un mismo cuento, estructuralmente hablando, pero con diferentes anécdotas. Es muy predecible e intuyes los atajos que va a tomar el que escribe o el que lee. Lo dejé y se lo comenté a Doménico Chiappe en alguna charla literaria y medio defraudado de mi decisión, me pidió encarecidamente que no abandora el libro de Villoro, que allí había un cuento de un entrenador de fútbol que hizo subir de categoría a un equipo de cuarta y al final, lo que se esperaba, era que continuara siendo un equipo de maletas.

Buscando ese cuento, conseguí otros muy divertidos, muy a lo Villoro. Nada que ver con el tercero ni el cuarto. Pero el que me refería Doménico, nunca lo conseguí hasta ayer, momentos antes de mi encuentro con Juan Villoro.

Conversé con él unos cuarenta minutos. Casi se me pega el acento mexicano. Los temas: literatura, periodismo, El testigo -su mas reciente novela- y, no podía falta, política y Latinoamérica.

Villoro está entrenando y ya está en primera categoría.

2.3.05

Uruguay es un paisito

En el NYT sólo hay una pequeña nota sobre Uruguay al final de su sección internacional, pero para CNN este paisito no existe.

No esperaba que fuera diferente la prensa estadounidense sobre lo que sucede en América Latina. Desde hace un buen tiempo, por estos lares están sucediendo cosas que nadie esperaba. Debemos admitir que todo el revuelo social que han generado los nuevos mandatarios (y cuando hablo de "nuevos", lo digo desde Chávez hasta Tabaré, pasando por Lula) no es de fácil lectura.

Tampoco vamos a pedir que sepan leer estos nuevos vientos, si algunos que viven por estos pagos, tampoco saben hacerlo.

18.2.05

Actualizar el pasado

Se me ocurrió que debía colocar algunos textos y entrevistas que fueron publicados y de alguna manera pasaron al olvido. Las fechas no son rigurosamente ciertas, confié en las propiedades del archivo.

Mucho de lo que he escrito seguramente hoy lo escribiría de otro modo. Algunas veces me siento a leer Todo tiene su final. Sonrío y me viene la imagen de aquel muchacho que quería ser escritor. Hoy trato de entender qué era lo que me animaba a escribir y las respuestas son irónicas, sarcásticas, casi que me burlo de mí y ahí me detengo. Las horas de insomnio de aquella época facilitaba a la producción, pero eso no era todo. Tendría que ver más con los sueños. No sé.

Ahora prefiero leer, por ejemplo, o ver una película.

8.2.05

Fosforito en la lluvia

Ayer llovió. Estaba en el Café Arábiga tomando un té con un amigo y comenzó a llover. La conversación duró lo que tenía que durar. Los sorbos del té caliente y un vaso con agua bastaron para hablar del país, la política, lo nuevo de nuestras vidas y unas propuestas editoriales por parte de mi acompañante. Esto último era el objeto de la reunión. Claro está.

La conversación se extendió más de la cuenta gracias a la lluvia. Cuando nos percatamos que llovía a cántaros, se me ocurrió decir "qué terrible". Y no lo decía por mí, ni porque de regreso a casa me iba a mojar. Nada que ver. La frase invocaba la imagen de desastres y penurias que padecen aquellos que viven en los cerros.

Antes, la lluvia me hacía recordar momentos de mi infancia, de los días de invierno en Montevideo. Días que no sólo es frío, también es lluvia. Cuando leí en Cien años de soledad el diluvio macondiano, no me sorprendió que lloviera tantos días seguidos, con días y horas contadas, porque ese era el recuerdo de mi infancia. La lluvia era una eternidad, con su ruido incluido, y sabíamos exactamente que a tantos días y tantas horas se acababa.

Y a pesar de la lluvia, Arturo -mi hermano- y yo íbamos a la escuela. Allá el calor era gratis.

Isidoro es otra de las imágenes montevideanas que se me viene con la lluvia. Recuerdo su sonrisa agradecida por la amistad que le brindaba. Nunca supe qué quería ser cuando sea grande porque apenas lo conocí el año que se murió. Compartíamos la timidez y la edad de 10 años a pesar de que su cuerpo parecía de seis años. El era tan delgado que le llamábamos cariñosamente "Fosforito". Siempre se apartaba de todos, nunca dijo que vivía en una Villa Miseria, aunque su cara o su piel lo delatara. En Uruguay, ser negro -no sé si ahora- es sinónimo de pobre. Lo que Fosforito no sabía es que todos éramos pobres. Unos en mayor medida, claro está. Y la familia de Isidoro estaba en esa mayor medida. De los que viven sin techos, pues.

Con él compartí mi merienda y los juegos en el recreo. Fue así como llegué a entablar amistad y logré que me invitara a su cumpleaños. Cuando comenzó el invierno, Isidoro se enfermó (después me enteré que fue de los pulmones). Lo visité a su casa y le llevé las anotaciones de las clases que había perdido y las tareas que debía realizar para que no se retrasara y no perdiera el año. Era inútil. No tenía fuerzas para nada. Tan sólo para una sonrisa. A los pocos días llegó la lluvia y el frío o viceversa. Cosas que en nada favorecen a las enfermedades de los pulmones.

Qué terrible es la lluvia.

22.7.04

Sagrada realidad

Rodrigo Rey Rosa es conocido en el mundo literario como una promesa de la literatura, no sólo guatemalteca, sino latinoamericana. Es lo que llaman los académicos: “Una nueva voz”. Desde la década de los noventa su obra ha corrido con muy buena suerte hasta el punto de ser traducido al inglés por Paul Bowles, al francés y al alemán. Ningún lugar sagrado es una mirada de un guatemalteco que vive en Nueva York. Al principio de los cuentos podríamos caer en la tentación de pensar que es un escritor de reseñas de una ciudad que puede albergar a dementes que asesinan a sus room mates o de asesinos que le parten el cráneo a indigentes mientras duermen en la calle. Cosas que al parecer sólo suceden en las grandes ciudades y que, escritas con la crudeza de la realidad, podrían pasar como un texto que ya no afecta a nadie y, mucho menos, sorprender a alguien. Rey Rosa, sin embargo, no se queda en retratar una realidad, sino que con el uso del lenguaje, escribe para denunciar o para contar desde un lugar tan mítico o sagrado como pueden ser Nueva York o Guatemala.

Ningún lugar sagrado, Rodrigo Rey Rosa
Seix Barral, Biblioteca Breve, 1998.

El afecto según Tulio

En 1999 la palabra “afecto” tenía un significado muy diferente al que hoy tiene. Un sector político y mediático le da uso para nombrar a quienes están en la otra acera política. Una palabra como esa, Tulio Hernández nos la presentaba como un resumen de nuestros sentimientos sobre esta ciudad que amamos y odiamos. Pasiones encontradas sobre un mismo tema y por ello el título: Caracas en 20 afectos. Pero realmente son más los afectos que lo que cuenta el título porque las historias escritas van acompañadas de otras historias: las fotográficas. Es sin lugar a dudas un testimonio de una ciudad que parece no tener memoria, introducido por el texto magistral de José Ignacio Cabrujas, “La ciudad escondida”. Texto que una década atrás la Fundación Polar y Oscar Todtmann publicaran para presentar el libro Caracas, con fotografías de Gorka Dorronsoro y diseño de Álvaro Sotillo. Lo que Hernández no vislumbró en su momento fue que los autores que aparecen en este libro (que se parece a un libro-objeto, sólo para ser visto, pero no lo es), unos años después de su publicación, hoy por ejemplo, lo que menos se tienen entre sí es afecto.

