
La semana pasada no lo encontré, por tanto, el ritual del bautizo fue breve para mí. Busqué a Leonardo entre los invitados porque pensé que lo iba a encontrar en el rincón de la librería, siempre al lado de Cristina, prestando la debida atención a las palabras del orador. Pero no fue así. Cuando pregunté por él me dijeron que estaba mal. Le dije a Ulises, su hijo, o a Carola, su sobrina, ya no recuerdo a quién, que lo iba llamar. Me dijeron que mejor no lo hiciera.
Hoy me disponía a llamarle o escribirle, a sabiendas de que contravenía a sus familiares. Teníamos mucho tiempo sin conversar y eso ya me estaba pesando. Por esta época, desde hace casi un lustro, nos reuníamos para saber qué fue lo que pasó el año anterior y hacernos algunas preguntas para tratar de entender lo que está por venir, en lo que se refiere al mundo editorial en Venezuela, y siempre terminábamos ríendo porque si algo entendíamos del mundo del libro, todo es difuso. Saber cuál va a ser el libro o escritor que va a calar en el mercado venezolano o en cualquier otro país, es algo que dejaba al azar. Los éxitos y fracasos en materia editorial, siempre eran una sorpresa para él.