El club Dimas

Periodismo, literatura y algunos comentarios marginales sobre la vida.

5.6.09

Lágrimas por miedo

La violencia que se vive en América Latina muchas veces queda marginada del pensamiento porque solamente se retrata en cifras y gráficos como tratando de mostrar alguna evidencia y no es precisamente para sentirnos orgullosos de quién lleva un mejor promedio en cuanto a muertes por armas de fuego en un fin de semana. La violencia ni siquiera es un motivo de competencia, no podemos decir que Caracas es más violenta que Sao Paulo o Bogotá. Ni siquiera nos sirve de consuelo tener índices menores que otras ciudades porque lo que queda detrás de cada muerte, además del llanto, es el miedo. Y comprenderlo, es quizás algo que no alcanzamos a atisbar porque el miedo es algo tan cotidiano que nos hemos acostumbrado a vivir encerrados, pendientes de la tele o de la radio (medios destinados, según Martín-Barbero, a meternos más miedos), a comprar seguridad y a bloquear las calles para supuestamente tener mayor control y a excluir a los demás ciudadanos que no sean del vecindario o de la misma condición social. Ciudadanías del miedo tiene el valor de ser un libro extraño puesto que nos entrega otra visión de la realidad de las ciudades latinoamericanas inmersas en violencia para decirnos además que vivimos con miedo y, algunas veces, hasta masoquistamente con humor.

Ciudadanías del miedo, Susana Rotker (editora)
Rutgers, Nueva Sociedad, 2000

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4.6.09

Borrado del mapa

Umberto Eco nos recuerda constantemente que las ciudades de las que nos hablan los escritores en sus novelas generalmente son imaginarias. Las calles que nombran no cruzan con las calles que realmente deben cruzar, mas sin embargo el cruce, la esquina, existe en realidad.

En las novelas de Paul Auster los personajes se pasean por ciudades imaginarias (Manhattan, Brooklyn). Si queremos seguir las pistas de sus personajes según el mapa que nos dibuja, no sólo nos perderíamos, sino que no llegaríamos a ningún lugar. Allí lo que importa, más que la ilusión de recorrer una ciudad, es el azar del recorrido. Que a pesar de ser ciudades ordenadas, sistematizadas, con mapas en cada estación del metro, uno llega al lugar que desea por pura intuición. (Para uno, acostumbrado a tener como norte al Ávila, orientarse parece tarea sencilla, pero en una ciudad donde la montaña no es más que un acto de fe, sólo nos queda que el azar se cruce con nuestro destino para llegar a buen puerto). Es así como nos conduce Auster en su última novela, El libro de las ilusiones, con una azarosa premeditación hacia unos parajes –incluidos libros y películas mudas– en la búsqueda de un hombre que se ha borrado del mapa.

El libro de las ilusiones
, Paul Auster
Anagrama | Panorama de narrativas, 2003

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18.1.09

Historia para entender el genocidio israelí

El escritor y periodista argentino Rodolfo Walsh (1927-1977), precursor del Nuevo periodismo, fundador de Prensa Latina y de la Agencia de Noticias Clandestina (Ancla), estaba en Beirut el 15 de mayo de 1974, cuando un comando palestino golpeó en Maalot. Caminó al día siguiente entre las ruinas de las aldeas libanesas bombardeadas por la aviación israelí. Entrevistó a los principales dirigentes de la resistencia palestina y escribió una serie de artículos sobre la revolución palestina. Su vigencia es absoluta, para entender dónde se inscribe la masacre de hoy en Gaza.


La revolución palestina
por Rodolfo J. Walsh


1. Tres millones de palestinos despojados de su patria cuestionan todo arreglo de paz en Medio Oriente

- ¿Cómo te llamás?
- Zaki.
- ¿Qué edad tenés?
- Siete.
- ¿Vive tu padre?
- Murió.
- ¿Qué era tu padre?
- Fedaí.
- ¿Qué vas a ser cuando seas grande?
- Fedaí.

El chico rubio de cabeza rapada y uniforme a rayas que da estas respuestas en una escuela de huérfanos al sur de Beirut, Líbano, resume la mejor alternativa, que tras 26 años de frustración resta a tres millones de palestinos despojados de su patria: convertirse en fedayines, combatientes de la Revolución Palestina.

"¿Palestinos? No sé lo que es eso", declaró en una oportunidad la ex primer ministro de Israel, Golda Meir. Se conoce la eficacia ilusoria del argumento, utilizado en Argelia, Vietnam, colonias portuguesas, para negar la existencia de sus movimientos de liberación. Muyaidín? Connait pas. Libération Front? Never heard of it. FRELIMO? Nao conhece. El enemigo no existe y todo está en orden. Cada una de estas negativas ha hecho correr un río de sangre pero no ha detenido la historia.

Desde hace un cuarto de siglo la política oficial del Estado de Israel consiste en simular que los palestinos son jordanos, egipcios, sirios o libaneses que se han vuelto locos y dicen que son palestinos, pero además pretenden volver a las tierras de las que se fueron "voluntariamente" en 1948, o que les fueron quitadas no tan voluntariamente en las guerras de 1956 y 1967. Como no pueden, se vuelcan al terrorismo. Son en definitiva "terroristas árabes".

Es inútil que en el Medio Oriente estos argumentos hayan sido desmantelados, reducidos a su última inconsecuencia. Israel es Occidente y en Occidente la mentira circula como verdad hasta el día en que se vuelve militarmente insostenible.

La hoja 1974 de esta historia no ha sido todavía doblada y ya tiene varios renglones sangrientos: Keriat Shmonet, Kfair, Maalot, Nabatyé. Es difícil entenderla si se ignoran las hojas 1967, 1948, 1917, y aún las anteriores, incluso las que se salen de la historia y se hunden en la literatura religiosa.


En el principio fue…

Primero –dicen– fueron los caanitas y después fueron los hebreos. Faltaban mil años para que naciera Cristo cuando Saúl fundó su reino, que después se partió en dos. Hace casi 2700 años el reino de Israel fue abatido por los asirios. Hace 2560 años el reino de Judá fue liquidado por los babilonios, y en el año 70 de nuestra era los romanos arrasaron Jerusalén. Estos son los precedentes históricos del Estado de Israel, sus títulos de propiedad sobre Palestina.

El Sha de Irán podría alegar títulos análogos fundado en la invasión persa del siglo VI antes de Cristo, la Junta Militar griega podría recordar que Alejandro ocupó Palestina el año 331, Paulo VI acordarse de que en el año 1099 los cruzados católicos fundaron el reino de Jerusalén. Los propios historiadores árabes han señalado burlonamente que los caanitas que ocuparon Palestina antes que los hebreos, venían de la península arábiga y eran, en consecuencia, "árabes".

Con la destrucción de Jerusalén –dicen– empezó la diáspora judía, la dispersión. Desde entonces, según la leyenda moderna, el judío anduvo errante por el mundo esperando el momento de volver a Palestina. ¿Cuántos volvieron realmente? Historiadores ingleses afirman que en el siglo XVI vivían en Palestina menos de 4.000 judíos, en el siglo XVIII, 5.000, y a mediados del siglo pasado, 10.000. Es recién a fines de ese siglo cuando algunos judíos empiezan a plantearse el retorno masivo, y cuando ese retorno asume una forma política y una ideología: el sionismo. ¿Por qué?


Un fruto tardío del capitalismo

Una respuesta posible a esa pregunta surgió del campo de concentración nazi de Auschwitz. La escribió en 1944, su último año de vida, un judío marxista de 26 años, Abraham León: "El sionismo, que pretende extraer su origen de un pasado dos veces milenario, es en realidad el producto de la última fase del capitalismo".

En esa fase todos los nacionalismos europeos han construido sus estados y no necesitan ya de la burguesía judía que ayudó a construirlos, pero que ahora es un competidor molesto para el capitalismo nativo. "Repentinamente" surge en esos países el chovinismo antisemita, y se convierten en extranjeros indeseables judíos integrados durante siglos a la vida de los mismos, que, como dice León, "tenían tan poco interés en volver a Palestina como el millonario norteamericano de hoy".

Las persecuciones del siglo XIX afectan más a la clase media judía que a la clase alta, cuyos representantes notorios iban a lograr una nueva integración a nivel del capital financiero internacional.

Aquellos judíos europeos perseguidos que descubrieron en el capitalismo la verdadera causa de sus males, se integraron en los movimientos revolucionarios de sus países reales. El sionismo evidentemente no lo hizo y se configuró como ideología de la pequeña burguesía, alentada sin embargo por aquellos banqueros que –como los Rotschild– veían venir la ola y querían que sus "hermanos" se fueran lo más lejos posible. A fines del siglo pasado esa ideología encontró su profeta en un periodista de Budapest, Teodoro Herzl, su programa en las resoluciones del Congreso de Basilea de 1897 y su herramienta en la Organización Mundial Sionista.

El retorno a Palestina tropezaba sin embargo con el inconveniente de que el país estaba ocupado por una población –500.000 habitantes– que desde la conquista islámica del siglo VII era árabe.

Los fundadores del sionismo negaron el problema. En 1898 Herzl hizo un viaje a Palestina y preparó un informe donde la palabra árabe no figuraba. Palestina era una tierra sin pueblo donde debía ir el pueblo sin tierra. El palestino se convirtió en "el hombre invisible" del Medio Oriente. Algunos alcanzaron sin embargo a descubrirlo. El escritor francés Max Nordau vio un día a Herzl y le dijo asombrado: "Pero en Palestina hay árabes" y agregó: "Vamos a cometer una injusticia".

* * *

2. En medio siglo el sionismo reemplazó la población árabe de Palestina por inmigrantes europeos
"Palestina es mi país" dice Ihsan. "Nunca estuve en Palestina", dice, "pero algún día volveré porque nuestros comandos están peleando para que volvamos".
"Mi padre murió en Abar el Djelili", dice Naifa. "La muerte de mi padre no me duele, porque murió por nosotros".
"Mi padre se llamaba Salah", dice Randa. "Estaba peleando y murió".
Ninguno de los 480 huérfanos de la escuela de Suq el Garb, al sur de Beirut, había visto Palestina si no era a través de los ojos del padre muerto.
En el aula las muchachas se levantaron para saludar al visitante que venía de tan lejos. En el pizarrón había una inscripción en árabe. Pregunté qué decía. Decía: "Historia Palestina".

La idea del Estado Judío surgió a fines del siglo pasado, como el último proyecto de un estado europeo cuando ya no existía en Europa lugar para un nuevo estado.

Ese estado debía en consecuencia instalarse fuera de Europa y el lugar elegido resultó Oriente. La contradicción fue "resuelta" a través de la ideología –el sionismo– y la ideología se alimentó en el mito bíblico y en la simulación de que Palestina estaba deshabitada.

Históricamente, estas construcciones mentales producen víctimas. En 1900 había en Palestina 500.000 árabes y 30.000 judíos. Si en 1974 hay tres millones de israelíes y 350.000 árabes, no hace falta preguntarse dónde están las víctimas: están afuera de Palestina, expulsadas de su patria.

Conviene recordar –porque es la cuestión de fondo– cómo se produce ese trasvasamiento sin precedentes en que la población de un país es reemplazada por otra.

Los primeros inmigrantes no provocaron la desconfianza de los árabes. En 1883 los habitantes de Sarafand recibieron a los colonos que llagaban con estas palabras. "Desde tiempo inmemorial somos hermanos de nuestros vecinos, los hijos de Israel, y viviremos con ellos como hermanos". Ocho años después sin embargo los notables de Jerusalén pidieron al imperio otomano, que gobernaba Palestina, que prohibiera la inmigración judía, y en 1898 los árabes de Transjordania expulsaron violentamente una colonia judía.

A pesar de las prohibiciones oficiales la inmigración continuó, aprovechando la corrupción de funcionarios turcos y de terratenientes árabes ausentistas que vendían sus tierras. En 1907 se estableció el primer kibutz, granja colectiva que desde el principio excluyó al trabajador árabe. Cuando en 1914 los turcos hicieron su primer y último censo, resultó que había en Palestina 690.000 habitantes, de los que 60.000 eran judíos. Ese año la guerra mundial dio al sionismo su gran oportunidad.


Inglaterra regala Palestina

Foreign Office, Noviembre 2, 1917.

Querido Lord Rotschild:

Tengo mucho placer en transmitirle, de parte del gobierno de Su Majestad, la siguiente declaración de simpatía con las aspiraciones Judías Sionistas, que ha sido sometida al Gabinete y aprobada por él.

El gobierno de Su Majestad contempla con simpatía en establecimiento en Palestina de un hogar nacional para el pueblo Judío, y usará sus mejores esfuerzos para facilitar el cumplimiento de ese objetivo, quedando claramente entendido que nada se hará que pueda perjudicar los derechos civiles y religiosos de comunidades no-Judías existentes en Palestina, o los derechos y el status político de que disfrutan los Judíos en cualquier otro país.

Le agradeceré ponga esta declaración en conocimiento de la Federación Sionista.
Este trozo de papel, en apariencia inofensivo, es el fundamento moderno del Estado de Israel. Se lo conoce como de declaración de Balfour, y lleva la firma del canciller inglés.

Dos años después Balfour aclaró lo que quería decir: "El sionismo, bueno o malo, es mucho más trascendente que los deseos y prejuicios de los 700.000 árabes que ahora habitan esa antigua tierra… En Palestina no pensamos llenar siquiera la formalidad de consultar los deseos de los actuales habitantes del país".

Dos años antes de la Declaración, Gran Bretaña había prometido al Shariff Hussein, la independencia de los países árabes, a cambio de su ayuda en la guerra contra Turquía, aliada de Alemania. Y en efecto fueron soldados árabes los que liquidaron el dominio otomano en Medio Oriente.

La declaración Balfour se conoció después y, finalizada la guerra, sirvió de base para la resolución de la Liga de las Naciones que convirtió a Palestina en mandato británico. En la redacción de ese documento participó la Organización Mundial Sionista.

A partir de ese momento la inmigración creció inconteniblemente, organizada por la Agencia Judía, que formaba parte de la administración británica.

Cuando los ingleses hicieron su primer censo en 1922 había en Palestina 760.000 habitantes, de los que algo más de 80.000 eran judíos: o sea el 11%. Esa proporción había subido en 1931 al 16 y en 1936 al 28%. Ese año se produciría la primera rebelión palestina contra los ingleses, que duró tres años y costó millares de muertos.


Manual del colonialismo

Todavía en 1917 David Ben Gurion afirmó que "en un sentido histórico y moral" Palestina era un país "sin habitantes"..

Ben Gurion no ignoraba que el 90% de los habitantes eran árabes: decía simplemente que no existían como seres históricos o morales. Por la misma época, según relata Fanon, los profesores franceses de la Universidad de Argel enseñaban seriamente que los argelinos eran más parecidos a los monos que a los hombres.

Este tren de pensamiento, llevado a sus conclusiones prácticas, puede encontrarse en el propio fundador del sionismo, Teodoro Herzl. "La edificación del Estado Judío" escribió "no puede hacerse por métodos arcaicos. Supongamos que queremos exterminar los animales salvajes de una región. Es evidente que no iremos con arco y flecha a seguir la pista de las fieras, como se hacía en el siglo XV. Organizaremos una gran cacería colectiva, bien preparada, y mataremos las fieras lanzando entre ellas bombas de alto poder explosivo."

Algunos colonizadores admitían que los palestinos eran hombres, aunque más parecidos a los pieles rojas. "¿Quién ha dicho –preguntaba en 1921 la Organización Sionista de Gran Bretaña– que la colonización de un territorio subdesarrollado debe hacerse con el consentimiento de sus habitantes? Si así fuera… un puñado de pieles rojas reinarían en el espacio ilimitado de América."


Un ghetto más grande

La mentalidad colonial marcó profundamente el establecimiento de la inmigración judía en Palestina. Se formaron comunidades cerradas, exclusivas, donde el árabe era un intruso. La reventa de tierras a los árabes se convirtió en pecado que las organizaciones terroristas judías castigaron sangrientamente.

Aún a nivel de la clase obrera se instala una perversión de la conciencia que convierte al trabajador árabe primero en competidor del inmigrante, después en enemigo, finalmente en víctima. La Histradut, central sindical judía, no admite en su seno, los boicotea, prohíbe a las empresas judías que compren materiales trabajados por los árabes.

David Hacohen, miembro de la Histradut y años después parlamentario israelí, ha recordado las dificultades que tuvo para explicar a otros "socialistas" ingleses que "en nuestro país uno adoctrina a las amas de casa para que no compren nada a los árabes, se piquetean las plantaciones de citrus para que ningún árabe pueda trabajar en ellas, se vuelca petróleo sobre los tomates árabes, se ataca en el mercado a la mujer judía que ha comprado huevos a un árabe, y se los rompe en la canasta…"

La soberbia racial va moldeando esa sociedad en el más absoluto aislamiento, como si todos los ghettos del mundo se juntaran en un ghetto más grande, pero esta vez deliberadamente encerrado en sí mismo.

Simón Luvich, israelí exiliado en Londres, recuerda con asombro aquella época de su infancia: "Para nosotros, los árabes eran una especie de exótica minoría étnica, que a veces bajaba de las montañas con sus kufeyas… Nunca entendimos de qué se trataba, porque no los veíamos."

Galili, ministro de Información de Israel, seguía sin verlos en 1969: "No consideramos a los árabes del país un grupo étnico ni un pueblo con carácter nacional definido".

Si es ceguera no ver lo que existe, a esa ceguera debe atribuirse la sangre que ha corrido y seguirá corriendo en Palestina.

* * *

3. En 1947, una resolución de las Naciones Unidas quitó a los palestinos el derecho a tener una Patria

El israelí se jacta ante el mundo de ser el máximo representante en la historia de la Diáspora… Pero quien posee en tal grado el sentimiento del destierro, llega a ser completamente incapaz de comprender que otros puedan tener ese mismo sentimiento. No es cruel que digamos que el comportamiento de los israelíes sionistas con el pueblo original de Palestina es similar a la persecución nazi contra los propios judíos.