Caracas en 20 afectos, Tulio Hernández (compilador)
Museo Jacobo Borges, 1999.

23.6.04

Pereira para vivir

La poesía de Gustavo Pereira siempre nos interroga y nos muestra otros lugares como propios. Avisa que la vida puede ser tan solemne como irónica, pero sobre todo, entendemos o intuimos que los poetas no son lo que parecen y mucho menos la poesía. Quizás le pedimos mucho a algo que puede ser tan sencillo como puede ser la vida, el amor o la muerte. Sentimentario es uno de los tantos somaris de Pereira que se disfrazan de poesía, que no son haikú, sino somari. Breves como el espacio y el tiempo cuando se juntan para decirnos que existimos en un instante. Juan Liscano había dicho en alguna oportunidad que “... Pereira deja entrever su dualismo existencial, esa soledad creadora que se alimenta de mundos y de hombres también aniquilantes. Alimentarse de lo que nos mata. Así mismo la humanidad se come al planeta que lo sustenta. El signo real de la condición humana sin esperanza metafísica es la antropofagia. Pereira no declina su fe en la esperanza humana. Se trata efectivamente de creer en el misterio de la condición humana...”. Sentimentario es poesía que no se esconde detrás de la palabra, ni en la incertidumbre aunque muchas veces lo aparenta.

Sentimentario, de Gustavo Pereira
Monte Ávila Editores Latinoamericana, 2004

Días de radio

La sociedad y la política pasa primero por ser voz en la radio. Si no es el primer medio de comunicación al que visitan hertzianamente, por lo menos es el lugar de más fácil acceso para los ciudadanos, y además, porque presienten que sus historias, al escucharla uno, también lo hace una gran audiencia, y todo ello, a través de una simple llamada telefónica, sin necesidad de desplazarse y de hacer colas inútiles. Allí, no hay papelitos de espera. El ciudadano de radio, antes que obsequiarle algo a su amada, llama a la emisora y le pide al locutor que le dedique una canción y que por favor diga que es para su novia que cumple años. Así como aquél, que en vez de ir a la policía o las instituciones públicas pertinentes para hacer una denuncia, primero quieren que la injusticia que le ha tocado vivir la sepa todo el mundo, en vivo y en directo. En el cine la radio ha sido abordada para mostrar nostálgicamente a un país o a una familia, pero también ha mostrado esa cara perversa que tiene la sociedad. Rosalía Winocur en su libro Ciudadanos mediáticos, aborda “la construcción de lo público en la radio” a partir de un estudio sobre Ciudad de México. Su reflexión sobre las nuevas formas de convivencia, de inclusión y exclusión social, así como las prácticas políticas y las relaciones de poder, nos ilustra que en nada se diferencia Caracas de esa gran capital que está tan lejos de Dios y tan cerca de los Estados Unidos.

Ciudadanos mediáticos, de Rosalía Winocur
Gedisa, Serie Culturas, 2002

20.5.04

Lugares de memoria

Juan José Saer es uno de los escritores argentinos contemporáneos más relevantes de la literatura de ese país que vive en Francia desde 1968. Esto quizás podría ser una explicación para quien quiere ser un escritor argentino, pero no. Es sólo un dato para entender la perspectiva de la narrativa de Saer que es tan vasta como diversa. El primer libro que leí de este autor (La pesquisa) me dejó sin aliento desde la primera página y al final uno termina comprendiendo que la literatura, aún siendo policial, puede ser un sueño. El segundo (El río sin orillas) fue un ensayo que se lee como una novela y el tercero (Lugar) es un libro donde los personajes que están en algún espacio de la memoria y del tiempo. Relatos breves que dan forma de un diario cotidiano de alguien que bien puede estar en Viena, Dakar, Uagadudu o Buenos Aires en momentos distintos, como suele suceder en la literatura.

Lugar, Juan José Saer
Seix Barral, Biblioteca Breve, 2000

6.5.04

Tener madera

Atanasio Alegre siempre está contando historias y para cada ocasión tiene una anécdota que puede complementar una conversación. Inclusive, hasta puede culminarla con mucha gracia. Su nueva novela El club de la caoba, que viene a formar parte de una trilogía con Las luciérnagas del cerro Colorado y de otro que estará por venir, nos reafirma esa gran capacidad de conversador, pero llevada a lo escrito, retratando a una sociedad que no le interesa lo que suceda allá afuera, que trata de olvidar un pasado. No importa si es a costa de la muerte o asesinatos de otros. Lo importante es vivir, aunque algunos no puedan hacerlo en un país donde todos son extranjeros: los que nacieron adentro, pero fueron desplazados hacia la ciudad, y los que vienen de afuera. Estamos hechos de minorías aunque parezca lo contrario. La gran diferencia reside en aquellos que lograron hacer dinero y aprovecharon la bonanza del país. Y para eso, al parecer, hay que tener mucha madera. El club de la caoba es una novela coral que en cada capítulo está comenzando la historia –como el país– porque todos los personajes tienen algo que mostrar. Ellos le advierten al lector que “la regla de oro es sobrevivir con el menor número de molestias”.

El club de la caoba, de Atanasio Alegre
Alfadil Ediciones, Ludens, 2004

29.4.04

Lágrimas por miedo

La violencia que se vive en América Latina muchas veces queda marginada del pensamiento porque solamente se retrata en cifras y gráficos, como tratando de mostrar alguna evidencia y no es precisamente para sentirnos orgullosos de quién lleva un mejor promedio en cuanto a muertes por armas de fuego en un fin de semana. La violencia ni siquiera es un motivo de competencia, no podemos decir que Caracas es más violenta que Sao Paulo o Bogotá. Tampoco nos consuela tener índices menores que otras ciudades porque lo que queda detrás de cada muerte, además del llanto, es el miedo. Y comprenderlo, es quizás algo que no alcanzamos a atisbar porque el miedo es algo tan cotidiano que nos hemos acostumbrado a vivir encerrados, pendientes de la tele o de la radio (medios destinados, según Martín-Barbero, a meternos más miedos), a comprar seguridad y a bloquear las calles para supuestamente tener mayor control y a excluir a los demás ciudadanos que no sean del vecindario o de la misma condición social. Ciudadanías del miedo tiene el valor de ser un libro singular puesto que nos entrega otra visión de la realidad de las ciudades latinoamericanas inmersas en violencia para decirnos además que vivimos con miedo y, algunas veces, hasta masoquistamente con humor.