Mahmud Darwis, poeta palestino.


El mandato británico sobre Palestina después de la primera guerra mundial permitió cumplir con la promesa, contenida en la declaración de Balfour de 1917, de establecer un "hogar nacional" judío en un territorio poblado por los árabes. Para el sionismo el Mandato era una etapa intermedia, necesaria antes de establecer una población propia en Palestina como base del Estado Judío, objetivo permanente detrás de la fachada del "hogar nacional".

Gran Bretaña favoreció ese proyecto hasta que la inminencia de la segunda guerra mundial le hizo ver que el riesgo de que los pueblos árabes se alinearan junto a Alemania. Las falsas promesas de 1915 se renovaron en 1939.

En mayo de ese año el gobierno británico publicó un Libro Blanco donde reafirmaba que no tenía el propósito de imponer la nacionalidad judía a los árabes palestinos, prometía limitar a 75.000 el número de inmigrantes en los próximos cinco años y, a partir de 1944, no admitir nueva inmigración sin el consentimiento explícito de los árabes.

El Libro Blanco fue un producto tardío e ineficaz del colonialismo ingles. En los primeros 20 años de Mandato la proporción de habitantes judíos en Palestina pasó del 10 al 30%. Solamente en 1935 habían entrado más de 60.000 colonos: en 1940 la población judía se acercaba al medio millón.


Aceitando el fusil

Los jefes de la Agencia Judía concibieron desde el principio la inmigración como una "colonización armada" y construyeron una organización semiclandestina, el Haganah, de la que en 1935 se separó un brote terrorista de ultraderecha, el Irgun, cuyo lema era un mapa de Palestina y Transjordania atravesado por un brazo armado y un fusil con el lema hebreo Rak Kach ("Sólo así").

Inicialmente estas organizaciones se limitaron a asegurar mediante el terror la vigencia del boycot antiárabe, pero a partir de 1939 empezaron a prepararse para combatir, también a los ingleses. Curiosamente uno de esos preparativos consistió en el ingreso masivo de judíos en el ejército británico: al final de la segunda guerra su número llegaría a 27.000 hombres, que serían el núcleo del ejército judío para la confrontación final en dos tiempos: contra los ingleses y contra los árabes.


El empujón nazi

El estallido de la guerra llevó a su paroxismo la persecución de los judíos en Alemania y brindó un nuevo argumento para la inmigración en Palestina. Ben Gurion resumió en estos términos el sentido y los límites de la alianza entre el sionismo y Gran Bretaña: "Lucharemos junto a Gran Bretaña en esta guerra como si el Libro Blanco no existiera, y lucharemos contra el Libro Blanco como si no existiera la guerra".

En la práctica esto significó desconocer las cláusulas restrictivas del Libro Blanco e intensificar la inmigración clandestina, aún desafiando el bloqueo inglés. Buques cargados de inmigrantes europeos fugitivos del nazismo empezaron a llegar a las playas palestinas.

Cuando en 1940 los ingleses pretendieron devolver el cargamento de dos de esos barcos, el buque Patria que debía transportarlos confinados a la isla Mauricio, saltó en pedazos en el puerto de Haifa. Allí murieron 250 personas, en su mayoría mujeres y niños. Aunque el sionismo alegó que los propios refugiados volaron el Patria, la opinión mundial se indignó ante la insensibilidad británica.

Recién 18 años después un miembro del Comité de Acción Sionista, Rosenblum, reveló que el Patria había sido volado por la Haganah, sin consultar a las víctimas. "Con nuestras propias manos asesinamos a nuestros hijos", escribió Rosenblum.


Llegan los americanos

En 1942 el centro de gravedad del sionismo se había desplazado de Gran Bretaña a los Estados Unidos. El 11 de mayo de ese año la Organización Sionista Americana publicó un manifiesto que luego fue conocido como el Programa de Baltimore. Planteaba cuatro exigencias: el fin del Mandato, el reconocimiento de Palestina como Estado soberano judío, la creación de un ejército judío, la formación de un gobierno judío.

En Jerusalén, la Agencia Judía adoptó el Programa de Baltimore como política oficial del sionismo y se desligó del Mandato. Gran Bretaña había cumplido su ciclo. Iba a librar aún acciones de retaguardia, condenadas de antemano, pero dejaría en Medio Oriente –como en la India, como en Irlanda– la semilla de un conflicto inagotable.

Los norteamericanos tomaron el relevo de los ingleses y no lo abandonaron hasta hoy.

Cuando en 1945 se desmoronó el nazismo y se abrieron las puertas de los campos de concentración –las cámaras de gas, los patéticos restos de una infinita carnicería–, un sentimiento de horror sacudió a Europa.

Los europeos tienen una singular capacidad para proyectar los propios demonios a lejanos escenarios. Muchos franceses creen que las atrocidades de Hitler son distintas de sus propios crímenes en Indochina y Argelia: ingleses que no han oído de Kenya se asustan de las persecuciones de Stalin, y algunos italianos están convencidos de que el fascismo nació en la Argentina.

De acuerdo con este esquema, el exterminio de los judíos iba a ser purgado no en el lugar donde ocurrió, sino en Medio Oriente: no por quienes lo ejecutaron o lo permitieron sino por gente que no tenía nada que ver.

El proyecto de un Estado Judío en Palestina se convirtió así en clamor mundial y los dirigentes sionistas lo explotaron serenamente. Los 225.000 sobrevivientes de los campos de concentración fueron canalizados a Palestina aumentando una población que ya al fin de la guerra ascendía al 32%.

Entretanto se preparaba la guerra. No se había disipado el humo sobre las ruinas de Berlín ni se había desenterrado el espanto total de Auschwitz cuando David Ben Gurion, futura cabeza del Estado de Israel, negociaba en Estados Unidos la compra de armamento pesado y la reorganizació n de la Haganah por militares norteamericanos.


La partición

Una fulgurante campaña de terror contra los ingleses precipitó el epílogo. En febrero de 1947 Gran Bretaña anunció que, en esas condiciones, no estaba dispuesta a seguir gobernando Palestina, y devolvió a las Naciones Unidas el Mandato que le había entregado la Liga de las Naciones.

La Asamblea de la UN discutió siete meses el tema y finalmente elaboró una solución "salomónica". Palestina sería dividida en dos Estados: uno judío, otro árabe.

En ese momento había en Palestina 1.200.000 árabes y 600.000 judíos. Los palestinos poseían el 94% de la tierra y los judíos el 6%.

El Plan de Partición de las Naciones Unidas dividió el país en dos. En uno, que se convertiría en el Estado de Israel, y que abarcaba el 60% de las mejores tierras cultivables, había 500.000 judíos y 400.000 palestinos. En el 40% restante, que nunca llegó a convertirse en Estado, y que hoy forma parte de Israel, había 800.000 palestinos y 100.000 judíos.

El mapa resultante es un notable ejercicio de topología en que ambos países aparecen superpuestos, con pasadizos y corredores para comunicar regiones separadas. Lo que no dice el mapa es que la mitad de las tierras de propiedad palestina caían bajo jurisdicción israelí, y que en millares de casos la aldea árabe quedaba separada de las tierras que cultivaban sus habitantes.

El 29 de noviembre de 1947, por una mayoría de dos tercios que encabezaban los Estados Unidos y la Unión Soviética, la Asamblea de la UN aprobó el Plan de Partición y desencadenó la desgracia del pueblo palestino, el genocidio, el éxodo y la guerra.

En la votación los norteamericanos presionaron hasta el límite a los dóciles gobiernos asiáticos y latinoamericanos. Una empresa yanqui compró a la vista de todo el mundo el voto de un país africano. El secretario de Defensa norteamericano James Forrestal, que no era propenso a escandalizarse, pudo escribir: "Los métodos que se han usado en la Asamblea General para presionar y coercionar a otras naciones, bordean el escándalo".

Así nació Israel. Pero la historia no terminaba. Al día siguiente de la votación, el sionismo lanzó todo el peso del terror para despojar a los árabes del territorio que le había dejado el Plan de Partición.

* * *

4. El terror sionista y el éxodo palestino. La masacre de Deir Yassin sentó un modelo de escarmiento

"Durante tres días, del 11 al 13 de diciembre, atacamos en Haifa y en Jaffa, en Tireb y Yazur. Atacamos y volvimos a atacar en Jerusalén… Las bajas enemigas en muertos y enemigos fueron muy altas".

De este modo describe Menajem Begin, el jefe del Irgun, el comienzo de la guerra que durante siete meses sacudió a Palestina en 1947-48.

El objetivo de esos ataques no eran ya los ingleses. El 29 de noviembre las Naciones Unidas habían votado la partición de Palestina y Gran Bretaña anunció el 14 de mayo de 1948 que retiraba sus últimas tropas.

El blanco de la ofensiva en que participaron la Haganah, el Irgun y la Banda Stern era la población Palestina, desarmada y desorganizada.

En septiembre de 1946 la Haganah había caracterizado al Irgun y la Banda Stern como "organizaciones que se ganan la vida mediante el gangsterismo, el contrabando, el tráfico de drogas en gran escala, el robo a mano armada, el mercado negro".

Esta suma de dicterios expresaba en realidad diferencias políticas y de método. Mientras la Haganah, brazo armado de la Agencia Judía, se definía como "socialista" y buscaba una imagen de respetabilidad, el Irgun evolucionaba hacia las posiciones fascistas que hoy sostiene el partido Herut, encabezado por el mismo Begin y la Banda Stern era un grupo de desesperados de ultraderecha.

A pesar de las acciones espectaculares del Irgun, Haganah fue siempre la organización de mayor peso y de ella surgieron los líderes, hasta hoy, del Estado de Israel.

Como jefe militar aparecía Moshe Sneh. La cabeza real era Ben Gurion –luego primer ministro– y entre sus dirigentes figuraban Moshe Dayan, hasta hace poco ministro de Defensa, y el actual primer ministro Itshak Rabin.

Un comité anglonorteamericano de investigación sobre la violencia en Palestina describió en 1946 los efectivos de la Haganah: una fuerza territorial de reserva de 40.000 colonos, un ejército de campaña de 16.000, y una fuerza de choque, el Palmach, que oscilaba entre 2.000 y 6.000.

El Irgun tenia de 3.000 a 5.000 combatientes; la Banda Stern alrededor de 300.

Separadas por ácidas disputas, estas tres fuerzas confluyeron rápidamente ante el anuncio de la retirada inglesa, aceptaron la hegemonía de la Haganah y pusieron en práctica el llamado Plan D, que consistía en aterrorizar a la población árabe en el período de vacío político comprendido desde el voto de la UN y la retirada inglesa y limpiar de árabes el Estado Judío y ocupar todo el territorio posible del Estado Árabe previsto por el Plan de Partición.


Deir Yassin

Las primeras operaciones combinadas de las organizaciones sionistas se desataron en diciembre de 1947 sobre la carretera que unía los dos principales baluartes judíos: la ciudad costera de Tel Aviv y el barrio judío de Jerusalén. La carretera estaba flanqueada por aldeas árabes, lo que equivalía al bloqueo de Jerusalén.

La primera etapa consistió en operaciones de hostigamiento contra esas aldeas, duró hasta marzo de 1948 y dejó 1700 muertos. La ofensiva en gran escala comenzó el 3 de abril cuando el Palmach tomó por asalto la aldea de Qastall, situada sobre un cerro que dominaba la carretera.

Seis días después el Irgun con el conocimiento de la Haganah, desarrolló una operación que hasta el día de hoy aparece ante cien millones de árabes como el símbolo del horror: el asalto y la masacre de Deir Yassin.

Deir Yassin era una pequeña aldea árabe situada cinco kilómetros al oeste de Jerusalén. No tenía importancia estratégica alguna y sus habitantes permanecían al margen de la conflagración. En la mañana del 9 de abril, 200 efectivos del Irgun y la Banda Stern entraron a sangre y fuego casa por casa, masacrando a 254 hombres, mujeres y niños, saquearon, violaron, mutilaron cadáveres y los arrojaron a una fosa común.

"El baño de sangre de Deir Yassin" –admitió después el escritor judío Arthur Koestler- "fue la peor atrocidad cometida por los terroristas en toda su carrera".


Discurso del método

En su libro La Rebelión, el autor de la masacre, Menajem Begin, aclaró sus motivos. Después de Deir Yassin, dice, "un pánico sin límites asaltó a los árabes, que empezaron a huir en salvaguarda de sus vidas. Esta fuga en masa se convirtió en un éxodo enloquecido e incontrolable. De los 800.000 árabes que vivían en el actual Estado de Israel, sólo quedaron 165.000".

La opinión de Begin es confirmada por Koestler: "La población árabe fue presa del pánico y escapó de sus pueblos y aldeas lanzando el lastimero grito: Deir Yassin. Huyeron de sus casas dejando a medio beber el último café en el pocillo de porcelana".

Si los detalles de la masacre de Deir Yassin merecen un tratamiento aparte cuando se discuta el rol del terrorismo en las luchas palestinas, sus efectos políticos y militares se hicieron evidentes enseguida.

Tres días después el Palmach tomó Kolonia sin lucha y dinamitó una por una las casas árabes. Cinco aldeas más fueron destruidas por la fuerza de choque del Haganah antes del 17 de abril con un saldo de 350 muertos. El 21 de abril, dice Begin, "todas las fuerzas judías penetraron en Haifa como un cuchillo entra en la manteca. Los árabes escapaban aterrados gritando Deir Yassin".

Haifa era la segunda ciudad de Palestina. En una semana su población se redujo de 60.000 a 9.000.

El 25 de abril el Irgun atacó Jaffa, la ciudad árabe contigua a Tel Aviv.. Al principio hubo resistencia, pero después se repitió el fenómeno: los árabes escapaban por decenas de millares. Aquí no fue necesario el ejemplo de Deir Yassin: los últimos defensores de Jaffa fueron fusilados sobre el terreno, los sobrevivientes expulsados con lo puesto, y las casas dinamitadas una tras otra.

El mismo día la Haganah tomó Acre. Bastó un megáfono y el anuncio de represalias, para que el éxodo se repitiera.

Mientras estos episodios se repetían en centenares de aldeas y decenas de millares de familias palestinas ambulaban por los caminos que conducían al Líbano, Siria, Jordania, las tropas británicas observaron con singular indiferencia, limitándose a impedir que los incipientes ejércitos de los países árabes violaran las fronteras del nuevo Estado de Israel.

El 14 de mayo las últimas columnas del ejército inglés desfilaron al son de las gaitas por las calles de Jerusalén. En el primer minuto del 15, una exclamación de júbilo brotó de las posiciones conquistadas por los israelíes: era el Día de la Independencia.

Nathan Chowsi, un judío que emigró a Palestina en 1906, ha calificado ese júbilo:
"Los viejos colonos de Palestina podríamos relatar de que manera nosotros, los judíos, expulsamos a los árabes de sus ciudades y sus aldeas… Aquí había un pueblo que vivió 1300 años en su propia tierra. Vinimos nosotros y convertimos a los árabes en trágicos refugiados. Y todavía nos atrevemos a calumniarlos y difamarlos, a ensuciar su nombre. En vez de sentirnos profundamente avergonzados por lo que hicimos, y tratar de enmendar todo el mal que hemos cometido, ayudando a esos infelices refugiados, justificamos nuestros actos terribles, y tratamos inclusive de glorificarlos" .
* * *

5. Producto de tres guerras y de innumerables persecuciones el Pueblo de las Tiendas aguarda su hora

- ¿Usted de dónde es?
- Soy de Jaffa.
- ¿Y dónde vive?
- Yo vivo en una carpa. Y usted, ¿de dónde es?
- Soy de Bulgaria.
- ¿Y dónde vive?
- Vivo en Jaffa.

Arlette Tessier. "Diálogo en Gaza"

"Esta es una transmisión de la Haganah, intimidando a los árabes a que abandonen esta distrito antes de las 5:15 de la madrugada. Tengan piedad de sus mujeres y de sus hijos y salgan de este baño de sangre. Váyanse por el camino de Jericó, que todavía está abierto. Si se quedan, vendrá el desastre".

Aún no había amanecido el 15 de mayo de 1948, Día de la Independencia de Israel, cuando decenas de camiones equipados con altoparlantes transmitían este mensaje a las poblaciones árabes.

El desastre que se invocaba no era una amenaza hueca. El recuerdo de la masacre de Deir Yassin se unía en la mente de los palestinos al de decenas de pueblos y ciudades ocupados a sangre y fuego.

El Plan Dalat o Plan D, puesto en ejecución por el alto mando de la Haganah, al que se plegaron las otras dos organizaciones terroristas –Irgun y Stern- incluyó trece campañas militares en regla entre el 1º de abril (Operación Nachshon) y el 14 de mayo (Operaciones Ben Ami, Pitchfork y Schfilon). Ocho de ellas se desarrollaron fuera de Israel.

El resultado de estas operaciones fue la ocupación de Haifa, Jaffa, Beisan, Acre, barrio residencial árabe de Jerusalén y otras poblaciones menores, así como la "purificación" de Galilea.

Antes que Ben Gurion proclamara el Estado de Israel en un museo de Tel Aviv, bajo un retrato de Teodoro Herzl fundador del sionismo, había ya 400.000 palestinos fugitivos. Pero en la madrugada del 15 las fuerzas israelíes cruzaron arrolladoramente las fronteras del Estado árabe consagrado por el Plan de Partición de la UN que, de ese modo, no llegó a existir.

Es entonces cuando se produce, según la historia oficial israelí, pródiga en mitos, "la invasión de cinco poderosos ejércitos árabes" contra el indefenso Estado de Israel.


El cowboy y el pielroja

Después de la guerra del 48, cada bando hizo su balance militar. Solamente la Haganah, que en 1946 tenía 65.000 hombres (fuente británica) y en 1948, 90.000 (fuente israelí), contaba un año antes de la guerra con 10.000 fusiles, 1.900 metralletas, 600 ametralladoras y 768 morteros: en este caso la fuente es Ben Gurion.. En los meses anteriores a la Partición, ese armamento se multiplicó merced a la introducción "clandestina" de una fábrica capaz de producir 100 metralletas y 50.000 balas por día. Y en vísperas de la guerra, agentes israelíes contrabandearon por barco y por avión millares de fusiles y ametralladoras checas.

Fuentes árabes estiman el total de sus fuerzas en 21.000 hombres mal equipados, con largas líneas de comunicaciones. En Egipto reinaba el corrompido rey Faruk, cuyo primer ministro Nokrashy no tenía el menor interés en mandar hombres a Palestina, desafiando a los ingleses que aún ocupaban el Canal de Suez. En Irak gobernaba un títere de los ingleses, Nuri as Said. Siria acababa de independizarse de los franceses y su ejército no superaba los 3.000 hombres. El "ejército" libanés tenía apenas 1.000 reclutas.

La única fuerza militar atendible, la Legión Árabe, reunía 4.000 hombres adiestrados y conducidos por oficiales ingleses. El Foreign Office llegó a un acuerdo con el rey Abdullah, por el que se impidió a la Legión violar la frontera israelí. (Abdullah pagó después su traición a manos de un refugiado palestino)

En estas condiciones la invasión de los "poderosos ejércitos árabes" en apoyo de sus hermanos palestinos resultó apenas un gesto desesperado.

A pesar de todo, esas fuerzas consiguieron algunos éxitos iniciales, cuyo eje era el bloqueo de Jerusalén, pero el 11 de junio aceptaron una tregua que les hizo perder todas las ventajas conseguidas. En menos de un mes la Haganah terminó de convertirse en un ejército regular, y cuando el 7 de julio se reanudó la lucha, duró apenas diez días. Ahora sí, los árabes estaban vencidos.


El masacrador de Lydda

En el contexto de la derrota, cabe el estilo de la victoria. El 11 de julio de 1948, la población árabe de Lydda, que se había rendido a los israelíes, se sublevó al advertir la presencia de unos tanques jordanos. El tercer regimiento del Palmach liquidó en horas la insurrección, entrando casa por casa y disparando sobre todo lo que se movía. Según fuente israelí, hubo 250 muertos. Según fuente árabe, entre 500 y 1.700, de los cuales 150 fusilados en la Gran Mezquita convertida en prisión. El escritor inglés Erskine Childers dice que una columna israelí entró en el pueblo disparando en todas direcciones: "los cadáveres de hombres, mujeres y niños quedaron desparramados en las calles, tras esta carga implacablemente brillante".

Y dice quién iba al frente de la columna: Moshe Dayan, un nombre que haría historia.

Tras la firma del armisticio, Israel se quedó con 3.500 kilómetros cuadrados más de tierra palestina, Faruk se apropió la franja de Gaza y la monarquía hachemita anexó la Cisjordania. Palestina había dejado de existir. Casi 900.000 palestinos se amontonaban en los campamentos de refugiados de Jordania, Siria, Líbano, Gaza, alimentándose con las raciones de socorro de la UN. Una generación entera nació y creció bajo las carpas. En 1954 eran más de un millón, en 1956, 1.300.000. Otros 500.000 habían emigrado al Canadá, al Brasil y a otros países.

En 1956 esos desterrados vieron pasar entre columnas de polvo los tanques israelíes que se lanzaban sobre el Sinaí, mientras los ingleses y los franceses ocupaban el Canal. Meses después los vieron regresar.

En 1967 el dios de la guerra volvió a tronar en los escuálidos campamentos del Pueblo de las Tiendas.


La paz israelí
"Fue con repugnancia que vi por televisión las escenas de Israel en aquellos días; la ostentación del orgullo y la brutalidad del conquistador; los estallidos del chauvinismo; y las salvajes celebraciones del inglorioso triunfo, contrastando con las imágenes del sufrimiento y desolación árabe, las caravanas de refugiados jordanos y los cadáveres de los soldados egipcios muertos de sed en el desierto. Contemplé las figuras medievales de los rabís y los khassidim saltando de alegría en el Muro de los Lamentos; y sentí como los fantasmas del oscurantismo talmúdico –que bien conozco- se amontonaban sobre el país, y cómo la atmósfera reaccionaria de Israel se volvía densa y sofocante".
Este es el comentario de un escritor judío, Isaac Deutscher, a la fulgurante campaña de los Seis Días que, en junio de 1967, arrojó al ejército egipcio al otro lado del Canal de Suez. Sus glorias han sido suficientemente cantadas. Entre ellas no figura probablemente la expulsión de 250.000 palestinos que aún quedaban en Cisjordania y Gaza.

En el vacío que dejó el largo éxodo palestino, se estableció la Paz Israelí. El profesor de matemáticas italiano le sacó la casa al tendero árabe. El lingüista inglés construyó la suya sobre un espacio demolido.. El pintor apátrida del Quartier Latin se rodeó de un ambiente "oriental". El ingeniero agrónomo argentino se fue al kibutz donde ya no quedaba ni memoria del fellah que durante trece siglos le preparó la tierra: como si no hubiera tierra en la Argentina.

* * *

6. En la resistencia armada el pueblo palestino encontró al fin su identidad negada por la ocupación
"Yo soy de Djebelia, en la franja de Gaza. Allí éramos 16.000 concentrados. Nos quitaron las casas, destruyeron los campos y se repartieron todo. Quieren que todo cambie de aspecto, que nada sea árabe. A la gente más vieja, la que se fue en 1948, no la dejan volver para que no puedan reconocer los lugares. Nos incitan a irnos, nos ofrecen dinero para que nos vayamos a países más ricos. ¡Vayan a Canadá, a Argentina, allá van a estar bien! Tal vez ellos han venido de allá, ¿no?"

"Djebelia tenía fama de brava. A los que éramos de Djebelia no nos daban trabajo, decían que éramos peligrosos. Un día, en 1969, nos bombardearon. Empezaron a las 10 de la mañana y nos cañonearon hasta las 5 de la tarde. Hubo 500 muertos. ¿Por qué? Porque somos palestinos. De noche rodean el campamento con tanques, no nos dejan salir. Y sin embargo, tienen miedo: yo aprendí el israelí y los oigo conversar. Cuando pasan en un jeep, van sentados alrededor del jeep, apuntando en distintas direcciones" .

El muchacho se ríe. Estamos en el campamento de Borje Barashne, al sur de Beirut, capital de Líbano, a cuya Universidad ha venido a estudiar. Hay 20.000 refugiados en este campamento que es en realidad un pueblo, una villa cuya copia casi exacta son algunas manzanas de la villa de Retiro: pequeñas casas de bloques con techos de chapa, pasillos de material con la canaleta por donde circula el agua, canillas colectivas. E igual que nuestro villero, el palestino pone una planta, aunque sea una maceta, en el mínimo espacio libre: recuerdo del campo al que uno y otro pertenecen.
Después las diferencias. No hay calles, solamente pasillos, porque en Medio Oriente el espacio es distinto que en Argentina: Líbano cabe dos veces en la provincia de Tucumán. Pero otra diferencia que al principio casi no se nota, va penetrando como la verdad esencial del campamento. Son los hombres vestidos de caqui que sentados en alturas estratégicas vigilan con el fusil AK cruzado sobre las rodillas, es el jefe de la milicia local que sale a recibirnos, es la puerta de madera de una casa donde el refugiado que la habita ha pintado todo a lo alto la bandera roja, verde, blanca y negra de la Resistencia palestina, y adentro de la bandera su nombre en árabe. Administrativamente , el campamento depende de la UN. Políticamente, la palabra es Fatah.


La luz de la esperanza

En una oficina de Beirut, Abu Hatem, miembro del Comité Central de Fatah (sigla de Movimiento Nacional de Liberación Palestina) enumeró ante el enviado de Noticias las etapas de la Resistencia.

"La primera etapa, antes de 1965, fue de preparación y organización. Llegamos a la conclusión de que la lucha armada era la única salida para el pueblo palestino, y desde ese año empezamos a ponerla en práctica. Fue una época llena de dificultades: teníamos tantos enemigos… No eran sólo los israelíes, sino también el imperialismo y los elementos reaccionarios en los países árabes. Nuestro primer mártir, Ahmed Muza, fue abatido por el ejército jordano al cruzar la frontera con Israel.

"Nuestras operaciones militares fueron una de las razones que alegaron los israelíes para desencadenar la guerra de 1967. Pero allí los países árabes fueron derrotados y se instaló un clima de derrota. Era importante acabar con ese clima, y por eso, apenas terminada la guerra, nosotros reanudamos las hostilidades. Eso fue el 28 de agosto de 1967.

"En cuatro meses, lanzamos 79 operaciones en el interior de Palestina, pusimos fuera de combate a más de 300 sionistas, volamos dos trenes militares, derribamos tres helicópteros, destruimos medio centenar de vehículos, hicimos estallar el depósito de explosivos de Acre y bombardeamos con bazukas los suburbios de Jerusalén y Tel Aviv.

"El precio fue duro: perdimos 46 hombres, de los cuales la mitad eran cuadros de conducción.

"Pero en todo el mundo árabe esa actividad de Fatah fue percibida como una luz de esperanza, que se agrandó el 21 de marzo de 1968, cuando dimos la batalla de Al Karameh".


El signo de Karameh

Si Deir Yassin es para los palestinos el recuerdo que sobrecoge y enfurece, Al Karameh simboliza la recuperación de la propia identidad negada tras la derrota, la confiscación, la persecución, el exilio. Dice un combatiente:

"En esa época, nuestro problema era obtener bases permanentes. En la guerra de junio habíamos perdido las bases de Gaza y Cisjordania. Entonces empezamos a filtrarnos en Jordania, por separado, de a uno o de a dos. Así se formó la base de Al Karameh, en el campamento de ese nombre que existía desde 1948. Juntamos 500 combatientes en la zona. De allí lanzamos una escalada operativa.

"El gobierno de Jordania quería echarnos, pero no se atrevía. Los israelíes empezaron a fastidiarse. Al fin planearon una operación de represalia en gran escala, para aplastarnos. Concentraron 15.000 soldados, con tanques. Pero estaban tan orgullosos de la victoria de junio, tan seguros de que nadie podía oponerles resistencia, que no tomaron medidas de seguridad. Nosotros nos enteramos 48 horas antes de la operación.

"Llamamos a todas las organizaciones palestinas para que discutiéramos si debíamos enfrentar el ataque o retirarnos. Algunos dijeron que los principios de la guerrilla prohibían el choque frontal, que si el enemigo ataca en fuerza, nosotros nos retiramos, todas esas cosas.

"Fatah sostuvo que todo eso era cierto, pero que aquí lo fundamental era el marco político: la derrota árabe, el pueblo desesperado. Fatah decidió dar la batalla, a todo o nada. Sólo nos acompañó una pequeña organización, el Ejército de Liberación Palestino.

"Con ellos distribuimos los 500 puestos de combate. No era una emboscada, Al Karameh era terreno llano, con una población, una villa de emergencia. Había que pelear como se pudiera. Durante toda la noche cavamos pozos, nos enterramos, y esperamos el amanecer.


La picadura y el burro

"A las 5 de la mañana empezaron la preparación de artillería, después avanzaron los tanques. Venían como para desfile. Traían periodistas y Dayan les dijo que iban a almorzar en Amán, la capital de Jordania. Cuando les paramos un tanque con un bazukazo, y después otro, se quedaron como sorprendidos. No esperaban eso. Retrocedieron, después volvieron a avanzar. Ahora venían con aviones y helicópteros además de los tanques. Les resistimos trinchera por trinchera, les resistimos hasta el mediodía.

"Y en esas siete horas interminables, detrás nuestro estaba el ejército jordano, inmóvil. Los oficiales miraban la batalla con sus prismáticos. El rey Hussein había ordenado no intervenir, y los oficiales miraban: oficiales árabes".

"No se sabe quién dio el grito, quién no aguantó más. Y de pronto el ejército jordano avanzaba, desobedeciendo órdenes, se juntaba con nosotros. Eso fue a mediodía".

"A las ocho de la noche la división israelí empezó a retirarse. No podíamos creerlo, era la primera vez que sucedía, la primera vez en la historia. Y cuando avanzamos vimos el daño que les habíamos hecho: los tanques destruidos, los equipos abandonados".

"Al día siguiente Hussein se hizo fotografiar en un tanque capturado. A Dayan le preguntaron para cuando era el almuerzo en Amán, y él contestó que sólo el burro no cambia de opinión. A Levy Eshkol le preguntaron qué había sucedido, y él dijo que el que busca miel, debe esperar algunas picaduras".

"Aquella picadura la hicimos nosotros, y nos costó. Nos costó 90 muertos, que son muchos cuando sólo teníamos 500 hombres. Pero Al Karameh cambió todo, fue un viraje decisivo. Les demostró a todos los árabes que ellos podían derrotar al ejército israelí".
"Para nosotros, el resultado fue tremendo. Hasta entonces, Al Fatah era una organización estrictamente secreta, un puñado de hombres. La batalla de Al Karameh demostró a las masas que éramos sinceros, que podíamos convertirnos en el cuchillo y en la víctima como dice uno de nuestros documentos, "entrar en la batalla para crearlo todo de la nada", que los palestinos podíamos cerrar el puño sobre la brasa ardiente, como dice nuestro hermano Abu Ammar (Arafat)"

Después de la batalla de Al Karameh millares de palestinos acudieron a incorporarse a Al Fatah, que aún no estaba preparado para recibirlos, aunque tuvo que abrir las puertas. Otras organizaciones se enriquecieron con ese flujo. Un año después la Resistencia palestina se paseaba libremente por Siria, tenía una estación de radio en El Cairo, dominaba prácticamente en Líbano Jordania.

Sobre ese transitorio triunfo iba a abatirse la traición del rey Hussein. La esperanza palestina ardería en las calles de Amán, en las montañas de Jordania, antes de renacer poco a poco como una llama que no está destinada a apagarse.

* * *

7. "El sionismo no es sólo el enemigo de los árabes, es el enemigo de toda la humanidad" (Fatah)

En la oficina de Fatah en Beirut, Abu Hatem, miembro del Comité Central de la Organización, refirió a Noticias las etapas posteriores a la batalla de Karameh, que en 1968 demostró por primera vez que una fuerza árabe podía enfrentar al ejército israelí.

"En Karameh, la Revolución Palestina creó las circunstancias de su propio crecimiento. Todo el mundo árabe se acercó a nosotros. Inversamente nuestros enemigos redoblaron sus esfuerzos para destruirnos. Los israelíes atacaron nuestras bases y nuestros campamentos, y los gobiernos árabes reaccionarios también. Esas tentativas culminaron en Jordania, en setiembre de 1970. El ejército de Hussein atacó nuestras bases y nuestros pueblos, con tanques y aviones.

"No consiguió aplastarnos pero mató a muchos miles de compañeros. La masacre se reanudó en julio de 1971. Tuvimos que salir de Jordania.

"Con la pérdida de nuestras bases jordanas, empieza la cuarta etapa de nuestras luchas. Al principio nuestra actividad disminuyó. Tuvimos que adoptar una nueva política, concentrar la fuerza de Fatah en los propios territorios ocupados. El resultado se vio después de un año, con el aumento de las operaciones.

"También aumentamos la acción política, la duplicamos. El resultado es que actualmente la opinión pública mundial empieza a comprender que no hay acuerdo estable en Medio Oriente sin el pueblo palestino, que no hay paz sin Revolución Palestina.

"Actualmente la totalidad de los países africanos, con excepción por supuesto de los residuos coloniales, reconocen a la OLP como el único representante legítimo del pueblo palestino. En la Conferencia de Países no Alineados de Argel, el año pasado, 72 estados reconocieron a la OLP. O sea que las relaciones de la Revolución Palestina con el resto del mundo crecen día a día, y particularmente con el bloque socialista encabezado por la Unión Soviética.

"Por supuesto que no nos quedamos en eso. En la última guerra, la de Octubre, todo el mundo sabe –y principalmente los israelíes- que no hubo dos frentes, sino tres: el egipcio, el sirio y el palestino".


OLP y CNP

Fatah es la fuerza hegemónica de la guerrilla palestina. Su líder Abu Ammar (Arafat) preside la OLP y, desde comienzos de junio de 1974, el Consejo Nacional Palestino. Pero no es la única organización de la Resistencia.

En la OLP figuran, además de Fatah, el Frente Popular dirigido por Habache, el Frente Democrático de Hawathme (escisión del FP) y Saika, organización adiestrada por los sirios.

Después de Fatah, Saika es probablemente la de mayor capacidad militar, y el FD, que se define como marxista-leninista, la de mayor capacidad política, mientras que la estrella de Habache, inclinado al ultraizquierdismo, parece declinar.

Fuera de la OLP se encuentra todavía el Comando General, escindido del FP y dirigido por Ahmad Jibril, que saltó a la notoriedad a comienzos de este año con la operación de Kyriat Shmonet.

El Consejo Nacional Palestino, CNP, la organización más amplia de la Revolución, incluye no sólo a las organizaciones guerrilleras, sino a los frentes de masas, delegados de territorios ocupados y de la emigración y de grupos financieros y religiosos.

A los dirigentes de Fatah no les gustan las fotografías ni las autobiografías. Trazar su historia no es fácil. Un documento de la Organización, fechado en 1969, admite que sus creadores fueron un grupo de intelectuales que publicaban la revista Nuestra Palestina, antes de optar por la lucha armada. En ese punto su primera preocupación fue financiar la futura Organización, sin pedir ayuda a los gobiernos árabes, y el camino que eligieron fue heterodoxo: "Ya no es un secreto que buscamos empleo o desarrollamos actividades comerciales en las regiones árabes ricas en petróleo, como el Golfo. Al principio esto creó una atmósfera particular alrededor de Fatah, pero eso no nos desalentó… porque nosotros sabíamos que nos privábamos hasta de lo esencial para ahorrar el máximo de nuestros ingresos y destinarlo al movimiento".