Ciudadanías del miedo, Susana Rotker (editora)
Rutgers, Nueva Sociedad, 2000

Transeúnte

No es extraño que Leonardo Padrón consiguiera una fórmula entre poesía y ciudad porque él es un hombre de a pie. Si no anda en Metro va en carrito o en taxi, siempre es transeúnte con sus zapatos deportivos bien puestos por si hay que echar a correr. Su palabra está en la mirada de una calzada, pero no en la calzada en sí, sino en las piernas que se alzan, en las faldas que bailan al ritmo de un cruce de calles. Poesía para buscar el amor o para extraviarse. En Boulevard no hay belleza ni ríos prístinos, los bares son una excusa para la travesía o el recuento de un crimen y los ocasos son vistos desde la perspectiva de vivir en un piso alto –que no es lo mismo que presenciarlo desde PB–. Padrón es un poeta en una ciudad –o en un país– donde los poetas ya no cuentan y Boulevard no es un canto, sólo es poesía.

Boulevard, Leonardo Padrón
Colección La Diosa, 2002

7.4.04

Malas noticias

Bogotá está punto de ser tomada por la guerrilla. Quizás sea ficción, pero antes de prender la tele e indagar en CNN de la certeza de la noticia, es preferible internarse en la lectura del último libro de Santiago Gamboa: El cerco de Bogotá. Quizá el lector entienda que es puro cuento, pero también podemos comprender que es una realidad, que pudo haber sucedido o que es algo que está pendiente. Realidades que sólo parecen suceder en tierras lejanas y desconocidas, en vivo y directo o en tiempo real, pero que también puede sucederle a nuestro vecino país. Y como en estos tiempos está visto que cualquier cosa puede suceder y la realidad muchas veces supera a la ficción, Gamboa se adelanta, por si acaso. Y si no llega a pasar nada, no importa. Sólo era un cuento, acompañado de otros donde los periodistas son personajes de historias de amor, asesinatos frustrados y aeropuertos tristes.

El cerco de Bogotá, Santiago Gamboa
Ediciones B / Ficcionario, 2003

25.3.04

Las pistas del azar

Umberto Eco nos recuerda constantemente que las ciudades de las que nos hablan los escritores en sus novelas generalmente son imaginarias. Las calles que nombran no cruzan con las calles que realmente deben cruzar, mas sin embargo el cruce, la esquina, existe en realidad. En las novelas de Paul Auster los personajes se pasean por ciudades imaginarias (Manhattan, Brooklyn). Si queremos seguir las pistas de sus personajes según el mapa que nos dibuja, no sólo nos perderíamos, sino que no llegaríamos a ningún lugar. Allí lo que importa, más que la ilusión de recorrer una ciudad, es el azar del recorrido. Que a pesar de ser ciudades ordenadas, sistematizadas, con mapas en cada estación del metro, uno llega al lugar que desea por pura intuición. (Para uno, acostumbrado a tener como norte al Ávila, orientarse parece tarea sencilla, pero en una ciudad donde la montaña no es más que un acto de fe, sólo nos queda que el azar se cruce con nuestro destino para llegar a buen puerto). Es así como nos conduce Auster en su última novela, El libro de las ilusiones, con una azarosa premeditación hacia unos parajes –incluidos libros y películas mudas– en la búsqueda de un hombre que se ha borrado del mapa.

El libro de las ilusiones, Paul Auster
Anagrama, Panorama de narrativas, 2003

6.12.02

Pepe Rodríguez a secas

Pepe Rodríguez es un autor que incomoda. Sus libros son una afrenta para quien va dirigido y, sin embargo, piensa él, no se dan por aludidos. He aquí algunos de sus títulos más polémicos: La vida sexual del clero (1995), Mentiras fundamentales de la Iglesia católica (1997) y Adicción a sectas (2000). Fue así como entró en el temible índice del Opus Dei. Aunque le causa gracia a Rodríguez, para quienes pertenezcan a esta organización, todo lo que él escriba -así sea un recetario de cocina- está prohibido comprarlo y mucho menos leerlo. Pepe Rodríguez está prohibido a secas.

Sus libros bien podrían considerarse meramente comercial por como reza cada uno de sus títulos, pero si algo tiene Pepe Rodríguez es el resaltar que detrás de cada uno de ellos existe una ardua investigación periodística. “Mis libros son un camino. En la medida que lo voy escribiendo, voy cambiando. En ellos puedes encontrar diferentes niveles de lectura, diversas ópticas para que él lector se forme su propia opinión.”

-¿Por qué una persona que tiene por nombre Pepe, que es un nombre tan católico, se mete tanto con la Iglesia?

-Algún día le haré un homenaje a ese hombre que es el más maltratado en la historia de la humanidad. Considerado un cretino al margen de la realidad. Y un judío y varón, no podía estar al margen de su familia. Tengo esa deuda con este hombre.

-¿Te sientes orgulloso y muy a gusto con el nombre de Pepe?

-Es que si alguien me llama por José, ni me doy por enterado. Para mí es cualquier otra persona. Yo me identifico con Pepe y estoy haciendo los trámites para que en mi pasaporte y en mis documentos legales aparezca él nombre con el que me siento identificado y no, José, como lo tengo hasta ahora.

-Si uno no conociera al autor, llegaría a creer que es un seudónimo donde están amparados un grupo de escritores. O como el caso de Isaac Asimov, que firmaba libros que otros escribían.

-Se que eso existe y me parece deleznable. Yo solo justifico que otros te ayuden en las investigaciones y que le aporten a uno, como escritor, resultados. Pero en mi caso no es así, porque escribo lo que me interesa y porque parten de una curiosidad extrema. Al querer entenderlo todo me pongo en un fregao (sic) porque si quiero comprender un comportamiento tengo que tener una base en sicología o en sociología para poder tener una idea clara de los tipos de conductas.

-Eso convierte a Pepe Rodríguez en un renacentista, que así como se era escritor, también la persona era químico, matemático, filólogo y astrónomo.

-En aquel tiempo era más sencillo, porque se podía saber casi todo, pero hoy, por más que quieras, te das cuentas que es imposible.

-La curiosidad extrema llevó, en esa época, a que una persona realizara estudios diversos.

-A mí en lo particular me gustan comprender tres o cuatro cosas. Por ello, mis libros están sumamente documentados y es por una sencilla razón: no me gusta quedarme en la superficie. A mí no me interesa el relato sino el haber comprendido el fondo del asunto.

-¿Para una persona reconocida es muy fácil conseguir las fuentes?

-No siempre. Muchas veces, más bien, se te cierran las puertas de adelante, pero uno siempre consigue entrar. Así sea por la de atrás. Siempre hay una puerta que se te abre.


El silencio de la Iglesia

-¿Pederastia en la Iglesia católica (2002) lo empezó a escribir a raíz de los escándalos con los sacerdotes en Estados Unidos de América?

-Realmente ya lo había tocado en mis libros anteriores y era una puerta que había dejado abierta. El hecho de que hayan aparecido recientemente en la prensa de Estados Unidos casos de pederastia no es nada nuevo. Ya existía con anterioridad sentencias judiciales a sacerdotes sobre estos delitos, pero la gran prensa no había querido mostrarlo a la luz pública. Y lo escribo porque eso sucede no solo en Estados Unidos. No vayamos a ilusionarnos que los pervertidos sólo existen en ese país. También hay casos en España, Francia, como en Venezuela o cualquier parte de América Latina. No nos creamos unos santos. Y esto sucede esencialmente porque existe una complicidad de la cúpula de la Iglesia que no quiere admitir que dentro de sus clérigos hay faltas graves, que afectan la dignidad del hombre y sobre todo del creyente, porque de quienes han abusado y violado, esencialmente, es a personas muy católicas que han depositado su confianza en su guía espiritual y que al traste, más bien es un delincuente, un corrupto.

-¿Ha logrado que los implicados en sus libros hayan cambiado?

-Definitivamente, no. Ellos son patológicamente prepotentes. Hagas lo que hagas y digas lo que digas, para ellos, uno está equivocado porque en ellos no hay posibilidad de equivocación. Especialmente para este Papa y por el prelado impuesto por él, que consideran que mis líneas son un pecado, una traición a los textos evangélicos. Pero a mí eso no me preocupa, sino mas bien el encubrimiento y la vista gorda que han hecho las cúpulas de la Iglesia sobre estos actos criminales.

-¿Quiénes son los que te han escuchado y han cambiado?

-Con el último libro, Morir es nada (2002), han cambiado quienes lo han leído. Es decir, aquellos que estando al borde de la muerte han comprendido que no es necesario tanta angustia ni drama por este hecho natural. Al final, todos morimos. Lo importante es prepararnos para este evento que nos llega a todos por igual. Pero no sólo debe preparase quien está esperando su turno, sino también quienes le acompañan.

-¿Y por qué esa necesidad de prepararse para la muerte?

-Porque sencillamente no hemos aprendido a vivir. Muestra de ello es que lo hemos desmejorado todo.

-Quién más lo ha escuchado.

-Los antropólogos y los sociólogos consideran que Dios nació mujer (1999) es un clásico. Los utilizan en sus clases como referencia obligada. Algunos se han preguntado más de una vez por qué a ellos no se le ocurrió tratar ese tema si era muy evidente. Y no es un tema metafísico, sino cultural. He investigado las culturas, el lenguaje, los mitos y ritos para entender la deidad y por qué se arrebata la visión de Diosa hace miles de años para ser reemplazado por la de un varón. También los psiquiatras utilizan como libro de texto para impartir sus clases Adicción a sectas y para comprender el complejo mundo de la adicción.

-Pero la Iglesia no te reconoce nada a pesar de las denuncias que escribes en tus libros.

-La Iglesia está muy lejos de reconocer muchas cosas que son evidentes. De hecho, quienes me han excomulgado no han leído ni una línea de mis libros. Pero cuando te hablo de la Iglesia, estoy haciendo referencia a sus líderes, a la elite, porque una buena parte de mis lectores son católicos, inclusive muchos sacerdotes han leído mis libros y me escriben para señalarme algunas consideraciones o para compartir información porque, en definitiva, yo no tengo una postura anticlerical sino que analizo lo que sucede en la Iglesia desde una postura externa pero con un gran conocimiento de lo interno.

-¿Qué ha logrado con esta postura crítica?

-Hasta el momento nadie se ha sentado a debatir conmigo para decirme que no tengo razón. Lamentablemente la cúpula de la Iglesia católica lo que ha hecho es actuar como una mafia para que mis libros no se conozcan pero por suerte no han tenido éxito.

-Y además, logró que un sacerdote le escriba el prólogo de Pederastia en la Iglesia católica.

-Cuando escribía el libro, supe de la honestidad del Padre mexicano Alberto Athié que fue desterrado de su comunidad por intentar que se diera a conocer al más importante de los pederastas de la Iglesia: el fundador de “Los legionarios de Cristo”. Ese individuo abusó de decenas de seminaristas hace muchos años y hoy sigue sin existir castigo gracias a la bendición del Papa.

15.9.02

La mujer de mi hermano es un exit

Jaime Bayly se presenta con su sonrisa habitual. Una mirada que entendemos es de sospecha, de ironía pero cuando nos extiende su mano para el saludo comprendemos que es de amabilidad. Su hablar es pausado mientras acomoda sus lentes o el cabello cuando se desperdiga en su frente. Maestro en el arte de hacer preguntas, responde con frases cortas para eludir el tema.

-Un escritor tiene que vivir donde mejor escriba y no dónde nació, que es más bien un accidente geográfico.

Así cerró el capítulo de por qué no escribía en Perú. De igual forma lo hizo con la pregunta sobre política, visto que los escritores peruanos –esto es una generalidad- y en especial Vallejo, Mariátegui y Vargas Llosa, cada uno, desde su posición ideológica, optaron por participar en política.

-No soy político porque soy escritor. Demasiado ha sufrido el Perú para que venga yo a flagelarlo.

Aunque le hubiera gustado ser un “embajador itinerante en Londres, Washington o cónsul vitalicio en Miami”. Tampoco se considera un intelectual porque escribe “desde la pasión, desde las entrañas”.

Si hubiera escrito Cien años de soledad no estuviera dando esta entrevista –confiesa y se sonríe-. "Viviera frente al Central Park en Nueva York."

Por lo pronto se siente conforme con lo que hasta ahora ha publicado: No se lo digas a nadie (Seix Barral, 1994), La noche es virgen (Anagrama, 1997, Premio Herralde), Yo amo a mi mami (Anagrama, 1999). Antes de La mujer de mi hermano (Planeta, 2002), publicó en internet Los amigos que perdí (Terra.com, 2000).

-Un escritor debe escribir hasta en la paredes. Es como una condena que uno tiene que cumplir y si la evades puedes sentirte sumamente infeliz.

-Qué opinión te merece la afirmación de Faulkner de que un buen escritor escribe cuentos y uno malo, escribe novelas.

-Escribir un buen cuento es más difícil que escribir una novela, de eso no tengo ninguna duda. Pero escribir una novela tampoco es nada fácil. Si bien coincido con Faulkner en esa apreciación, creo que es un juego literario. Más aún, porque viene de un de los grandes escritores de novelas.

-¿Todo lo que escribes lo publicas?

-No. Todo lo que he escrito no le he publicado. Cuando era joven escribí unos cuentos que nunca publiqué porque no pasaron el control de calidad.

-¿Lo has desechado?

-Si, lo he desechado.

-¿No queda ningún vestigio?

-Sólo en la memoria. Son cosas que pude haber escrito en otro momento de mi vida, no siempre desde la lucidez y eso está ahí. Tiene un valor sentimental pero no creo que tenga ninguno literario.

-¿Por qué el tema de un triángulo amoroso?

-La mujer de mi hermano es una historia de amor, más no es una historia rosa. Es más bien una reflexión sobre el daño que hace la mentira. Sobre la cobardía, el dolor, la infelicidad que suele ser la consecuencia de la represión, la negación de tus deseos, la duplicidad moral. Otras novelas mías, son escritas desde la trasgresión, la rebeldía, la afirmación de sus apetencias o deseos que muy oscuros o prohibidos que ellos sean. Sin embargo, en es una radiografía del armario de la represión, de las culpas. Yo creo que casi todo lo que ocurre en la novela, de la infelicidad de la que está impregnada la trama, es una consecuencia de las represiones que son formas de mentiras.

-¿Por qué Jaime Bayly tiene la necesidad de escribir sobre las represiones, las culpas y las mentiras?

-Porque está en mí. Son parte de mi sensibilidad, mis obsesiones y mis demonios. Uno no elige a sus demonios ni tampoco escogemos las obsesiones. Ellos más bien te asaltan desde la penumbra y te inquietan y te atormentan. Por eso uno escribe, ¿no?