Habla Fatah

A pesar del origen de sus fundadores, Fatah puso siempre el acento en la lucha de masas, además de la acción armada: “Si abordáramos solamente la lucha armada, estaríamos condenados al fracaso, porque en términos militares partimos de una situación de inferioridad. Pero si abordáramos solamente la lucha política, también estaríamos perdidos, porque tarde o temprano nos chocaríamos con la realidad de que el enemigo nos domina por la fuerza. La lucha armada es indisoluble de la lucha política, y el descuido de una o de otra equivale a convertir la guerra revolucionaria en una aventura."

“En consecuencia, nosotros no diferenciamos entre acción política y acción militar, ni mandamos a combatir a nadie que no haya pasado por la organización política”.

¿Cuál es el objetivo último de Fatah? Sus dirigentes lo vienen repitiendo desde hace años: la creación de un estado y no religioso en Palestina. ¿Cuál sería la situación de los judíos en ese Estado?

“Fatah no toma las armas contra los judíos. Aceptamos a los judíos como ciudadanos palestinos en absoluto pie de igualdad con los árabes. Fatah toma las armas contra el sionismo y se propone liquidarlo, porque el sionismo es el enemigo fascista y racista, el enemigo de toda la humanidad y no solamente de los árabes”.
Preguntó un periodista:

- ¿Qué harían ustedes frente a un judío perseguido en cualquier lugar del mundo?

Contestó Fatah:

- Le daríamos un fusil y pelearíamos a su lado.


* * *

8. El bombardeo de aldeas libanesas desnuda la esencia de un terrorismo que se llama “represalia”

Otra vez los rockets de los Phantom se han abatido sobre las aldeas del Líbano, un país pequeño que no tiene ejército ni aviación y cuyo pecado es dar refugio a 300.000 palestinos, una décima parte de los expulsados de su patria por los israelíes.

Nuevamente los campamentos de refugiados son descriptos como “bases” guerrilleras. Visité uno de esos campamentos, el de Nabatiyeh, al día siguiente de su casi total destrucción por los aviones israelíes, el 16 de mayo de este año. Vi las pequeñas casas arrasadas como por una enorme topadora, los utensilios de cocina desparramados, ropa de mujer colgando de los árboles calcinados.

Eso no era una base.

Esto no significa que en Líbano, en Siria, en cualquier país árabe, no existan bases de fedaín. Existen pero ni están a la vista, ni albergan una población civil de millares de almas, ni están indefensas, ni son bombardeadas.

Desde hace 25 años Israel vive anticipando ataques, en perpetuo estado de “represalia”. Una propaganda que empieza a volverse torpe describe cada acción de sus fuerzas como respuesta a un acto de terrorismo.

En cada oportunidad se resucita la historia de ese terrorismo, se invoca Maalot, Kyriat Shmoné, Lod, Munich. Entre esos actos y los campos nazis de concentración se establece una continuidad, se retrocede a los pogroms zaristas, a la intemporal persecución del judío. En este proceso se ha perdido de vista toda la verdad: el palestino despojado de su patria se ha convertido en agresor, la víctima en verdugo.

Se discute sobre los métodos. ¿Por qué los palestinos atacan escuelas? He visto la escuela de Nabatiyeh, nivelada con la roca. ¿Por qué los palestinos tiran granadas en un mercado? En Ain el Hue, la semana pasada, no quedó siquiera el mercado, bajo las bombas israelíes de 250 kilos.
La discusión sobre los métodos es una de las formas de eludir la discusión sobre el fondo, reemplazar el porqué por el cómo.

Pero aún esa discusión secundaria no debe ser rehuida.


¿De quién es el terror?

Hablemos de Maalot, por ejemplo. Las cosas en Maalot no empezaron el 15 de mayo de 1974, con la matanza de 22 estudiantes israelíes. Empezaron el 15 de mayo de 1948, con el Estado de Israel. Porque Maalot no se llamaba Maalot, sino Tarchiha, y no era un pueblo judío sino una aldea árabe. ¿Dónde está Tarchiha? Arrasada, borrada del mapa.

Volvamos a Deir Yassin, otra aldea árabe hoy enterrada bajo Kfar Shaul, un suburbio de Jerusalén. 9 de abril de 1948. Fuerzas de la Haganah y del Irgun atacan la aldea, matan a 254 habitantes, descuartizan los cadáveres y los tiran a un pozo. Escuchemos el testimonio del coronel Meir Bail del ejército israelí, que tardó 24 años en hablar: “Los soldados peinaron las casa, tirando explosivos en su interior y usando todas las armas que tenían. Disparaban indiscriminadamente sobre todo lo que había adentro, incluso mujeres y niños. Sus oficiales no movieron un dedo para impedir las atrocidades que se estaban cometiendo. Junto con otros residentes de Jerusalén, imploré que se ordenara a los soldados detener el fuego. Fue inútil. 25 hombres fueron subidos a un camión, paseados por Jerusalén en “desfile de la victoria”, llevados a una cantera y fusilados a sangre fría.”

Retrocedemos al 30 de enero de 1948. La aldea se llamaba Sheikh. El método fue el mismo. Los muertos, sesenta.

Sa´sa. 14 de febrero de 1948. 20 casas dinamitadas con sus habitantes adentro. Sesenta muertos.

Recordemos a Lydda. 11 de julio de 1948. La Haganah reprime un alzamiento popular: 250 muertos según fuente israelí, entre 500 y 1700 según fuentes árabes.

14 de octubre de 1953. Bombardeo de aldeas jordanas, 75 muertos. En Qibya se encierra a los vecinos en sus casas con fuego de ametralladoras, luego se las dinamita.

Franja de Gaza. 8 de febrero de 1955. 38 muertos.

31 de agosto de 1955. Ataque a Khan Yunis en la Franja de Gaza, 46 muertos.

11 de diciembre de 1955. Ataque a aldeas sirias. 50 muertos.

Otra vez Khan Yunis, abril de 1956. 275 muertos.

10 de octubre de 1956. Ataque a aldeas jordanas. 48 muertos.

Octubre de 1956. Kafr Qasim. 51 aldeanos son asesinados por estar fuera de su casa en un toque de queda del que no fueron avisados.

13 de noviembre de 1966. Ataque a las aldeas de Gaza y Jordania. 200 muertos.

Noviembre de 1967. Karameh, Jordania. Ataque con morteros a niños que salían de una escuela.

La lista es interminable. Entre 1949 y 1964 los países árabes denunciaron 63000 actos de agresión, entre 1950 y 1966 las Naciones Unidas y la Comisión de Armisticio condenaron 78 veces al Estado de Israel. Después ya nadie llevó la cuenta, la “represalia” se convirtió en costumbre.


Vuelta al origen

Si en el balance del terror en Medio Oriente, Israel lleva una ventaja sobre todos sus adversarios, si el Estado mismo de Israel fue la obra de organizaciones terroristas, si esas organizaciones inventaron o reactualizaron la mayoría de los modernos métodos del terror -recordar el asesinato de conde Bernadotte, la voladura del hotel Rey David, la ejecución de rehenes ingleses, las cartas explosivas- en eso no se agota la discusión sobre los métodos. Para restituir el cuadro disociado, es preciso volver a relacionar los métodos con los objetivos.

El terror es un método de lucha que han usado todas las revoluciones y también todas las reacciones. Hechas las reverencias de práctica a la actitud que prefiere condenarlo “en sí mismo” (como si algo existiera en sí mismo), su humanidad o su inhumanidad depende de sus fines. Nuestra Revolución de Mayo fue terrorista. El general Aramburu también. Con estas precisiones es posible reenfocar el terror en Medio Oriente, superar las barreras de una propaganda que –casualmente- es la del imperialismo occidental, y decidir quién tiene la parte de razón que las circunstancias le permiten tener.

El objetivo del terrorismo palestino es recuperar la patria de que fueron despojados los palestinos. En la más discutible de sus operaciones, queda ese resto de legitimidad.

El terrorismo israelí se propuso dominar un pueblo, condenarlo a la miseria y al exilio. En la más razonable de sus “represalias”, aparece ese pecado original.


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17.1.09

La enmienda: un asunto político

Apenas culminaban las elecciones regionales en Venezuela y vista la arremetida de la oposición en los estados Miranda y Carabobo contra las misiones sociales, el presidente Hugo Chávez convoca al Partido Socialista Unido de Venezuela (Psuv) para que discuta la posibilidad de hacer una enmienda en el artículo 230 de la Constitución para que permita al Presidente o Presidenta de la República ser reelegido o reelegida sin ninguna restricción.

Esta nueva convocatoria que hace Chávez al país ha puesto de cabeza a la oposición política que ahora, paradójicamente, se “preocupa” por el relevo del Presidente dentro de las filas del chavismo y lanza nombres de posibles sucesores con el propósito de alentar la división dentro de las filas del Psuv e intentar conseguir el escenario qué más desea: una elección sin Chávez.

Si hacemos un breve repaso electoral, en las presidenciales de 2006 Chávez obtiene 7.309.080 votos (62.84%) y su propuesta era la profundización de la revolución bolivariana contraponiendo el socialismo al capitalismo. Es por ello que en 2007 propone una Reforma Constitucional de 33 artículos que luego fue ampliada a 69 en discusión de la Asamblea Nacional (AN). Ésta fue sometida a referendo popular, como lo establece la Constitución, el 2 de diciembre de ese año y recibe el apoyo de 4.379.392 que votaron por el Sí, pero pierde por la estrecha diferencia de 124.962 votos.

Para la Reforma Constitucional la campaña que desplegó la oposición fue el desabastecimiento, la desinformación basada en guerra sucia y en promover el NO entre los chavistas. Su propaganda consistía en que no estaba en juego el gobierno de Chávez ni las misiones sociales. Estos dos últimos argumentos, también los utilizó para las elecciones regionales de noviembre de 2008 y en cierta medida contribuyó a la desmovilización de un sector electoral que no supo comprender que se enfrentaban dos modelos de hacer política para resolver los problemas sociales.

Mientras el gobierno de Chávez implementa misiones para lograr educación y salud universal, los nuevos gobiernos locales y regionales de oposición, en menos de un mes de haber asumido sus cargos, se alían con la supuesta iniciativa privada para tratar de solventar ciertas infraestructuras; contraponen el modelo de la solidaridad en que se basa la Misión Sucre con la implementación de un sistema de becas para estudiar en las más costosas universidades privadas; y crean un banco de consultas para que “médicos especialistas” accionistas de clínicas privadas donen horas de su tiempo –que seguro es oro– con el propósito de asistir a la población sin recursos, como si no existiese un sistema de salud pública, que aunque con deficiencias no se compara con el módulo de emergencia del municipio Chacao que segrega a la población que no presenta una carta de residencia de ese Municipio; cobra por las placas y los exámenes practicados allí; y remite a los pacientes a clínicas privadas cuando no consiguen una solución.

Con este panorama político, en el que sectores de derecha han ganado espacios en las recientes elecciones, Chávez ante una manifestación multitudinaria en Caracas en apoyo a la Enmienda dijo que era necesario que ésta se aprobara “para llevar adelante con éxito –sin ningún retorno posible– el proceso revolucionario con rumbo definido que ahora tiene contenido profundo: el proyecto socialista bolivariano.”

La enmienda es un asunto político más que jurídico, que por demás está establecido en los artículos 340 y 341 de la Constitución, y debe ser aprobada por el pueblo mediante referendo. Más democrático no puede ser y más ahora que se ha extendido a todos los cargos de elección públicos.

Para esta nueva convocatoria Chávez aspira obtener la misma cantidad de votos o superior a la que le dio la victoria en la reelección de 2006. Pero si la enmienda es aprobada por una pequeña diferencia de votos, nos preguntamos si la oposición estaría dispuesta a aceptarlo inmediatamente, así como hizo Chávez cuando fue derrotado con la Reforma de 2006 o en las recientes elecciones regionales del 23 de noviembre de 2008 cuando la oposición ganó gobernaciones por estrecho margen contra los candidatos del Psuv como sucedió en el estado Miranda donde la diferencia fue de 77.042 votos, mientras en Carabobo fue de 25.570 votos y en Táchira de 6.483 votos. Esperamos que la oposición política y sus seguidores estén a la altura de la democracia.

Raúl Cazal
Le Monde diplomatique. Edición venezolana
No. 5. Enero de 2009

5.12.08

Victorias y enmienda

A la salida de la estación del Metro de El Valle, al sur de Caracas, un grafitti reza lo siguiente: “este es un peo de clases”. De alguna manera esta frase que ya tenía tiempo pintada en la pared, a la luz de los resultados de las elecciones regionales que se realizaron en Venezuela el pasado 23 de noviembre, cobra un notable interés para la discusión de los partidos políticos y movimientos populares que impulsan la Revolución Bolivariana en este país.

El término lucha de clases, a raíz de la caída del muro de Berlín y del bloque soviético en Europa a finales de la década de los ochenta y principios de los noventa del siglo XX, fue desterrado de su lenguaje por muchos pensadores y políticos que moderaron su visión política de izquierda o saltaron la talanquera –como vulgarmente se dice por estos lugares– seducidos por quienes profesaban el “fin de la historia” desde el Consenso de Washington.

Eran épocas donde la “tercera vía” parecía ser la panacea ideológica para desinfectarse de la dialéctica del materialismo histórico; pero en Venezuela, mientras las élites políticas trataban de entender la realidad del país, el pueblo despertó de un largo sueño de verano el 27 de febrero de 1989.

A partir del estallido social mejor conocido como “El Caracazo”, se desencadenó en Venezuela una serie de sucesos que gestaron la Revolución Bolivariana. Desde la rebelión militar del 4 de febrero de 1992, la del 27 de noviembre de ese mismo año, hasta una crisis financiera con una inflación que llegó a superar los 100 puntos, se desembocó en una crisis general de la sociedad porque no existía una respuesta política.

Con este panorama apareció nuevamente Hugo Chávez, ahora como candidato presidencial, mientras los partidos políticos tradicionales se confabulaban para evitar desesperadamente su triunfo.

Desde que ascendió Chávez al poder los medios de comunicación tradicionales han intentado, con relativo éxito, invisibilizar las acciones de gobierno, especialmente los logros en materia social y económica. La reciente elección regional no escapó a esta constante muy bien concertada internacionalmente y cuya repercusión a nivel nacional es inmediata.

Apenas se conocieron los resultados de las elecciones comenzó a concertarse la difusión de la posibilidad de “derrotar” a Chávez, como aseguraba el editorial de The Washington Post del 24 de noviembre. A partir de allí, pretendieron crear la matriz de opinión de que el electorado le está dando la espalda al Presidente, sin explicar que en diez años de elecciones sólo sufrió una derrota y por un margen muy estrecho en el referendo por la Reforma Constitucional de diciembre de 2007.

En esa oportunidad, el Sí por la Reforma Constitucional obtuvo 4.379.392 votos (49,29%) de los votos escrutados, mientras que el No resultó ganador con margen de diferencia de apenas 124.962 votos, es decir, recogió 4.504.354 votos (50,70%). Son datos que los medios de comunicación no recuerdan cuando hacen énfasis en la frase “derrota de Chávez”.

En pocas palabras, la oposición política ha mediatizado la victoria obtenida en cinco gobernaciones difundiendo la idea de que ganaron en los estados “más importantes” (Zulia, Miranda, Carabobo, Táchira y Nueva Esparta) y partiendo de allí sacaron una tesis insólita: la “ruralización” del chavismo, como si lo rural fuera sinónimo de atraso. Una singular manera de invisibilizar la importancia de estos estados en la vida política, social y económica de la nación; como si de la producción agrícola no dependiera la soberanía alimentaria, tan necesaria en esta época de crisis mundial y fundamental para el desarrollo de cualquier país. Para mostrar la supuesta derrota de Chávez estos analistas mediáticos olvidan que Aragua y Lara son estados fabriles; que Bolívar es el estado de las empresas básicas; y Monagas, Sucre y Anzoátegui son petroleros y gasíferos, tan sólo por mencionar algunos estados.

Tampoco cuentan para los medios que de 335 alcaldías en comicios, el Partido Socialista Unido de Venezuela (Psuv) ganó 264 (78,80%). De esas alcaldías obtenidas por el Psuv, 16 son ciudades capitales de Estado, incluida el Municipio Libertador donde el candidato Jorge Rodríguez obtuvo 53,59% de los votos, con una ventaja de 12.2 puntos sobre su rival más cercano de la oposición.

Pero la mayoría de los medios de comunicación han tratado de minimizar la victoria de Rodríguez, dándole sólo relevancia a los vencedores de la oposición. “Chavismo perdió apoyo popular en las 22 parroquias de Caracas”, era el titular del periódico El Nacional del jueves 27 de noviembre, mientras que el subtítulo decía: “Jorge Rodríguez bajó 20 puntos con respecto a la votación de Freddy Bernal en 2004” acompañado de un sumario donde se lee: “En el 23 de Enero, Catia y El Valle la oposición subió de 10.925 votos a 80.258 entre los años 2004 y 2008”.

Al periodista y escritor José Roberto Duque no le sorprendió la manipulación de esta información en ese medio de comunicación: “Probablemente usted no haya visto o no haya querido ver la trampa, así que procedo a masticarla por usted: la votación del chavismo la miden en puntos y la de la oposición en números absolutos”, escribió en su boletín virtual El discurso del Oeste.

Pero si nos detenemos en esa información de primera plana, allí lo que se oculta es que Bernal obtuvo 284.085 votos en 2004 y Jorge Rodríguez 478.396 votos recientemente. De esta manera El Nacional hace su aporte con la agenda de “Cómo derrotar a Chávez” según el editorial de The Washington Post.