-¿A qué tipo de lector va dirigido tu novela?

-Hombre, yo no escribo para un lector erudito, ni para los profesores universitarios, ni para los críticos académicos. Escribo para el gran público. A mi me gusta que me lea todo el mundo y sobre todo, me emociona que me digan “yo no leo y te leí”, “me atrapó”. Esencialmente me gustan las historias que estén contadas con sencillez y eficacia, y que puedan tocarte el corazón.

-¿A quién le temes más: a la crítica o a los lectores?

-Me temo más a mí. Si hay algo que todo escritor debe aprender es a importarle más su propia voz que la de los críticos, que es una voz muy respetable, y la de los lectores, que es al final de cuentas un monstruo de mil cabezas. Pero a la voz que debes serle fiel y a la que no debes desoír nunca es a tu propia voz.

-¿Pareciera que has hecho un corte con esta novela?

-Es un exit, un desvío en la autopista autobiográfica de mi literatura.

-¿Qué vendrá ahora?

-No tengo idea pero presiento que esta novela no es sólo un desvío pasajero sino una manera de encontrar otro camino.

29.8.02

No es un pecado que un libro sea divertido

Las novelas de Santiago Gamboa son como un road movie, sus personajes nunca descansan y andan de un lado para otro. Van desde un extremo el otro de la ciudad tras la pista de los autores de un brutal crimen (Perder es cuestión de método, Norma, 1997). Pueden estar en Bogotá como en una habitación en París pasando el frío hereje un invierno cualquiera haciendo historia de la historia de su vida y del país (Vida feliz de un joven llamado Esteban, Ediciones B, 2000). Todas sus novelas no son una porque cada una de ellas tiene una historia muy particular. En Los impostores (Planeta, 2002) los personajes, desde distintos lugares y continentes, deciden viajar al mismo lugar: China.

Gamboa debutó en las letras colombianas con su novela Páginas de vuelta (Norma, 1995) y fue considerado como una de las voces más innovadoras de la nueva narrativa. Hoy mira con distancia su primera novela por considerarla muy racional "sobre lo que una novela debe ser".

-Aunque allí hay historias, me vi influenciado por lo académico. Hay unos juegos en su composición que distan mucho de lo que posteriormente realicé y que me llevaron a concebirla desde el placer”.

-¿Cómo se salva Santiago Gamboa de escribir una literatura tediosa?

-A finales de los 70 existía la idea de que había dos mundos que estaban reñidos: las novelas de aventura y la de reflexión. Los que abogaban por la novela de reflexión, influenciados por las corrientes académicas francesa, decían que las de aventuras y de acción estaban a la altura de los libros de bestsellers. También suponían que en ellos no había ideas ni concepciones sobre el mundo, introspecciones muy profundas sobre el ser humano cuando realmente eso no es cierto porque existen autores magistrales que han abordado la novela de aventura, intriga y suspense como lo fueron Ernest Hemingway, Graham Greene, Joseph Conrad, donde sus libros son ligeros, entre comillas, en la medida que los personajes son llevados por acciones e intrigas pero al mismo tiempo plantean propuestas estéticas, ideas y reflexiones. Soy de los que cree que la literatura debe tener una historia y eso durante algún tiempo se perdió. Es por ello que vimos novelas intimistas, donde lo primordial era la reflexión, el discurso. Los personajes estaban absolutamente desdibujados y no pasaba absolutamente nada. Algunos querían representar las corrientes filosóficas o políticas que militaban pero se olvidaban que lo que hace una novela es que el lector se reconozca en ellas, en las historias. Es por ello que ahora no es un pecado que un libro sea divertido.

-¿Llegaste a esta conclusión porque estudiaste literatura?

- Conocer de literatura lo que puede ayudar es a refinar el gusto, a ser más exigente con lo que escribes, a conocer los elementos claves que conforman la novela de Kafka. Pero esto nada tiene que ver con escribir bien o mal las historias. Con el tiempo comprendí que había una especie de temperatura que exigen los personajes de una novela para que entren en complicidad el escritor y el lector. Esa complicidad es la pasión.

- En tu novela Perder es cuestión de método el detective Aristófanes Moya es una persona culta, ¿es cierto que los bogotanos son muy cultos?

- Hay una tipología humana en Bogotá que le da mucho valor a la cultura. Aún si no la tiene, pretende imitarla. Este personaje del detective lo que le da es una atmósfera humorística porque su sabiduría reside en las referencias populares, que pueden llegar a definiciones o discursos que tienen personas que han estudiado. Sus referencias son “como decía mi abuelo”, o frases rescatadas de la tradición oral, de las canciones populares, de los dichos que de algún modo explican la vida. Cuánta gente no te contradice algo basándose en una canción de Pedro Infante. Es similar a las referencias cultas si la miras desde muy cerca.

- ¿A qué se debe la predilección por escribir novela negra?

- A mi me gusta mucho la intriga. Literariamente es muy interesante porque genera una complicidad entre el autor y el lector porque llama a una parte de la persona que es la curiosidad. A través de ella, tu vas dejando pistas que el lector las va develando en la medida en que avanza con la lectura y eso te permite contar otras historias que el lector las va siguiendo con el mismo placer. Al lector hay que darle algo que siga leyendo porque de otro modo sería un acto de fe. El lector no tiene la culpa de que yo haya decido ser escritor.

- ¿Cuando escribes piensas en algún lector ideal?

- Cuando pienso en el lector ideal pienso en mí como lector porque cuando escribo una novela no tengo muy claro cómo va a ser. Es decir, tengo alguna noción de cómo voy a empezar, cómo continuar y hasta cómo sería el final, pero no sé exactamente la historia total. Cuando escribo comienzo un proceso de búsqueda porque no lo tengo todo en la cabeza. Y una vez que termino de escribirla yo soy el primer lector. Ese es un tipo de escritor, así escribo yo. Hay otros, como Luis Sepúlveda, que tiene toda la novela pensada, es decir, que primero hace el proceso de búsqueda sin escribir. El te cuenta toda su novela con una cerveza en la mano. Después se sienta a escribirla y en tres meses tiene el libro.


Gabo no pesa tanto

Santiago Gamboa media entre la literatura y el periodismo, como muchos escritores. Su más reciente novela, Los impostores, es el resultado de unas lecturas que realizó en China y de algunas anécdotas que surgieron en ese viaje para escribir un libro por encargo: Octubre en Pekín (Ediciones B, 2001). No es la primera vez que le sucede esto a un autor. Como dice Gamboa, “salvando las distancias, a Graham Greene le encomendaron que escribiera sobre México y lo mandaron para allá y publicó Camino sin ley. Posteriormente, como resultado de esa vivencia escribió la novela El poder y la gloria”.

El primer libro -si se quiere llamar- periodístico de Santiago Gamboa es Jaque mate (Norma, 1999). Gabriel García Márquez recomendó al general Rosso José Serrano Cadena para que Gamboa escribiera cómo fue que le ganó la partida a Gilberto Rodríguez Orejuela, “El Ajedrecista”, y a los carteles del narcotráfico en Colombia.