Además, si muestran los datos de los comicios tendrían que explicar por qué la oposición perdió elección tras elección después de que el presidente Chávez logró vencerlos en el referendo revocatorio de 2004, al sembrar la duda en su electorado sobre la transparencia de las elecciones hasta el punto de hacerles creer leyendas urbanas sobre cisnes negros y hackers rusos.

Para estas elecciones la oposición política enmendó los errores pasados y llamó a sus seguidores a participar en esta contienda. A principios de año firmaron un pacto de unidad y profetizaron que lograrían 15 gobernaciones. En ese momento, a las dos gobernaciones que habían logrado en las elecciones de 2004 (Zulia y Nueva Esparta), se le sumaron cinco gobernaciones donde sus gobernadores cambiaron sus posturas política. Dos de ellas, Aragua y Sucre, comandadas por gobernadores pertenecientes al partido político Podemos[1] comenzaron a alejarse de la alianza que los llevó al Gobierno cuando el presidente Chávez llamó a la creación del Partido Socialista Unido de Venezuela (Psuv) en diciembre de 2006; ese alejamiento se acrecentó cuando el Gobierno nacional canceló la concesión a Radio Caracas Televisión y Podemos decidió separarse definitivamente con el llamado a referendo para la Reforma Constitucional. Las otras tres gobernaciones (Carabobo, Guárico y Trujillo) se deslindaron en los últimos cuatro meses al no acatar la decisión de apoyar a los candidatos del Psuv a las gobernaciones.

En cuatro de estas cinco gobernaciones, el Psuv tuvo una contundente victoria: Aragua (58,92%), Guárico (52,54%), Sucre (56,51%) y Trujillo (59,96%), mientras que Carabobo la pierde por la diferencia mínima de 25.570 votos. De esta manera, el Psuv se consolida como partido en todo el país al obtener 17 gobernaciones y 264 alcaldías.

Después de la derrota que sufrieron quienes gobernaban estos estados, por lo menos tendrán que revisar sus planteamientos políticos para las próximas contiendas electorales (municipales y legislativas) y se les pone cuesta arriba recuperarse después de que Podemos obtuvo en Aragua el 10,51% del electorado y en Sucre 10,46%, algo que sin lugar a dudas no se lo esperaban. Como tampoco el partido Patria Para Todos (PPT)[2], que logró sólo el 22,98% en Guárico.

Lo que extraña de estas elecciones es que se fue a una contienda en medio de una polarización donde ambos bandos tenían una sola propuesta: la del Gobierno Bolivariano.

Por un lado, el Psuv ofrecía fortalecer y avanzar con los logros obtenidos por la Revolución Bolivariana en estos diez años de gobierno, mientras que la oposición trataba de captar el voto de los sectores populares asegurando que no desmantelaría las misiones bolivarianas de carácter asistencialista: Barrio Adentro, esencialmente, porque en ningún momento se mostraron a favor de misiones como Ribas o Sucre que tienen un carácter más formativo y en correspondencia con la ideología del Socialismo del Siglo XXI que propugna el presidente Chávez.

Sin embargo, apenas la oposición asumió el poder en el estado Miranda, se “olvidaron” de pronunciar la palabra Bolivariana cuando mencionaron el nombre de la República venezolana, pero días antes grupos armados pretendieron tumbar la antena de la radio comunitaria La Voz de Guacaipuro por denunciar las arremetidas “contra las misiones, específicamente contra la Misión Sucre, la Unefa y la Misión Milagro”, dijo el presidente de la radio, Eleazar Jiménez, a la ABN.

Con este panorama complejo de resultados, de victorias y de retrocesos; surge la necesidad de poder comprender mejor que existe una diferencia de clases sociales; pero que además, queda claro que existe una falta de conciencia de clase en los sectores más vulnerables de la sociedad: los pobres. Sectores que se identifican con el presidente Chávez, pero que descree de quienes ejercen los cargos públicos del Gobierno Bolivariano.

Es por ello que una de las preocupaciones del presidente Chávez y del Psuv es el de la formación de cuadros ideológicos del Partido, que puedan penetrar en esos sectores donde la conciencia de clase se encuentra fuera de foco y pierden la brújula cuando no ven resueltas sus necesidades inmediatamente.

Mientras el chavismo sube y baja en cada elección, la oposición se mantiene sobre los cuatro millones y medio de electores aproximadamente. Si antes la oposición política no ganaba más gobernaciones, alcaldías o curules en el parlamento, se debía a sus estrategias erradas de abandonar la política y apostar a la ruptura institucional.

En la reelección de 2006, Chávez vence con 7.309.080 votos. Un año después, en el referendo por la Reforma Constitucional, el Sí pierde con 4.379.392 votos en medio de un brutal desabastecimiento y de una guerra sucia que desvirtuaba la propuesta presidencial reduciéndola a mentiras como la eliminación de la propiedad privada y de la patria potestad de los hijos. En estas últimas, el chavismo obtiene 5.567.914 votos, de los cuales por el Psuv votaron 4.947.760 electores.

Ahora el presidente Chávez ha puesto una nueva meta al pueblo venezolano: hacer una enmienda en el artículo 230 de la Constitución. La propuesta para este artículo es la siguiente: “El período presidencial es de seis años. El presidente o presidenta de la República puede ser reelegido o reelegida”. Mientras Chávez expresa que la enmienda constitucional es “para profundizar la revolución socialista, la revolución bolivariana”, la oposición política reacciona bajo el argumento de que el pueblo decidió sobre este punto cuando negó la Reforma constitucional mediante referendo en diciembre de 2007, que es como decir que también estuvieron en contra de la jornada laboral de 6 horas diarias, entre otros, ya que éstos puntos se votaron en bloque. En tal caso, si consideran que Chávez es derrotable, como es su tesis mediática, habría que esperar la decisión del soberano mediante referendo.

Razón tenía el presidente brasileño sobre el carácter democrático de su par venezolano cuando afirmaba que en “Venezuela hay elecciones cada año y cuando no hay, Chávez la inventa.”

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Notas

1 Por la Democracia Social (Podemos) es un partido político que se deslindó de las filas del Movimiento Al Socialismo (MAS) en marzo de 2002. Retuvo el control político en las gobernaciones de Aragua, gracias a la permanencia de Didalco Bolívar por 13 años en la Gobernación (periodos: 1995-1998, 1998-2000, 2000-2004 y 2004-2008) y de Sucre, por Ramón Martínez con 14 años alternados (periodos: 1992-1995, 1995-1998, 2000-2004 y 2004-2008).

2 Patria Para Todos (PPT) gobernó con Eduardo Manuitt durante diez años consecutivos en el estado Guárico (periodos: 1998-2000, 2000-2004 y 2004-2008). Lenny Manuitt se había inscrito en el Psuv y participó en las primarias de ese partido para la candidatura de la gobernación de Guárico. William Lara vence en las primarias (35.664 votos) y la hija del Gobernador (que obtiene 33.180 votos) se retira del Psuv y se presenta con el apoyo del PPT como candidata a la Gobernación. En la elección del 23 de noviembre, Manuitt logra el 32,2% (93.393 votos) del electorado de esa región. El PPT recauda para esta candidata el 22,98% (64.648 votos), mientras que el Psuv obtiene el 50,39% (141.759 votos) para darle la victoria a William Lara con un total de 147.796 votos.


Raúl Cazal

Le Monde diplomatique Edición venezolana

15.11.08

Medios en la mira de Serrano


La lectura del reciente libro de Pascual Serrano, Medios violentos. Palabras e imágenes para el odio y la guerra, me recordó una conversación que sosteníamos unos amigos sobre el periodismo hace un par de años cuando de repente alguien soltó una expresión que dejó a todos atónitos: “Telesur me asusta”.

Y tenía razón en sentir preocupación aquella persona, como seguro lo sintieron muchas otras más desde que apareció este canal multiestatal hace apenas tres años, porque por primera vez en América Latina se trasmitía un noticiero y una programación con imágenes diferentes a las que estaba acostumbrada a ver, con noticias e historias desde una óptica totalmente opuesta al consenso ideológico liberal que prevalece en los medios nacionales, réplica de aquellos que producen las grandes cadenas internacionales.

Medios violentos es una radiografía muy bien documentada de cómo los medios de comunicación locales y globales van ocultando la realidad a través de mentiras y manipulaciones con el objetivo de preparar a la población para la guerra o para adormecer sus conciencias. Para ello nos relata cómo en Ruanda los dueños de medios de comunicación incitaron a la población a cometer genocidio; la cizaña generada en Yugoslavia para promover la guerra de los Balcanes o mirar para otro lado silenciando las atrocidades cometidas contra los inmigrantes, banalizando la muerte al mostrar cifras y más cifras sin dar ninguna explicación ni contexto de cómo empezó todo.

Serrano se ha convertido en un detector de mentiras de medios. Siempre atento, no sólo a los contenidos, sino también a las formas en que son presentadas las informaciones para manipular a la población. En España, por ejemplo, en un sondeo de opinión dio como resultado que reconocían en un alto porcentaje al presidente venezolano Hugo Chávez y a Fidel Castro de “autoritarios” (91%) y “violentos” (88%), mientras declaraban desconocer el tratado constitucional europeo (45%). Pero estos resultados son lógicos, nos hace la observación Serrano, “los medios habían destinado mucho más espacio y tiempo a satanizar a Chávez que a explicar la Constitución Europea (…). Habían, por tanto, cumplido su objetivo, lograron convencer de que Chávez era violento y autoritario, aunque para ello dejaran olvidado informar sobre la Carta Magna europea.”

Al final nos presenta una “Bibliografía recomendada y/o utilizada” a la que incluiríamos los libros de Pierre Bourdieu: Sobre la televisión (Anagrama, 1996) y Pensamiento y acción (Monte Ávila Editores, 2006), donde se desmontan los mecanismos de censura invisible y de cómo se instauró una lengua sin saber exactamente de lo que están hablando cuando dicen “globalización”, “gobernabilidad”, “nueva economía” o “tolerancia cero”, a la que llamó “La nueva vulgata planetaria”.

Medios violentos. Palabras e imágenes para el odio y la guerra no sólo desenmascara la supuesta candidez de los medios de comunicación que pregonan la paz y la concordia, cuando más bien azuzan la guerra, el odio, la xenofobia y el racismo, sino que también realiza “una propuesta para estudiar” que seguro podría traer a una discusión sobre el papel de los medios públicos y privados en nuestra sociedad.

3.11.08

Venezuela en elecciones

Las elecciones regionales venezolanas que se realizarán en este mes de noviembre, no sólo atrae la atención nacional sino también la de los candidatos a la presidencia de los Estados Unidos (EEUU), especialmente la dupla republicana McCain-Palin.

La guinda la colocó recientemente John McCain al criticar las políticas económicas del gobierno venezolano, pero extrañamente no hace referencia sobre la ola de suicidios en EEUU generado por la crisis capitalista. Esta vez, no son los dueños de bancos quienes deciden quitarse la vida, como lo hicieran en las crisis de inicio del siglo pasado, sino quienes han perdido sus viviendas y sus empleos, el lado más delgado de la cuerda.

“En California, un administrador de inversiones desempleado pierde una fortuna y en un acto de desesperación mata a su familia y se suicida. En Ohio, una viuda de 90 años de edad se pega un balazo en el pecho al ver que llegan alguaciles con una orden de desalojo de su modesta vivienda”, así comienza un cable de la agencia Associated Press (AP) del 14 de octubre pasado.

Su segundo párrafo no es menos dramático: “En Massachusetts, Carlene Balderrama, un ama de casa que ha ocultado a su marido la desesperada situación financiera en que se hallan, envía una carta a la empresa que está financiando su hipoteca, advirtiéndole, “Para el momento en que ustedes libren una orden de ejecución contra mi casa, estaré muerta”. Balderrama se suicidó de un balazo, tras matar a sus tres amados gatos, dejando una póliza de seguros y una carta en la mesa informando de su decisión de quitarse la vida.”

Pero antes había hablado la “francotiradora”, como gusta decirle McCain a Sarah Palin, y tildó al presidente Hugo Chávez de “dictador”. Quizás la gobernadora de Alaska aún no se ha enterado que quien preside el gobierno actualmente en Venezuela ha sido elegido y reelegido, incluso ha sido sometido a un referendo revocatorio y ha salido vencedor. Quizá el sistema electoral venezolano no es tan “democrático” como el que se realiza en EEUU, donde 270 o más votos de colegios electorales son los que eligen al presidente estadounidense. Por lo tanto, un candidato presidencial puede ganar el voto popular y, al mismo tiempo, perder la elección en ese país.

Para quienes tienen una “democracia” donde gobiernan las corporaciones y cuando se les presenta una crisis sólo salvan a los bancos, es muy difícil que traten de entender que un gobierno (el venezolano, por mencionar uno solamente) haya decidido el camino de la independencia.

Hasta les preocupa que en el plano tecnológico Venezuela haya logrado colocar un satélite en el espacio. El día del lanzamiento el gobierno venezolano reveló que EEUU había intentado hasta último momento bloquear que éste se realizara al solicitarle a China que debían “revisar” el satélite porque supuestamente se había hecho una modificación que podía generar una “perturbación”.

Ahora el nombre de Simón Bolívar se encuentra girando por la órbita terrestre que corresponde a Uruguay con tecnología provista por China. Sin lugar a dudas, es un logro de soberanía tecnológica que ha sido silenciado mediáticamente, una vez más.

Lo que sí ha traído a los titulares en primera plana es a la organización privada Súmate, que pretende dar lecciones de “impunidad electoral” al instruir a unos “supertestigos” para las elecciones de este 23 de noviembre (23N). Esta agrupación política que ha contado con el respaldo del presidente estadounidense George W. Bush y financiada por la National Endowment for Democracy (NED), regresa una vez más para erigirse como superárbitro después de haber fracasado como organización que intentaba nuclear a la oposición política.

También figuró en esos titulares el vicepresidente de la Conferencia Episcopal Venezolana (CEV), monseñor Roberto Lückert, y extraña sobremanera la posición de ir contra el árbitro electoral –Consejo Nacional Electoral (CNE)–, porque esta estrategia lo que ha llevado en anteriores elecciones es a la desmovilización de la oposición. Si bien, las elecciones regionales ha alcanzado niveles de abstención entre 45% y 50%, según los sondeos recientes de Datanálisis podría tener una participación del 77%.

Una alta participación en estas elecciones es un compromiso con la democracia participativa y con las nuevas relaciones que el ciudadano está desarrollando desde consejos comunales. Si se mantienen estos sondeos va a ser muy difícil que reducidos sectores de ultraderecha pongan en práctica una réplica de la Media Luna boliviana en Venezuela.


Le Monde diplomatique. Edición venezolana, No. 3. Noviembre, 2008.

16.10.08

La integración del sur

por Raúl Cazal

Las grandes firmas que recientemente fueron a la quiebra o adquiridas por otras, estaban “muy preocupadas” por nuestra economía, y no dejaban de vaticinar la debacle en Venezuela utilizando los medios de comunicación a su alcance, pero se olvidaron de mirar sus propias acciones y cuando lo hicieron, ya era tarde. El 15 de septiembre Lehman Brother anunció su quiebra a primeras horas de la mañana, mientras que Merryl Linch era absorvida por el Bank of America. Ahora estos medios tendrán que buscar nuevas fuentes para pronosticar las futuras catástrofes en nuestros países.

Si bien es conocido el silencio mediático cuando gobiernos progresistas logran algún acuerdo o avance en sus procesos sociales, políticos y económicos, la novedad ahora es que estos medios también hacen mutis sobre temas periodísticos sumamente importantes, como la crisis inmobiliaria que arrastró al sistema financiero estadounidense, por decir lo menos.

Pero regresemos a ese 15 de septiembre nefasto para la economía de Estados Unidos (EEUU) y del mundo. Ese mismo día los presidentes de los países de América del Sur aterrizaban en Santiago de Chile para una cumbre de urgencia de la Unión de Naciones Suramericanas (Unasur), pero no para salvar a compañía privada y especuladora alguna, sino para dar respaldo al gobierno constitucional del presidente de la República de Bolivia, Evo Morales. Una mala noticia para quienes gobiernan en Estados Unidos. Mejor dicho, dos en un solo día.

La Declaración de la Moneda se discutió y aprobó de manera unánime en una reunión que duró menos de seis horas. En ella los presidentes agrupados en la Unasur advirtieron que “sus respectivos gobiernos rechazan enérgicamente y no reconocerán cualquier situación que implique un intento de golpe civil, la ruptura del orden institucional o que comprometan la integridad territorial de la República de Bolivia.”

Es de hacer notar que la misión de los presidentes y presidentas de los países miembros de la Unasur se llevó a cabo con rapidez y total éxito gracias a que en esta reunión no estaba invitado el gobierno de EEUU, puesto que éste no forma parte de esta nueva forma de integración latinoamericana. De esta manera, y con su actuación, la Unasur desplazó a la Organización de Estados Americanos (OEA) que hasta la fecha no ha hecho más que ser observador de un proceso insurreccional en Bolivia, donde bandas de criminales promovidas y financiadas por prefectos secesionistas masacraban a campesinos indefensos por el sólo hecho de apoyar al presidente Evo Morales.

Los sectores de derecha de Bolivia y el gobierno de los EEUU no le perdonan al pueblo originario y a los movimientos sociales que hayan decidido refundar ese país con una Asamblea Constituyente y que su presidente soberano sea recientemente ratificado por el 67 por ciento del electorado mediante referéndum. Tampoco le perdonan a Evo Morales que haya nacionalizado los hidrocarburos y de esa manera multiplicado por diez los ingresos para el Estado. Bolivia percibía 200 millones de dólares por exportación de gas en 2003 y pasó a recaudar más de 2.000 millones en 2007. Recaudación que ahora quieren detentar los personajes que históricamente estuvieron en contra de la estatización: los prefectos de la “Media Luna”.