-La crónica y el reportaje, es una forma de literatura como dice García Márquez. Es por ello que me va muy bien andar entre esas aguas y sobre todo porque te ayuda a estar ejercitando el músculo de la escritura. Cuando me encomiendan escribir Jaque Mate para mi fue una experiencia muy particular porque conocí de algún modo lo que rodea a García Márquez, su estudio... Es el autor de por lo menos uno de los libros más importante de la literatura universal.

-¿Pesa mucho García Márquez sobre los escritores colombianos?

-En los escritores de mi generación no, porque nosotros cuando lo leímos, él ya era un clásico de la literatura. Sin embargo, los escritores de hace dos o tres décadas, sentían la respiración de García Márquez por encima del hombro cuando escribían. Era muy angustiante para ellos tener a ese enorme mundo, pesadísimo, casi total y tener que escribir otras historias compartiendo el mismo mundo. Imagínate el drama de algún escritor de Cartagena que vino después de García Márquez. Cuando leí Cien años de soledad, apenas tenía catorce años y de ahí a cuando empecé a escribir hay mucha distancia, por eso nunca me preocupó y nunca lo consideré un escritor contemporáneo. Aunque en literatura no es como el deporte que llegada una edad dejan sus marcas y se retiran para que vengan otros a superarlas. En literatura, el escritor escribe hasta el último momento de su vida.

-¿Pero en los escritores de tu generación no hay influencias de García Márquez?

-Indudablemente que las hay, pero no en la escritura sino como modelo de lo que es capaz de hacer un escritor. Hace poco estuve en Siria en un congreso sobre literatura y escritores sirios hablaban de la influencia que él había ejercido en su obra. Eso es un escritor que crea un mundo y es el ejemplo que hay que seguir de él.

-¿Hay que ser un impostor para hacer literatura?

-Es una forma de comprender el oficio de escribir. La impostura es la necesidad que puede sentir uno como creador de desdoblarse y exponer ideas y situaciones en otros personajes para que de laguna manera brillen más, sean más eficaces y para crear un mundo a partir de experiencias personales. Mario Vargas Llosa en su libro La verdad de las mentiras nos expone que la literatura se basa de alguna manera en algo que nosotros llamamos mentiras. Lo que sucede en los libros a nadie le preocupa si fue o no fue verdad. Y todo el mundo sospecha que no fue verdad. Pero como la literatura es un mundo paralelo, a través de las mentiras se llegan a verdades.

11.8.02

Libros es igual a desayunos

–Soy editor porque es lo único que se hacer –pronuncia estas palabras Leonardo Milla, presidente ejecutivo de Alfa Grupo Editorial, y lo dice como si fuera poca cosa e inmediatamente se ríe de sí mismo.

Bajo el sello de Alfadil Ediciones acaba de presentar la novela El complot de Israel Centeno y tres libros sobre el acontecer político nacional, cuya primera entrega versó sobre Chávez: La sociedad civil y el estamento militar; le siguió: Chávez y el movimiento sindical en Venezuela, y culmina con Chávez y los medios de comunicación social.

En su hablar no hay pretensiones de dictar cátedra sobre el mercado editorial aunque las reflexiones vienen dadas de su experiencia como librero, distribuidor y editor. Cada vez que va a hacer algún énfasis en la conversación, toma una bocanada de aliento y levanta las cejas:

-En épocas de crisis sobresalgo, en cambio, en la bonanza paso desapercibido. Eso me reconforta porque significa que uno a sido persistente como editor. Y si hoy estamos pasando por una época difícil, no es hora de lamentarnos. O por lo menos, ese no debe ser el papel de nosotros.

-¿Por qué publicar libros sobre Chávez si el mercado editorial está saturado sobre este tema?

-Lo importante es entender que el libro es el pensamiento y si lo publicamos en la medida en que se van dando los procesos, entonces el libro pasa a ser el ágora donde pueden confluir diferentes ópticas y sobrevivir a la discusión. Con el primer libro, La sociedad civil..., los libreros lo rechazaban porque asumían una posición personal. No querían saber más sobre el asunto y nos devolvían los paquetes sin abrirlos. Con el segundo libro, El movimiento sindical..., sucedió lo contrario. A raíz de éste, empezaron a buscar el primer libro porque se percataron que los lectores estaban tras la búsqueda de un análisis que trascienda lo que cotidianamente nos presentan los medios.

-¿El complot corrió con la misma suerte?

-Superó nuestras expectativas. Sobre todo porque el escritor venezolano no está muy bien visto dentro del mercado editorial. Hay un rechazo que salvo contadas excepciones logran superar esta barrera. Israel Centeno con la novela nos ha dado una grata sorpresa, no sólo en el ámbito comercial, también en el literario. Este es un libro que apenas al leer las primeras líneas, te das cuenta que estás atrapado en su lectura y de una sola sentada lo has terminado de leer. Cuando Centeno me lo presentó, no dudé ni un segundo. Era el libro que estaba esperando para publicarlo.


Libro = Desayuno

Milla a lo largo de la conversación muestra pasión y humor negro sobre los libros.

Hace apenas unos meses que su oficina y el depósito de sus libros sufrió el percance de un incendio. En la acera de enfrente viendo cómo la humareda se disipaba después del fuego pudo haber pensado que todo se había acabado. Pero no hay fuego que aplaque su condición innata para perseverar con los libros. Oficio que viene desarrollando desde que tenía 12 años. A esa temprana edad acompañaba todos los días a su padre a vender libros en la Plaza Libertad de Montevideo, Uruguay.

-Recuerdo que yo desayunaba con la venta del primer libro del día.

Mientras Leonardo Milla hacía sus pininos como buhonero, su padre se reunía a un costado de los tablones llenos de libros con intelectuales uruguayos. Así fue como conoció a Mario Benedetti y a Emir Rodríguez Monegal, entre otros. Dos años después, su padre abre una librería en Montevideo y seguidamente crea el sello Editorial Alfa, que vino a ser una de las más importantes en América Latina desde la década de los 50 hasta los 80.

-Mi padre era un excelente librero y un intelectual autodidacta. Mientras yo vendía libros, él hacía una revista donde colaboraban firmas de la talla de Albert Camus y Octavio Paz. A los 20 años de edad, ya era un competidor –interno- para mi padre y comenzamos a tener discrepancias en el manejo comercial de la librería. Como comprenderás, nunca tuve una bicicleta gracias a que él utilizaba todos los fondos para fines editoriales, donde el retorno del dinero es a largo plazo. Pero su visión de la cultura, de la sociedad y de la política me dejó marcado de por vida. Es muy difícil desligar las vivencias, el entorno y ser un editor que no le preocupe la realidad que nos acontece. Es por ello que hoy publicamos esencialmente ensayos sobre temas sociales y políticos, y por esa misma razón, hace años creamos el Premio Hogueras para periodistas.

Para Milla, en el negocio editorial “siempre tiene que haber un punto de equilibro” y esta la genera las ventas de los libros de autoayuda y de espiritualidad. “Los libros que he publicado de este género han sido concienzudamente estudiados y revisados. Es por ello que en nuestro catálogo no vas a ver un libro de autoayuda editado a la ligera o porque está de moda”.

-Y sobre Chávez ¿cuántos libros más va a publicar?

-Con esta trilogía cerramos el ciclo de Chávez.