La Unasur se reunió de urgencia con el fin de frenar un proceso de golpe de Estado que se gestaba en Bolivia en las narices del mundo y lo hizo recordando que por esos días, un 11 de septiembre de 1973, La Moneda era bombardeada para derrocar al gobierno socialista del presidente Salvador Allende.

En la declaración de la Unasur no se menciona al presidente Allende, como tampoco a los EEUU, pero de todas maneras ambos están presentes en la Declaración de La Moneda, puesto que los sucesos y los métodos son los mismos, sólo cambia el escenario y los personajes.

El panorama político actual de América del sur ha virado hacia gobiernos progresistas. Sus actuales presidentas y presidentes tienen mayor comprensión de la necesidad de integración política, social y económica para ser independientes. Es en esa dirección que aparece la Unasur, y al calor de estos cambios ya se está haciendo notar. Su reciente actuación en el caso de Bolivia es solo el comienzo de una nueva geopolítica para nuestros países.

15.9.08

Rastros en los apuntes de Botero

Escribir en Colombia sobre la violenta realidad que vive ese país desde El Bogotazo hasta nuestros días podríamos decir que es un acto de valentía, pero quien escriba sobre las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (Farc) o narrar el testimonio de alguno de sus hombres o mujeres, corre graves riesgos, definitivamente. De estos riesgos vitales gusta el periodista Jorge Enrique Botero, además de navegar entre las aguas del periodismo y la literatura, que ha sido una constante en cada entrega.

Simón Trinidad. El hombre de hierro es un libro hecho a pulso de apuntes de un reportero que descubrió la “fascinación de perseguir rastros”, como gusta decir Botero en las páginas iniciales. Y por esa fascinación logra retratar a un hombre sin muchos artificios para que los ideales y convicciones de quien logró salvar su vida uniéndose a las Farc, una vez que se enteró que estaba en una lista para ser asesinado por ser militante de la Unión Patriótica, sea lo que perviva en el libro mientras en cada testimonio cuela la historia convulsionada de Colombia.

Este libro así como los dos anteriores, que podría reunirse como una trilogía o una saga, puesto que no creemos que sea el último, Botero nos documenta que en Colombia hay un conflicto social y una guerra, que existe un ejército guerrillero que vive en las condiciones que le permite la selva. Que tras ellos hay hombres y mujeres de carne y hueso, de sueños y esperanzas, pero sobre todo, que son tan colombianos como los que no viven esa realidad.

Con esta premisa nos entregó el primero, Espérame en el cielo, capitán (2005), que relata en cánon literario la crónica de un soldado que nunca quiso serlo, que fue obligado a ir al frente por el ejército colombiano y es detenido por las Farc después de un enfrentamiento. Pero en plena selva, y en las mismas condiciones en que se encuentra él, conoce a quien le profesaría amor eterno, su Capitán. Mientras que el segundo, Últimas noticias de la guerra (2006), escrito también como si fuera una novela, revela una primicia periodística: el nacimiento de Emmanuel, hijo de Clara Rojas con un guerrillero de las Farc en medio de un candelero.

Para Botero no basta con decir que Simón Trinidad es un hombre de hierro, tiene plena conciencia de reportero de demostrar aquello que en principio es una anunciación y para ello reune en las 355 páginas los testimonios recavados en entrevistas realizadas a los amigos de infancia y familiares, regresa a la selva para tener el relato de la bellísima Lucero (la compañera de Simón Trinidad) y Raúl Reyes, entre otros.

En cada capítulo se encuentra la figura de Simón Trinidad mientras se cruzan selvas, pueblos y ciudades de Colombia hasta la asistencia al tribunal donde es juzgado en Washington, Estados Unidos (EEUU). Allí, Botero rindió declaración como testigo de la fiscalía estadounidense, pero nunca olvidó su papel de periodista y eso le permitió, apunte tras apunte, como si pensara que eso podría ser un género, muy parecido a un diario, escribir un libro donde no muestra a buenos ni a malos, sino a las personas que juegan un papel en la vida, el que les dicta su conciencia.

Tomado de Le Monde diplomatique. Edición venezolana. Septiembre, 2008. Número 1.

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11.9.08

La elección de Venezuela

por Raúl Cazal
Le Monde diplomatique. Edición venezolana

En Venezuela se viven, en principio, dos realidades. Una, que podríamos decir que es muchas al mismo tiempo, de un país que vive un proceso de transformación y de participación de la población para lograr un cambio, no sólo en las relaciones sociales, políticas y económicas, sino en una verdadera independencia y otra, la que difunden los medios de comunicación privados.

Si una de las premisas que tiene el periodismo es que en una guerra la primera víctima es la verdad, en épocas de elecciones podemos asegurar que sucede de igual modo. En Venezuela, volveremos a presenciar una guerra mediática en los próximos meses hasta que se lleve a cabo el 23 de noviembre los comicios de gobernadores y alcaldes. Hace apenas menos de un año se consultó la Reforma Constitucional presentada por el presidente de la República, Hugo Chávez, y ésta tuvo una aprobación de 49,29% del electorado, que viene a ser un apoyo contundente a la gestión y propuestas del Presidente si tomamos en cuenta que en vísperas a la elección el gobierno se tuvo que enfrentar a un descomunal desabastecimiento, acompañado de una campaña que desvirtuaba la propuesta presidencial en los medios por parte de la oposición política.

En esta guerra mediática veremos enfrentados al gobierno tratando de mostrar con eficiencia los logros de nueve años de Revolución Bolivariana apoyado por los medios del Estado, mientras que por el otro, la oposición y los medios de comunicación privados tratará de empañar esos resultados de diferentes maneras, bien sea minimizándolos o desa­pareciéndolos de sus pantallas, radio o páginas.

Entre los casos que más destacan los medios en favor de la oposición política venezolana, según los sondeos de opinión pública, son: la inseguridad; la carencia de vivienda y la inflación. A contrapelo hay una economía que ha mantenido una tasa de crecimiento de 9.7(1) en el periodo 2004-2007 y un cambio radical en la forma de hacer política al diversificar la relación comercial con países de Asia y estrechar relaciones de integración con las naciones latinoamericanas.

Mientras la oposición trata de recuperar espacios políticos en las próximas elecciones de gobernadores y alcaldes, el gobierno ha tenido una intensa labor para lograr independencia económica y tecnológica al establecer convenios con países como Rusia, China, Bielorrusia, Irán, Portugal, Brasil, Argentina. Ya el país no es la Venezuela del sultanato, que tenía como propósito proveer exclusivamente petróleo a los países industrializados, especialmente a Estados Unidos (EE UU), que fue favorecido con la venta de petróleo a un precio promedio de 2,94 US$ por barril durante las décadas 50 y 60 del siglo XX(2).

Venezuela ha invertido para tener un satélite, provisto por China, que será lanzado en noviembre de este año y tendrá una vida de 15 años y que beneficiará, además de a Uruguay que permitió la utilización de su órbita espacial, a Bolivia, Paraguay, Cuba, República Dominicana, Jamaica y Haití. Ha tenido que recurrir a Rusia y Bielorrusia para adquirir aviones, helicópteros, armas y municiones debido al bloqueo que le ha impuesto EE UU para no proveerle a Venezuela ningún tipo de tecnología para defensa. De Irán ha logrado transferencia tecnológica para el sector agroindustrial, automotriz y vivienda; con Portugal firmaron convenios bilaterales en materias energética, alimentaria y modernización de puertos, entre otros.

Venezuela no ha dejado en ningún momento de proveerle petróleo a EEUU pese a todos los tropiezos que le ha generado la Casa Blanca, desde apoyar el golpe de Estado en abril de 2002 hasta negarle la entrada a la comitiva venezolana que acompañaba al presidente Chávez al discurso de orden ante la Organización de Naciones Unidas (ONU) en 2006. Pero en algo ha sido muy explícito el presidente Chávez, en enfrentar las políticas neoliberales que quieren imponer los organismos multilaterales que están alineados con el Imperio: el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional (FMI).

En abril de 2007 Venezuela le dijo adiós al FMI y al Banco Mundial al liquidar la deuda que en 1998 ascendía a 3.300 millones de dólares con ambos organismos. Al pagar anticipadamente esta deuda que se vencía en 2012, la nación se ahorró 8 millones de dólares en intereses. Esta noticia la dio Chávez en la celebración del 14 de abril de 2007, fecha en que un lustro atrás regresó al poder después del golpe de Estado que lo separó por 48 horas de la presidencia.

“La deuda que manteníamos desde el año 1998, último de los gobiernos de la Cuarta República, observó una línea descendente que nos llevó a liquidar por completo este gran peso para el país. Nos sentimos orgullos de cerrar este ciclo del capitalismo salvaje.”(3)

Hay que recordar que estos organismos impusieron a presidentes venezolanos aplicar medidas económicas neoliberales debido a la sujeción que tenían por estar en deuda financiera con el FMI y el BM. El más resaltante es el de 1989, cuando Carlos Andrés Pérez apenas comenzaba su gobierno implementó el “Paquete de Medidas” que dio origen a una protesta popular, mejor conocida como “El Caracazo”, y que terminó con un saldo de muertes aún desconocido.

Venezuela está demostrando que es posible el crecimiento económico sin las recetas del FMI y del Banco Mundial, y que además, se puede ser solidario con los países de la región latinoamericana y caribeña, estableciendo un nivel de cooperación energética (Petrocaribe) que le permita a los países más débiles financieramente formas de pago más flexibles para poder cumplir con los convenios suscritos.

Esta posición solidaria ha sido vilipendiada y tratada como si fuera un regalo de petróleo o de dólares o compra de conciencia de quienes dirigen los países que reciben la ayuda venezolana. Mas sin embargo, lo que está detrás de toda esta ayuda solidaria, es el afán de integrar a Latinoamérica. En este sentido, Venezuela comienza a dar los primeros pasos más allá de lo estratégicamente económico e impulsa una política, social y cultural. Con este criterio nace la Alternativa Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América (Alba) el 29 abril de 2005, en contraposición del Área del Libre Comercio de las Américas (Alca) propuesto por EEUU.

“El Alba es un instrumento para atacar los obstáculos a la integración: a) la pobreza; b) las desigualdades y asimetrías entre países; c) el intercambio comercial desigual; d) el peso de una deuda externa impagable; e) la imposición de políticas estructurales de ajuste por el FMI, el BM y la OMC que, sin dudas, socavan las bases de apoyo social y político de cada uno de nuestros Estados; f) los obstáculos para tener acceso a la información, el conocimiento y la tecnología que se derivan de los actuales acuerdos de propiedad intelectual; y, g) prestar atención a los problemas que afectan la consolidación de una verdadera democracia, tales como la monopolización de los medios de comunicación social”.(4)

Como EEUU se ha visto imposibilitado en poder cristalizar el Alca, especialmente después de la IV Cumbre de Las Américas realizada en Mar del Plata –en noviembre de 2005–, continuó con la estrategia de acordar Tratados de Libre Comercio (TLC) con diferentes países de la región. Sin embargo, el Alba continúa con su misión integradora. En apenas tres años de haberse creado ya cuenta con seis países, al adherirse recientemente Honduras. Quienes primero conformaron el Alba fueron Venezuela y Cuba. Después le siguió Bolivia, cuando ascendió Evo Morales a la presidencia; Nicaragua, tras el triunfo de Daniel Ortega; y Dominica. Cuando Rafael Correa asumió la presidencia de Ecuador, se presumió que también entraría al Alba, pero hasta ahora esto no ha sucedido. Sin embargo, Correa fue muy claro en la reciente visita al país al estimar positivamente la labor solidaria de Venezuela con los países del Alba, porque quien la impulsa es quien menos la necesita: Venezuela.

“Estamos observando su evolución y hemos hecho un detenido análisis del proceso, pues tenemos una gran relación tanto con Venezuela como con otros muchos países”, explicó Correa en rueda de prensa a finales de agosto en Ciudad Bolívar, Venezuela, y afirmó que no descartaba que en un futuro perteneciera al Alba, pero “que será especialmente cuando se haya materializado un mayor número de acuerdos y haya proyectos concretos en los que Ecuador pueda participar”.

Asimismo, Correa destacó que Venezuela es el “país que más impulsa la integración energética de América Latina, a pesar de ser el que menos la necesita pues cuenta con inmensas reservas petroleras, lo que demuestra su desinterés y solidaridad con los demás pueblos”.

Desde que Chávez asumió el gobierno en 1999, en América Latina cambió el mapa político en apenas una década y esto ha hecho más viable la posibilidad de la integración. Al principio de su mandato, Chávez estaba solo en las cumbres presidenciales de la región. Algunas veces lo acompañaba Fidel Castro a estos encuentros, hasta que aparecieron Luis Inacio Lula Da Silva, Néstor Kichner (y ahora Cristina Fernández), Tabaré Vázquez, Evo Morales, Daniel Ortega, René Préval, Rafael Correa y, el más reciente, Fernando Lugo. Con este nuevo mapa político latinoamericano la integración que empezó a proponer Chávez al comienzo de su gobierno cobra fuerza y se afianza no sólo en el plano económico, sino también en el político, social y cultural.

Con este sentido entra Venezuela a Mercosur (que aún espera por la decisión de los congresos de Brasil y Paraguay para ser miembro pleno) y participa en la creación de la Unión de Naciones Suramericanas (Unasur), que se oficializó recientemente en Brasilia, Brasil (23 de mayo de 2008), con la participación de 12 países después de que la región había avanzado en acuerdos de integración energética y la creación del Banco del Sur.

Todos estos acuerdos no siempre son bien vistos por la oposición política venezolana e internacional. Cada acuerdo a que se llega con un país o países de la región es desvirtuada, a excepción –“extrañamente”– de la realización del gasducto transcaribeño donde participan Venezuela, Colombia y Panamá.

Sobre el gasducto transcaribeño no hay campaña en contra, mientras que todos los otros acuerdos, los antes mencionados y los que quedaron por mencionar, son presentados como un gasto que “perjudica” a la nación, según la oposición política venezolana y los medios privados, y contraponen estos “gastos” con las necesidades y/o carencias que siguen sin resolverse. Aunque la realidad y lo que no se informa es que Venezuela mantiene unas reservas internacionales por más de 36 mil millones de dólares para agosto de 20085, mientras que en 1998 estaban en 14.176 millones de dólares. En los primeros años de este gobierno, en 2000, logró un tope de 17.902 millones de dólares, pero ésta se vio reducida a 11.082 millones de dólares a finales de enero de 2003, después de que la oposición intentara derrocar nuevamente a Chávez mediante la paralización de la estatal Petróleos de Venezuela (PDVSA) durante más de dos meses y que dio una pérdida a la nación estimada en 20.000 millones de dólares.

1 Fuente: Banco Central de Venezuela (BCV).
2 A partir de 1974 los precios del petróleo repuntan hasta llegar a 10,53 US$/b. En 1981 se logra un tope histórico de 29,71 US$/b, pero en 1998 llega a 10,57 US$/b (Precios promedios). Fuente: Ministerio del Poder Popular para la Energía y Petróleo.
3 Hugo Chávez. En: ABN www.abn.info.ve/noticia.php?articulo=88815
4 Principios rectores del Alba. En: La Patria Grande, www.lapatriagrande.net/05_sociedad/economia/dossier_alba/alba.htm
5 Fuente: BCV. Cifras provisionales.


Tomado de Le Monde diplomatique. Edición venezolana. Septiembre, 2008. Número 1.

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9.9.08

Historia del hombre que creía ser Salvador Allende

Un hombre nace un día y crece

imaginando ser

Salvador Allende


Camina por el mundo

y su presencia va iluminando

los ojos de los olvidados


Un día en un mitin en San Carlos

me dijo: “Dirija el Himno Nacional camarada”

Entonces con un vuelco en el corazón

sentí que realmente podía ser Salvador Allende

Y los obreros y campesinos que lo vitoreaban

alzando el puño lo pensaron también


El hombre imagina que se llama Salvador Allende

y por eso está aquí

Para lavar el rostro de los pobres

y enseñarnos lo que es

la dignidad y el honor


Yo sé que Jesucristo anduvo alguna vez

conversando con Salvador Allende

Aunque no eran muy amigos creo

Los hermanaba el amor humano

Y el presentimiento de la muerte

a manos de traidores


Empecé a creer que este hombre

que se imaginaba ser Salvador Allende

podía ser verdaderamente

Salvador Allende


Entonces

El 11 de Septiembre de 1973

Mientras los asesinos asaltaban La Moneda en llamas

y la sangre del Presidente corría por las escaleras

y salía a la calle y cubría todas las montañas de Chile


Supe que aquel hombre que nació

imaginando ser Salvador Allende

Era sin la menor duda

El Compañero Salvador Allende.

Waldo Bastías*




* Poeta chileno.

18.5.08

Los que perdí, los que gané

Las mudanzas y los amigos han sido los factores fundamentales de que haya perdido algunos libros. Aún guardo en la memoria sus títulos y cierta noción de lo que trataban. Desde hace tres años mantengo la sospecha que en la última mudanza dejé una caja de libros en el camión que transportó toda la casa. No sé por qué aún pienso que en ella se encontraban: Entre Marx y una mujer desnuda, de Jorge Enrique Adoum; Difuntos, extraños y volátiles, de Salvador Garmendia; Itzam Na, de Arturo Arias; Esta maldita lujuria, Antonio Elio Brailovsky; y La oreja de Van Gogh, de Moacyr Scliar.

A varios amigos presté Jonás y la ballena rosada, de José W. Montes; La narrativa de Gabriel García Márquez: Edificación de un arte nacional y popular, de Angel Rama; Leviatán, de Paul Auster; el primer tomo de El cuarteto de Alejandría: Justine, de Lawrence Durrell; Un amor en Bangkok, de Napoleón Baccino Ponce de León; y Analógico y digital, de Otl Aicher. Estos son los que recuerdo, por ahora, y no creo que los llegue a recuperar. Quizá un par de ellos, el primero y el último de esta lista. También perdí la página 9 y 10 de La ciudad de cristal, de Auster, que es como perder el libro completo.

Jonás y la ballena rosada lo perdí en tres oportunidades. Quién lea ese libro estará tentado a leerlo más de una vez. La última vez que logré conseguirlo fue a través de mi viejo que lo consiguió en la biblioteca de un amigo en La Habana, Cuba.

Este tema se me coló porque nuevamente comencé a organizar la biblioteca gracias a que he descubierto nuevos autores y al tratar de ubicarlos en los anaqueles, empecé a reformular el orden de los libros y ciertos autores que parecían que tenía un puesto fijo, pasaron a anaqueles inferiores y algunos llegaron, incluso, a salir de la biblioteca.

Aún se mantienen intactos en sus puestos Julio Cortázar y Jorge Luis Borges; Gabriel García Márquez, Mario Benedetti, Adolfo Bioy Casares, Roberto Arlt y Jorge Amado; Ricardo Piglia, Juan José Saer, Paul Auster, Santiago Gamboa y Osvaldo Soriano se acomodaron cerca unos a otros. Michel Houellebecq y Haruki Murakami se hicieron espacio entre Antonio Tabucchi y Roberto Bolaño. También lograron encontrar un lugar Juan Villorio y Elena Poniatowska. Él, al lado de Milan Kundera, y ella, de Juan Carlos Onetti.

Uno de los que perdió su puesto fue Enrique Vila-Matas, que fue desplazado por Pablo De Santis con sus novelas Filosofía y Letras, La sexta lámpara y El enigma de París. Al principio los coloqué entre Houellebecq (Ampliación del campo de batalla y Las partículas elementales) y Montes (Daimón o Tratado de las almas perdidas y Desnúdese el desnudo), pero era demasiado sexo el que iba a acompañar a estas novelas de enigmas. Por ello, Vila-Matas, que extrañamente se había mantenido por largo tiempo entre Auster y Saer, le cedió el puesto al autor de La traducción, libro que aún no poseo y que, lamentablemente, se encuentra agotado.

A De Santis lo acompañó en el mismo anaquel, ya que Vila-Matas dejó más espacio del necesario, Luis López Nieves con su novela El corazón de Voltaire y sus libros de cuentos Escribir para Rafa y La verdadera muerte de Juan Ponce de León.

Vicente Battista ya tiene tiempo en el mismo lugar con su novela Gutiérrez a secas y espero conseguir Sucesos argentinos, para que no ande en solitario, pero especialmente porque leí un fragmento y quedé picado de culebra. El año pasado la busqué por buena parte de las librerías de viejo que hay en la avenida Corrientes, de Buenos Aires, y no corrí con suerte.

Así va la biblioteca, armándose a cada rato, como si fuera la primera vez que la ordeno y siempre quedo con las manos manchadas de polvo, algo que no se puede evitar, así como las mudanzas y los amigos.

23.3.08

Como el ritmo de Cachao no hay dos

Israel López era conocido como Cachao, por su ritmo. Virtuoso en el contrabajo, o bajo –como se le llama actualmente–, compositor, arreglista y director de orquesta cubano que, con su hermano Orestes, creó el ritmo del mambo a partir del danzón.

“Mi hermano y yo tratábamos de agregar algo nuevo a nuestra música y produjimos una sección que llamamos danzón mambo”, había declarado en 2004 y hace apenas un año reconoció, con la humildad que le caracterizaba, que si no fuera por su compatriota Dámaso Pérez Prado “no se hubiera escuchado el mambo mundialmente”.

Cachao desde este sábado nos dejó su ritmo. Nació en La Habana en 1918, en la misma casa que vio luz José Martí en 1853. Miembro de una familia de músicos, hereda musicalmente el segundo apellido de su abuelo paterno, Aurelio López Cachao.

“ Nacido de una familia loca por el bajo, por lo menos 35 miembros del clan Cachao han tocado el contrabajo en un momento y otro, bien con la Filarmónica de La Habana o en conjuntos populares. Algunos de ellos, como su hermano mayor, el difunto Orestes, eran músicos de talento reconocidos desde el conservatorio”, escribió Guillermo Cabrera Infante para la presentación de Master Session, Volume I, álbum que obtuvo el premio Grammy en 1995.

A los 13 años formó parte de la Filarmónica de La Habana bajo la batuta de Erich Kleiber, quien venía de dirigir a la Orquesta de la Opera de Berlín “hasta que Hitler le dijo a Goebbels: “Hay que impedir por todos los medios que ese judío interprete a Wagner”. Lo que perdió Berlín lo ganó La Habana”, reseña Cabrera Infante.

Cuando escuchamos el sonido de Cachao, esa peculiar forma de improvisar, descargar y controlar, al mismo tiempo, a la orquesta con su bajo podemos estar de acuerdo con las reflexiones iniciales del personaje de El contrabajo, de Patrick Suskind, que decía que una orquesta podría prescindir del primer violín, de timbales y trompetas, incluso del director de orquesta, pero no del bajo.

En la película Calle 54, de Fernando Trueba, Bebo Valdés y Cachao interpretaron a su manera el clásico Lágrimas negras, de Miguel Matamoros, y cada uno demostró en un par de tomas por qué son unas leyendas de la música cubana.

“Paganini no repite”, le dijo Cachao a Bebo en tono de broma en ese primer encuentro musical que logró Trueba. Se conocían desde niños, pero nunca habían tocado juntos. Al terminar la sesión, vinieron los aplausos de quienes trabajaban en el rodaje, y Bebo se desprende del piano y arranca en aplausos, también, para dirigir la ovación con regocijo hacia Cachao.

De igual modo sucedió con Paquito D’Rivera cuando fueron a grabar la danza Al fin te vi, de Ernesto Lecuona. Cuenta Cristóbal Díaz Ayala que en diez minutos se pusieron de acuerdo: Paquito sustituyó “la mano derecha del piano, llevando la melodía, y Cachao la difícil mano izquierda de la música de Lecuona, llevando el ritmo y armonizando”.

Esta primera pieza de Lecuona, en Master Session, Volume I, nos da la pauta musical del álbum: escuchen el bajo de Cachao, que como dice el coro de Descarga Cachao, el último tema de ese disco: “Como mi ritmo no hay dos”.

12.3.08

Leer nuevamente un libro

Ella tomó la revista El librero que estaba en el mostrador de la librería Ludens con mucho interés; pero en la medida que revisaba las páginas internas sus ojos mostraban algo parecido a la decepción hasta que se consiguió con una publicidad en la contraportada. Le impresionó porque mostraba todas las obras publicadas de Cormac McCarthy, el autor de No es país para viejos.

Leyó en voz alta, como si tuviera enfrente un auditorio que la escuchara, lo que supuestamente habría dicho Javier Marías: "Si alguien merece el premio Nobel, ese es Cormac McCarthy".

-Coño, voy a tener que leer nuevamente el libro -dijo sonriente.

Y siguió pensando en voz alta que algo debió pasar por alto en su lectura. Definitivamente, no comprendía por qué MacCarthy debería merecer tal distinción.

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22.2.08

Leonardo Milla

Tenía que llamar o escribir a Leonardo Milla. Hoy me enteré que sólo podía escribirle. La semana pasada fui al bautizo de un libro con el único propósito de encontrarme con él. Desde diciembre o noviembre del año pasado no lo veía. Las fechas en estos casos son de menor importancia, porque siempre teníamos una conversación pendiente. No importaba cuánto tiempo teníamos sin conversar, la conversación continuaba como si la hubiéramos interrumpido tan sólo hace unos minutos. El hilo se retomaba bien en un desayuno, almuerzo, por el chat, teléfono o en un bautizo que terminaba en una cena con un buen vino. La conversación siempre giraba sobre los libros.

La semana pasada no lo encontré, por tanto, el ritual del bautizo fue breve para mí. Busqué a Leonardo entre los invitados porque pensé que lo iba a encontrar en el rincón de la librería, siempre al lado de Cristina, prestando la debida atención a las palabras del orador. Pero no fue así. Cuando pregunté por él me dijeron que estaba mal. Le dije a Ulises, su hijo, o a Carola, su sobrina, ya no recuerdo a quién, que lo iba llamar. Me dijeron que mejor no lo hiciera.

Hoy me disponía a llamarle o escribirle, a sabiendas de que contravenía a sus familiares. Teníamos mucho tiempo sin conversar y eso ya me estaba pesando. Por esta época, desde hace casi un lustro, nos reuníamos para saber qué fue lo que pasó el año anterior y hacernos algunas preguntas para tratar de entender lo que está por venir, en lo que se refiere al mundo editorial en Venezuela, y siempre terminábamos ríendo porque si algo entendíamos del mundo del libro, todo es difuso. Saber cuál va a ser el libro o escritor que va a calar en el mercado venezolano o en cualquier otro país, es algo que dejaba al azar. Los éxitos y fracasos en materia editorial, siempre eran una sorpresa para él.

“Soy editor porque es lo único que sé hacer”, me llegó a decir la primera vez que lo entrevisté e inmediatamente se sonrió. Era agosto de 2002 y me sucedió lo que le sucede a todo periodista novato, ir a una entrevista sólo con sus sensores, sin investigar. Cuando empecé a escribir la entrevista me percaté que buena parte de su historia, de la que vivió en Uruguay y Argentina, de alguna manera estaba ordenada en mi biblioteca, expresada en libros que había publicado su padre, Benito Milla, bajo el sello editorial Alfa.

“Recuerdo que yo desayunaba con la venta del primer libro del día”, dijo de sus primeros 12 años. A esa temprana edad acompañaba todos los días a su padre a vender libros en la Plaza Libertad de Montevideo, Uruguay.

En esa breve conversación, Leonardo rememoró una vez más sus pininos como buhonero y las veces que su padre se reunía a un costado de los tablones llenos de libros con intelectuales y escritores. Fue así como conoció a Mario Benedetti y a Emir Rodríguez Monegal, entre otros. Dos años después, su padre abría una librería en Montevideo y, seguidamente, crea el sello Editorial Alfa, que vino a ser una de las más importantes en América Latina desde la década de los 50 hasta los 80.

“Mi padre era un excelente librero y un intelectual autodidacta. Mientras yo vendía libros, él hacía una revista donde colaboraban firmas de la talla de Albert Camus y Octavio Paz. Como comprenderás, nunca tuve una bicicleta gracias a que él utilizaba todos los fondos para fines editoriales. Pero su visión de la cultura, de la sociedad y de la política me dejó marcado de por vida. Es muy difícil desligar las vivencias, el entorno y ser un editor que no le preocupe la realidad que nos acontece”.

Hoy tenía que escribir o llamar a Leo. No podía esperar más.

24.11.07

Misión Música se estrena con Tchaikovsky, tambores, fuga de pajarillo y mambo


Con música de Piotr Tchaikovsky, Aldemaro Romero y Dámaso Pérez Prado se lanzó la Misión Música en un espectáculo que no parecía terminar por los aplausos, vítores y pedidos del público para que la música continuara bajo la batuta de Gustavo Dudamel.

En reciente gira internacional, Dudamel mostró la calidad musical de la Orquesta Juvenil Simón Bolívar, pero esta vez lo hizo en casa, para estrenar el Centro de Acción Social por la Música, ubicada en Quebrada Honda, Caracas.

Los muchachos de la orquesta se pasearon por un repertorio variopinto. Primero por el Preludio Triunfal para Órgano y Orquesta, de Camile Saint Säens; Obertura Solemne 1812, de Piotr Illich Tchaikovsky; Danzón Cubano, de Arturo Márquez; y Fuga con Pajarillo, de Aldemaro Romero.

Las dos primera piezas mostraron la calidad interpretativa de la orquesta por la música que comúnmente se le denomina “clásica”, para luego pasar al terreno de la fusión con los ritmos cubanos y venezolanos.

Si bien la fiesta ya había comenzado con la fuerza que imprimía Dudamel a su batuta, se puso mejor cuando los tambores repicaron en la pieza Congo del Fuego Nuevo, de Arturo Márquez, y con la interpretación de Contrapunto de secciones, de Felix Mendoza (músicos de la orquesta).

Los muchachos se paraban de sus asientos con sus instrumentos en mano para gritar: “uno... dos... tres... maaambo”, y volvían a su puesto para continuar interpretando Fiesta de Mambo, de Dámaso Pérez Prado, con una sonrisa que contagiaba a los asistentes y a quienes vieron el concierto a través del canal estatal Venezolana de Televisión.

Dudamel tuvo que deleitar en dos oportunidades por insistencia de los aplausos del público. Primero lo hizo con Alma Llanera, que dirigió con la gracia distintiva de este joven director que ha sido elogiado mundialmente.

Nuevamente, Dudamel regresó al escenario para volver con la pieza del Rey del Mambo, Pérez Prado.

La música que estos muchachos dejaron en el ambiente no nos deja de sorprender, y es por ello que podemos entender la gran aceptación que ha tenido nuestro sistema de orquestas infantiles y juveniles a nivel mundial. Los elogios y aplausos se quedan cortos.

Foto: Maiquel Torcatt, ABN

15.11.07

España, aparta de mí a este rey

España siempre me trae a la memoria los versos de Miguel Hernández, especialmente aquella elegía a Ramón Sijé, quien murió como el rayo en la guerra civil española. También rememoro los cantares de Antonio Machado, en cuyos versos cualquier ciudadano del mundo puede pronunciarlo como suyo.

En esas tierras, León Felipe quedó a la espera de que El Quijote le hiciera un sitio en su montura; las huestes fascistas dispararon contra el cuerpo de Federico García Lorca; mientras Dolores Ibárruri, La Pasionaria, en Madrid gritaba la consigna "No pasarán".

Siempre tengo presente el Guernica de Pablo Picasso, la poesía marinera de Rafael Alberti y las canciones amorosas de Joan Manuel Serrat. Eso me trae a la memoria ese país, así como los versos de España, aparta de mi éste cáliz, del poeta peruano César Vallejo, pero lo que no recordaba es que allí se vive aún bajo un sistema monárquico y que tienen un Rey que la única frase que se le ha visto pronunciar en más de 50 años es mandar a callar a un presidente que no es vasallo de ningún imperio.

El Rey Juan Carlos I de Borbón ha abierto la boca y los súbditos se han puesto de pie juntillas para defenderlo de sus ataques. Hasta una de las chicas de Almodóvar, Miguel Bosé -como diría Sabina-, se ha enojado con Hugo Chávez por su "comportamiento" -o controversia que nunca existió- para con el Rey.

Los medios privados, como era de esperarse, han tergiversado nuevamente los hechos y vanalizado el asunto como que si lo ocurrido se arregla con una lectura veloz del manual de Carreño antes de asistir a una reunión donde hay un jerarca al que todos deben rendirle pleitesía porque así lo quiso el general Francisco Franco.

Ese es el problema de sentarse en una misma mesa con un Rey que representa el colonialismo y, definitivamente, no hay otra manera de comportarse, si es que de comportamiento se trata, cuando hay que recordarle que nuestros pueblos han sufrido más de 500 años de saqueo y que no pretendan mantenerlo, porque "la cosa no es como antes", como reza una salsa de Ismael Miranda.

Tal ojeriza imperial en una cumbre no hizo más que poner al descubierto la verdad que se esconde tras sus sonrisas dignas de fotografías para la revista Hola. También se demostró lo que sabíamos, que el presidente del Gobierno español, José Luis Rodríguez Zapatero, no es "socialista" ni "obrero", así su partido político enarbole dichas palabras, mucho menos cuando defiende a un fascista y guerrerista como José María Aznar y baja la cerviz ante su Rey.

España cayó a pesar de los versos de Vallejo; por Madrid pasaron los fascistas hace casi 70 años y echaron abajo la República española; mientras, el Guernica desde hace décadas se exhibe, por esas contradicciones ideológicas que nunca entenderemos, en el Museo Reina Sofía. Es por ello necesario recordarle a los respresentantes del colonialismo, así sean españoles, rey incluido, que en Latinoamérica las cosas están cambiando, por si no se han enterado.

Raúl Cazal

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7.11.07

Reforma para reformistas

No podría decir con certeza cuándo entendí que las revoluciones no se decretan y que hacerlas es mucho más complejo que intentar tomar el cielo por asalto. También comprendí hace bastante tiempo que no había un sólo camino para obtener el triunfo y que las revoluciones no necesariamente portan banderas rojas e ideales socialistas.

Desde que Hugo Chávez llegó a la presidencia, en 1998, comenzó a hablar sobre la Revolución Bolivariana y, una vez que entramos en el nuevo milenio, colocó un tema para la discusión: el socialismo del siglo XXI. Y todo esto lo hizo con un discurso singular, en donde el pueblo se sentía expresado y porque fue la chispa para una nueva forma de entender la realidad nacional y latinoamericana. Es por ello el apoyo popular que hoy tiene el presidente Chávez y que se expresa no sólo en encuestas, sino también cada vez que se llevan a cabo comicios.

Ahora estamos convocados al 2 de diciembre para aprobar la reforma de la Constitución Bolivariana mediante un referendo y Chávez nuevamente da un giro con lo que históricamente entendemos por “reforma”, especialmente para quienes somos de izquierda.

Ser reformista siempre fue un término peyorativo y fue utilizado para diferenciarnos de quienes optábamos por los cambios radicales, por los que siempre soñamos con hacer la revolución. Pero qué paradoja; los reformistas de hoy son los revolucionarios porque hacer una reforma constitucional tiene signos de profundización, en este caso, de la Revolución Bolivariana.

Los cambios se han dado paulatinamente en Venezuela y cada intento por modificar los modelos, relaciones y estructuras de poder, ha tenido una virulenta reacción por parte de los sectores más conservadores de la sociedad venezolana. Especialmente, si el cambio es de un modelo de sociedad capitalista por uno socialista, como está planteado en la reforma constitucional. Es por eso que es importante que todos los sectores de la sociedad participen en la discusión sobre la sociedad que queremos.