18.7.02

La Constitución debe ser un libro erótico

Carlos Monsiváis entró al auditorio del Celarg como si se hubiera equivocado de sala. Si llegó hasta el escenario, no era porque el camino estaba claramente trazado, sino, más bien, porque los asistentes que estaban atrás de él, prácticamente lo llevaron a empujones. Las personas se apresuraban a sentarse y reservaban los puestos vecinos como si él les fuera a quitar el asiento.

Subió al podium con la cabeza gacha. Un escritorio gris estaba en el centro y una silla del mismo color combinaba con su traje y su cabello. Miró al auditorio sin poder ver a nadie. Extendió sus piernas y las cruzó como si estuviera en su casa. El auditorio estaba en total silencio.

Monsiváis develó lo que hasta ese momento era un misterio para el público: el tema de su discurso. Quienes organizaron el evento sabían que él arrastraría público, no sólo por sus reflexiones sobre literatura y cultura es reconocido, además de divertido; por declarar admiración al sub-comandante Marcos y a Gloria Trevi -en su momento-; por aparecer en un video clip de Luis Miguel o por las ironías que destila cuando habla sobre política y televisión. Sin embargo, existía el temor de que nadie viniera si decían que hablaría sobre la literatura mexicana. Triste dilema que nunca podrá dilucidarse.

-La demografía se ha ampliado pero se ha restringido la lectura gracias a que el imperio de los medios electrónicos sólo enseña el culto a la tecnología y al neoliberalismo. La penetración de la imagen electrónica ha hecho que abandonemos la fe individual, mientras que el pesimismo de los letrados, la devastación económica y la crisis política, están conformando una sociedad civil que paradójicamente anda en busca del autoritarismo.

Su discurso es un cóctel de aforismos. Critica a la literatura y al neoliberalismo al mismo tiempo y sin ningún pudor.

"Al neoliberalismo le interesa el encumbramiento de una minoría."

"Mucha de la poesía que se escribe ya estaba escrita."

"Existe un desprecio neoliberal por la humanidades."

"Ir al diccionario es exiliarse."

"Ser universitario es una limitación para conseguir empleo."

"¿Quién es el autor de la novela María de Jorge Isaacs?"


Y entre frase y frase, el público se ríe y hace silencio.


La vida como melodrama

La televisión es uno de los temas que no deja de abordar cuando habla de cultura, así esté hablando de literatura. En su hablar pausado podemos entender que entre la sociedad y la televisión se desconoce cuál es el espejo. “La sociedad de hoy carece de sentido de culpa frente a su amnesia: a nadie le duele no recordar a los famosos de la TV; tiene más información a su alcance y más ganas olvidarse de los hechos informativos; y es más tolerante, más abierta, más crítica y mucho menos segura de su porvenir inmediato”.

Monsiváis no duda de que es posible pasarse la vida sin leer. “No existe un sentimiento de culpa de los iletrados” gracias a que la televisión ha utilizado con eficacia persuasiva el discurso de folletín: el melodrama.

-La familia latinoamericana está normada por frases y gestos del melodrama televisivo. Es muy común escuchar: “Si te vas por esa puerta, olvídate que soy tu padre”. “O te acuestas conmigo o te acuso con mi madre”.

-¿Ud. consideraría que los políticos utilizan el lenguaje del melodrama para ser más eficaces a la hora de captar más adeptos?

-No sé si son eficaces, pero un presidente dijo en plena Asamblea: “Yo defenderé el peso como un perro”. Así como ningún presidente ha dejado de besar la Constitución en público o ante las cámaras de televisión. No hay dudas de que ese libro debe ser muy erótico. También hay quienes besan una cruz.


País riesgo literario

En tiempos de globalización todo intelectual que se preste, debe tener una posición sobre el asunto: “Hay que humanizarla”.

-Resistir es como retroceder a la era pre-tecnológica. Hay que ser global localmente.

El subdesarrollo sólo se ha evidenciado en Latinoamérica en lo económico porque en materia de literatura no hay señales de lo que padecen nuestros pueblos económica y socialmente. Más bien, hemos logrado no ser catalogados como un “país riesgo literario”, aunque los políticos y gobernantes cuando hablan pongan todo su empeño.

-Si Cantinflas no fue un modelo, sí fue un profeta de los tiempos por venir. ¿Quién es más cantinflesco, Cantinflas con: "Hay momentos en la vida que son verdaderamente momentáneos" o Alfonso Martínez Domínguez con: "El PRI llega a los lugares en donde la mano de Dios no ha puesto el pie".





MEZCAL MONSIVÁIS

El destino y el olvido
El destino del mexicano y del ruso y del venezolano y del australiano está marcado por el olvido, sin el olvido la humanidad sería un interminable servicio funerario donde todos nos la pasaríamos recordando a los que ya no están y a los que todavía no llegan.

Héroes y TV
De la Independencia y de la Revolución surgen los héroes nacionales pre-tecnológicos, a partir del imperio de la tecnología el heroísmo verdadero radica en la capacidad de los medios electrónicos, no en las personas. La TV no produce héroes ni heroínas, produce profusamente adornos de esa verdadera saña que es la posibilidad de aburrirse teniendo a disposición 50 canales.

Ídolos
Si alguna vez dije que "El Santo, El Enmascarado de Plata" es un ídolo es porque me gusta decir obviedades.

La Trevi
Admiré a Gloria como un fenómeno de juventud, de energía y de enorme desenfado. El proceso me mostró a una joven exactamente opuesto de lo que se había visto en los escenarios y los discos.

Gatos
La oportunidad de ver la belleza indolente en movimiento.

Filosofía y tacos
Un filósofo que come tacos es como un financiero que se gana la vida con el sudor de su frente.

Zapatistas
El Movimiento Zapatista ha ayudado a los indígenas a hacerle ver al país la monstruosidad del racismo que hemos padecido y que seguimos padeciendo. Desde el 10 de enero de 1994 el EZLN no ha disparado un tiro. Esa voluntad de paz me parece una contribución inestimable.

17.6.02

La imaginación es más peligrosa que la realidad

Alzar el vuelo (Primer intento)

Resumir la vida de un hombre es una tarea ardua. Es por ello que me resisto a decir que Tomás Eloy Martínez, el autor de El vuelo de la reina, Premio Alfaguara de novela 2002, nació en Tucumán, Argentina, en 1934, escribió libretos para el cine y la televisión. Si dijera eso, caería en la tentación de decir que fue crítico cinematográfico en el periódico La Nación e integró el equipo de dirección del semanario Primera Plana, antes de dirigir La Opinión Cultural y la revista Panorama y formó parte del equipo creador del diario Página 12. Todo esto lo hizo en Argentina, mientras que en Venezuela, donde vivió entre 1975 y 1983, fundó El Diario de Caracas e implantó el estilo del nuevo periodismo en este periódico. Actualmente es colaborador de El Nacional de Venezuela, El País de España y The New York Times de EEUU.

Hasta aquí, la vida ha quedado resumida en unas cuantas líneas y todavía no hemos contado las otras novelas que ha publicado: Sagrado (1969), La novela de Perón (1985), La mano del amo (1991) y Santa Evita (1995). También publicó un libro de relatos: Lugar común la muerte (1979) y otro de trabajos periodísticos: La pasión según Trelew (1974). Dejemos que corra su voz.

Levantar el vuelo (Segundo intento)

Mis inicios en la literatura comienzan a los 11 o 12 años. Vivía con mis padres en una casa en las montañas cerca de Tucumán. Todos los días íbamos a la ciudad en las mañanas porque allí quedaba la escuela, al mediodía almorzaba en casa de mi abuela con mis hermanas y en las tardes, alguien nos llevaba a casa.

Un buen día aparece un circo y le pido permiso a mi padre para ir y el me lo niega aludiendo que allí sólo dicen obscenidades. De todas maneras fui. Llegando a la carpa de telones raídos había gitanas que leían la mano, las cartas, gente que vendía bebidas que curaban todo tipo de mal incluyendo el reumatismo.

En la entrada del circo me sorprendió ver una chica que estaba en una écuyère. Era delgadísima y pálida. Vi la función de los perros, los malabaristas, un espectáculo de poca monta que, para un niño de esa edad, es toda una revelación. Al final del espectáculo, el dueño invita a los asistentes a la obra de teatro La tísica. En ese momento debí haberme marchado del circo para llegar a tiempo a la casa de mi abuela y no quedar al descubierto pero me quedé porque la protagonista era la muchacha delgada y pálida de la entrada de la que había quedado prendado.

Cuando terminó la obra era tardísimo y en casa todos estaban preocupados. No era para menos. Me habían buscado por todos lados, en los hospitales, en la policía. Mis padres me pusieron un castigo inmisericorde: cero cine y cero lectura de libros por un mes. Fue entonces cuando decidí escribir en relatos el rencor y lo injusto que eran conmigo. Sin embargo, el mundo de la ficción se me abrió gracias a que al lado de la casa de mi abuela vivía un anciano coleccionista de estampillas, con el que me encerraba todas las tardes a ver las imágenes del mundo atrapadas en esos ínfimos rectángulos.

En aquellos relatos, yo entraba caminando en el paisaje de una estampilla de correos -creo que era una estampilla de Guinea-. Ese simple acto de transmigración y de transfiguración me permitió viajar, o imaginar que viajaba, desde el paraje exótico donde desembarqué a todas las otras geografías. Me permitió entrar en la intimidad de infinitas casas, entender incontables dialectos sin saber ninguno, y compartir todas las felicidades y tragedias. En una de esas, mi madre se percata que estoy escribiendo y me pide para leerlo. Ella, que definitivamente es una mujer inteligente, lo confisca y me pide que le escriba un poema para ella, cosa que hice con agrado. Un tiempo después entendí que es más peligrosa la imaginación que la realidad.

Concursos al vuelo (tercer intento)

He concursado en pocas oportunidades porque no tengo suerte. La primera vez lo hice en Tucumán con poesía y gané algo así como si hoy fuera 15 mil dólares. Al año siguiente lo gané en narrativa. Hasta ahí todo iba bien con los concursos. Me fui a Buenos Aires y mis compañeros me auparon para que concursara con unos poemas que había seleccionado a un premio de una editorial prestigiosa. El jurado le dio el premio a otro libro aunque ellos consideraban que el mío era mejor en cuanto al oficio pero había un detalle que faltaba en el poemario: la pasión. Razón tan contundente que decidí no escribir más poesía. Hoy agradezco que no me hayan dado el premio. Ahora sólo escribo para consumo personal y por cuestiones de respeto, con el género y con los lectores, las engaveto.

Santa Evita concursó en el Premio Internacional de Novela Rómulo Gallegos de 1996 y no tuvo suerte. Quien ganó, Angeles Mastretta, realmente no mereció ganarla con esa obra, con Mal de amores. No quiero decir que Santa Evita sea mejor que Mal de amores, no. Y mucho menos que sea un mal libro. Pero de toda la obra de Mastretta, este libro no era merecedor de este Premio.

Por esa razón decido no participar en concursos. Cuando terminé El vuelo de la reina se la entregué a mi agente literario para que la ofrezca a las editoriales pero a él le pareció que valía la pena presentarlo al Premio Alfaguara de novela 2002. Y así fue. Aunque el ganarlo fue una sorpresa, no me lo esperaba en modo alguno. En Argentina además se lo tomaron muy a pecho, porque dijeron que entre tantas malas noticias por fin recibían una buena.

El vuelo de la ficción y la realidad (cuarto intento)

La “Nota final” de El vuelo de la reina reza lo siguiente: “Todos los personajes y lugares de esta novela, aún los que parecen tomados de la realidad, corresponden al orden de la ficción. Leerlos de otro modo violentaría su naturaleza”. Generalmente estas notas se colocan al principio. Si Tomás Eloy Martínez hubiera seguido la costumbre de estos enunciados, el lector habría violentado la naturaleza de la novela o de la realidad. Aunque explique de lo que escribe:

“Las tres últimas novelas que he escrito, La mano del amo, Santa Evita y El vuelo de la reina, en tanto siguen sin resolver la identidad entre ficción y realidad, se mueven en el camino del medio, entendiendo el medio en el mismo sentido de Gilles Deleuze: como el lugar del movimiento, del pasaje, el punto de máxima velocidad, el imprevisto y vulnerable punto por donde las cosas empujan. ¿Medio entre qué y qué, podría preguntarse? Medio o línea del medio en la que todo cabe, todo vale: en la que el lenguaje se nutre hasta de aquello que la tradición podría considerar como escoria, como no literatura, mientras, a la vez, se afana en busca de un orden verbal, de una estructura capaz de descubrir la realidad como otra cosa: como una transfiguración o epifanía. De esa manera, el camino del medio no es la búsqueda de un promedio, de una conciliación entre contrarios sino, como diría Deleuze, es la fruición por el exceso.”

La duda vuela (quinto y último intento)

He sido periodista y creo seguirlo siendo porque todavía escribo artículos para periódicos. El periodismo no es algo que tú elijas. Ejerciendo este oficio aprendí a separar al escritor que puede escribir en los periódicos del que escribe novelas. La persona que escribe una cosa y la otra es la misma. El que hace periodismo piensa siempre en el lector, pero quien escribe literatura, si piensa en el público, está perdido.

En El vuelo de la reina todo es ficción. Al lector le planteo una duda que va recorriendo todo el libro. Está en él dar con las claves. Varios amigos, entre ellos García Márquez, quien fue el primero en leer la novela, me han planteado que la estructura de la novela les genera una incertidumbre constante o que del personaje G. M. Camargo sólo hay algunos indicios de su vida pasada y no hay detalles de su ascenso social. Si hubiera explicado al detalle cada uno de los cabos sueltos desde el principio no estuviera haciendo literatura sino periodismo.

En el periodismo no hay posibilidad de dudar, de inventar algo. Y sobre todo, no existe la ficción. Si sembramos una duda tratamos de responderla. Realizamos una investigación y corroboramos los datos. En la novela la ficción se impone y los hechos son voluntad del personaje. "Lo demás es silencio", como diría Shakespeare.

El vuelo del escritor (P. S.)

Me hubiera gustado escribir Don Quijote de La Mancha. Me encanta como Cervantes logró destilar la vida con este personaje. De escoger algún libro, sería este pero si quieres que te diga de algún contemporáneo, te puedo decir Los inconsolables, de Kanzo Ishiguro.