Extrañamente la propuesta de hacer la reforma ha puesto en duda las convicciones de algunos compañeros y compañeras que han apoyado la Revolución Bolivariana, especialmente después del llamado del ex ministro de Defensa Raúl Isaías Baduel a votar por el No. Algunos no ponen en duda la propuesta del presidente Chávez, pero sí los artículos adicionales que propone la Asamblea Nacional. Unos por desconocer el contenido, otros porque no se sintieron partícipes en las discusiones o porque se aprobó rápidamente para llegar a tiempo a la entrega de la propuesta al Consejo Nacional Electoral (CNE) para que el primer domingo de diciembre estemos nuevamente frente a las urnas electorales.

Puedo entender algunas de sus dudas, sobre todo por las formas en que se ha realizado la discusión y aprobación de los artículos, pero la Constitución es tan sólo el retrato de los cambios que vivimos en Venezuela. Ahora, lo que está en juego es la Revolución Bolivariana y lo que tenemos por delante es construir una sociedad socialista, además de aprobar la reforma.

ABN

28.10.07

Sigues equivocado

El jueves me topé con un amigo de la universidad, de la época en que estudiaba economía en la Universidad Central de Venezuela (UCV). Por aquella época yo hacía un periódico que reflejaba las discusiones estudiantiles –se llamaba Pan, Mortadela y Kuley, Periódico marginal del lumpen proletariado de la Facultad de Ciencias Económicas y Sociales (Faces)– y él intentaba crear una cooperativa estudiantil en un espacio que habían ocupado en la mezzanina del edificio de la facultad.

Por aquellos años ochenta, nuestras actividades eran comunes porque creíamos en la participación estudiantil para la solución de nuestros problemas y compartíamos criterios e ideas similares. Fue así como tomamos la dirección por asalto en vísperas de la inscripción, ganamos el centro de estudiantes, participamos en marchas, entre otras cosas. Pasó el tiempo. Después él trabajó con Gerver Torres en la época de la privatización de CAP II y hoy es el director académico de Liderazgo y visión.

Cuando nos percatamos el uno del otro, nos abrazamos y me dijo: “El inefable Cazal” y continuó:

–Sigues equivocado.

–Mi vida es una equivocación constante –atiné a responder con sorna–. A qué se debe que me adviertas de mis equivocaciones.

–Es que como ustedes dicen que nosotros estamos equivocados.

–¿Nosotros? Ese es el problema: generalizar. Y pensar que ustedes piensan que yo pienso que ustedes están equivocados. ¡Qué equivocados están!

Se sonrió, como era de esperar. Cruzamos otras palabras más y quedamos con la promesa de que algún día nos sentaríamos a conversar o discutir sobre lo que está en el tapete en materia de política. Supongo que es sobre eso y Chávez, por supuesto.

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27.10.07

Cómo derechizar a un izquierdista

por Frei Betto

Ser de izquierda es, desde que esa clasificación surgió con la Revolución Francesa, optar por los pobres, indignarse ante la exclusión social, inconformarse con toda forma de injusticia o, como decía Bobbio, considerar una aberración la desigualdad social. Ser de derechas es tolerar injusticias considerar los imperativos del mercado por encima de los derechos humanos, encarar la pobreza como tacha incurable, creer que existen personas y pueblos intrínsecamente superiores a los demás.

Ser izquierdista -patología diagnosticada por Lenin como “enfermedad infantil del comunismo”- es quedar enfrentado al poder burgués hasta llegar a formar parte del mismo. El izquierdista es un fundamentalista en su propia causa. Encarna todos los esquemas religiosos propios de los fundamentalistas de la fe. Se llena la boca con dogmas y venera a un líder. Si el líder estornuda, él aplaude; si llora, él se entristece; si cambia de opinión, él rápidamente analiza la coyuntura para tratar de demostrar que en la actual correlación de fuerzas.

El izquierdista adora las categorías académicas de la izquierda, pero se iguala al general Figueiredo en un punto: no soporta el tufo del pueblo. Para él, pueblo es ese sustantivo abstracto que sólo le parece concreto a la hora de acumular votos. Entonces el izquierdista se acerca a los pobres, no porque le preocupe su situación sino con el único propósito de acarrear votos para sí o/y para su camarilla. Pasadas las elecciones, adiós que te vi y ¡hasta la contienda siguiente!

Como el izquierdista no tiene principios, sino intereses, nada hay más fácil que derechizarlo. Dele un buen empleo. Pero que no sea trabajo, eso que obliga al común de los mortales a ganar el pan con sangre, sudor y lágrimas. Tiene que ser uno de esos empleos donde pagan buen salario y otorgan más derechos que deberes exigen. Sobre todo si se trata del ámbito público. Aunque podría ser también en la iniciativa privada. Lo importante es que el izquierdista sienta que le corresponde un significativo aumento de su bolsa particular. Así sucede cuando es elegido o nombrado para una función pública o asume un cargo de jefe en una empresa particular. De inmediato baja la guardia. No hace autocrítica.

Sencillamente el olor del dinero, combinado con la función del poder, produce la irresistible alquimia capaz de hacer torcer el brazo al más retórico de los revolucionarios. Buen salario, funciones de jefe, regalías, he ahí los ingredientes capaces de embriagar a un izquierdista en su itinerario rumbo a la derecha vergonzante, la que actúa como tal pero sin asumirla. Después el izquierdista cambia de amistades y de caprichos. Cambia el aguardiente por el vino importado, la cerveza por el güisqui escocés, el apartamento por el condominio cerrado, las rondas en el bar por las recepciones y las fiestas suntuosas.

Si lo busca un compañero de los viejos tiempos, despista, no atiende, delega el caso en la secretaria, y con disimulo se queja del “molestón”. Ahora todos sus pasos se mueven, con quirúrgica precisión, por la senda hacia el poder. Le encanta alternar con gente importante: empresarios, riquillos, latifundistas. Se hace querer con regalos y obsequios. Su mayor desgracia sería volver a lo que era, desprovisto de halagos y carantoñas, ciudadano común en lucha por la sobrevivencia. ¡Adiós ideales, utopías, sueños! Viva el pragmatismo, la política de resultados, la connivencia, las triquiñuelas realizadas con mano experta (aunque sobre la marcha sucedan percances.

En este caso el izquierdista cuenta con la rápida ayuda de sus pares: el silencio obsequioso, el hacer como que no sucedió nada, hoy por ti, mañana por mí.). Me acordé de esta caracterización porque, hace unos días, encontré en una reunión a un antiguo compañero de los movimientos populares, cómplice en la lucha contra la dictadura. Me preguntó si yo todavía andaba con esa 'gente de la periferia'. Y pontificó: "Qué estupidez que te hayas salido del gobierno. Allí hubieras podido hacer más por ese pueblo".

Me dieron ganas de reír delante de dicho compañero que, antes, hubiera hecho al Che Guevara sentirse un pequeño burgués, de tan grande como era su fervor revolucionario. Me contuve para no ser indelicado con dicho ridículo personaje, de cabellos engominados, traje fino, zapatos como para calzar ángeles. Sólo le respondí: "Me volví reaccionario, fiel a mis antiguos principios. Prefiero correr el riesgo de equivocarme con los pobres que tener la pretensión de
acertar sin ellos".

MONTEVIDEO/URUGUAY/26.10.07/COMCOSUR AL DÍA

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21.10.07

El Che de puño y letra

La revista Nueva Sociedad publicó hace casi dos años un ensayo de Juan Antonio Diez sobre una de las facetas poco difundidas de Ernesto Che Guevara: el escritor.

De puño y letra
Algunas reflexiones en torno al Che, sus escritos y su época
Juan Antonio Diez

Resulta sumamente difícil aproximarse a la figura de Ernesto Guevara, tan abordada desde una multiplicidad de perspectivas y géneros. Casi todo está dicho, escrito, mostrado. Su entrada triunfal en Santa Clara en 1959 y, sobre todo, su asesinato en octubre de 1967, en Bolivia, generaron un aluvión de artículos, libros, biografías, poemas, canciones, fotos, a través de los cuales se despliega un Che «polifacético», como lo caracterizó alguna vez Raúl Castro, en medio de la Sierra Maestra, cuando junto con las provisiones y armamentos le llevaron un libro de álgebra: hijo, asmático, viajero, médico, fotógrafo, guerrillero, comandante, argentino, cubano, mito, icono.

En el magnífico artículo «Ernesto Guevara, rastros de lectura», Ricardo Piglia desarrolla una mirada sobre el Che –que ya también otros habían ensayado– como lector. Debido a los largos periodos que debe pasar en la cama por los ataques de asma, durante su infancia Guevara «se convierte en un lector voraz»[1]. Se van así constituyendo y entrelazando algunos rasgos que lo van a acompañar toda su vida: el asma y la lectura.

Junto con estos dos aspectos, aparece otra faceta que Piglia también menciona un poco al pasar, y es la de escritor. En 1945, el Che escribe las primeras notas sobre sus lecturas: su propio «diccionario filosófico», cuidadosamente organizado por orden alfabético, con índice temático y de autores, con citas y comentarios de diversas obras de Freud, Nietzsche, Marx, Engels, así como también de cuentos y poemas de Faulkner, Neruda, Darío. En su primer viaje por Argentina, en 1950, no solo estudia y prepara exámenes para recibirse de médico; también va aprendiendo a narrar y practica en su diario la descripción de paisajes y el uso de metáforas. Se forma así una nueva relación entre lectura, escritura y viajes: toma nota de las cosas que lee y las que observa en sus recorridos para después escribir un relato de esas experiencias.

Desde entonces, Ernesto Guevara no paró de escribir: diarios, notas de lectura, cartas, poemas, reseñas periodísticas, textos políticos. En algún momento incluso pensó en ser escritor, como lo reconoce al referirse a Ernesto Sabato en una carta que escribió desde La Habana en 1960: «poseedor de lo que para mí era lo más sagrado del mundo, el título de escritor»[2]. Claramente, la experiencia de la guerra revolucionaria modificó en buena medida sus parámetros anteriores, transformándolo también a él.

El presente ensayo es un intento de recuperar la figura de Ernesto Guevara como escritor, prestando especial atención a las construcciones que realiza sobre las transformaciones de su época y su propia persona. Sin embargo, resulta necesaria una primera advertencia sobre estas líneas: no se trata de un análisis sistemático de sus escritos o su pensamiento, sino del esbozo de algunas reflexiones e ideas a partir de textos de y sobre el Che, especialmente sus Pasajes de la guerra revolucionaria[3].

[…]
Si desean leer el artículo completo, pueden bajar el archivo .pdf desde la página de Nueva Sociedad. Fue publicado en la edición “Cultura latina en Estados Unidos”; en Nueva Sociedad 201, Enero / Febrero 2006, Buenos Aires.

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1. «Ernesto Guevara, rastros de lectura» en El último lector, Anagrama, Buenos Aires, 2005.
2. «Carta al escritor argentino Ernesto Sabato», La Habana, 12/4/1960.
3. E. Guevara: Pasajes de la guerra revolucionaria, Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 3ª edición, 2002.

20.10.07

Libros fuera de lugar


Crónicas de bibliotecas
por Gonzalo Fragui

A Eduardo,

quien se estrena en
esas lides.


Ser bibliotecario puede parecer algo sin importancia por lo cotidiano. Usted va, solicita un libro, el bibliotecario viene, se lo entrega. Gracias y chao. A veces ni las gracias. Pero no hay nada como un buen bibliotecario. Una leyenda cuenta que Eumenes II habría tratado de raptar al competente bibliotecario de los Ptolomeos para emplearlo en la biblioteca de Pérgamo, sin embargo los reyes egipcios, para evitar perderlo, pusieron en prisión al desafortunado bibliotecario.

Sin duda que el principal problema que tienen las bibliotecas es la organización de los libros. Algunas veces porque hay libros inclasificables. ¿Dónde pondría, usted, por ejemplo, Parto de caballeros, de Luis Barrera Linares; Sarita, Sarita, tú eres bien bonita, de Miguel James; o El bolero se baila pegaíto, de Raúl Cazal?

En otros casos son los nombres los que nos llevan a cometer errores, y hasta al mejor bibliotecario se le escapa la liebre. Veamos, por ejemplo, qué se nos ocurre a primera vista con los siguientes títulos: Ensayo sobre la ceguera, de Saramago, (Medicina); Dialéctica de lo concreto, de Kosic, (Ingeniería civil); Crimen y castigo, de Dostoievski, (Derecho); Casa de hablas, de Ana Enriqueta Terán, (Arquitectura); Historia de Garabombo, el invisible, de Manuel Scorza, (seguramente, Historia). Aquí les dejamos algunos ejemplos de las bibliotecas de la ULA.

SCHOPENHAUER
El caso más famoso de es tos equívocos quizá sea el de este filósofo alemán. Su libro De la raíz cuádruple del principio de la razón suficiente llegó un día a la biblioteca central.
-¿A qué facultad enviamos este libro?, preguntó alguien.
-Y ¿de qué trata?, repreguntó otro con desgano.
-Aquí habla de una raíz.
-Listo. Forestal.
Así que el único libro de Schopenhauer que existe en la Universidad de Los Andes está en la biblioteca de Ingeniería Forestal.

OVIDIO
Con Ovidio sucedió algo parecido. Hace mucho tiempo alguien donó a la biblioteca de una facultad el libro El remedio del amor. La persona encargada de la distribución no lo pensó dos veces.
-Mándelo pa´ Farmacia, fue lo primero que se le ocurrió.

ARTURO GUTIÉRREZ PLAZA
Mi amigo Arturo ganó un concurso de poesía en México con un poemario de extraño título: Principios de Contabilidad. Cuando el libro llegó a la Facultad de Humanidades, alguien pensó inmediatamente que se trataba de un error y lo envió a la biblioteca vecina, a la Facultad de Ciencias Económicas.

FRAGUI
Yo, la verdad, estuve también tentado de enviar mi Manual del despecho a alguna biblioteca de la Universidad, pero temí que el librito fuera a parar a la biblioteca de Nutrición.

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Tomado de La Revista, Año 2, Núm. 2 Mayo 2006, Mérida, Venezuela, p. 53.

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17.10.07

El Che en el cielo con estrella


Hace cuarenta años, el artista gráfico cubano Frémez amanecía el 18 de octubre entre bastidores. Imprimía con tinta negra la estampa de Ernesto Che Guevara sobre cartulina roja porque era el único material que tenía para hacer los carteles que se portarían en la concentración que se realizaría en la Plaza de la Revolución, de La Habana, en homenaje al Che.

La foto que utilizó como referencia para sus carteles rojinegros era la que Alberto Korda había tomado al Che el 5 de marzo 1960 y que en Cuba se había utilizado en muy pocas oportunidades. Es la foto más conocida del siglo XX y quizá la imagen más pintada en paredes del mundo.

El editor italiano Giangiacomo Feltrinelli, quien la reprodujo internacionalmente en afiches mientras el Che estaba en Bolivia, para referirse a la foto de Korda la llamaba la foto de “El Che en el cielo con chaqueta” parafraseando la canción de moda de los Beatles en 1967.

La estrella del Che han querido bajarla siempre. Por eso muestran constantemente la fotografía donde aparece muerto con los ojos abiertos o donde los asesinos se exhiben como quien muestra un trofeo de caza.

Los medios de comunicación, en general, por estos días en que se conmemora el 40 aniversario del Guerrillero Heroico, abordaron con insistencia la replicación de la imagen del Che como si fuera una marca para así, de alguna manera, vanalizar su pensamiento; o resaltar la conducta que lo señala como un ser humano lleno de imperfecciones y restarle méritos a quien tuvo una vida ejemplar y revolucionaria.

Ellos siempre recordarán el 9 de octubre, el día en que fue asesinado Ernesto Che Guevara en La Higuera; mientras que quienes creemos que es posible un mundo mejor conmemoramos el 8 de octubre en homenaje a su última batalla en la Quebrada del Churo, Bolivia.

Estos medios nunca mencionan ni mencionarán la carta de despedida del Che, como tampoco ninguno de sus textos, y mucho menos el discurso de Fidel Castro pronunciado esa noche del 18 de octubre en la Plaza de la Revolución: “Si queremos un modelo de hombre, un modelo de hombre que pertenece al futuro, de corazón digo que ese modelo, sin una sola mancha en su conducta, sin una sola mancha en su actitud, sin una sola mancha en su actuación, ¡ese modelo es el Che!”.

Queda para la posteridad la imagen del Che capturada por Korda y las palabras de Fidel que retrata al revolucionario. También perdurarán las lecturas y las escrituras del Che, su ejemplo y su estrella calada mas allá que en una boína.

Raúl Cazal

2.10.07

Pensar en el Che

Hace más o menos un mes, un amigo argentino (nadie es perfecto), me propuso ir a Bolivia y que, desde allá, desde La Higuera, tomáramos fotos y escribiéramos sobre ese país, 40 años después de la muerte del Che Guevara.

Por esas extrañas cosas de la vida, el proyecto inicial se volvió ambicioso y terminaron involucradas otras personas y equipos de video. La ambición, como siempre, no tiene medida. Y como era de esperarse, no se dio ni lo uno, ni lo otro.

La idea no era mala, pero como siempre, al final, el día a día se impuso. Ahora estamos cerca de la conmemoración del Día del Guerrillero Heroico y cada quien en sus respectivas ciudades, en sus respectivos trabajos y, por supuesto, en sus cómodos hogares.

El jueves hablaba con otro amigo, esta vez venezolano, merideño, para mas señas (poeta, incluso), o más bien, él disertaba por correo con otras personas sobre la palabra guerrillero y guerrilla y recordaba en unas líneas finales que se nos venía encima la fecha del 8 de octubre y que había que escribir unos trabajos al respecto. Sucedieron más cosas que voy a omitir, porque el cuento se puede extender y realmente, no quiero hablar sobre esto, sino sobre otra cosa. Es decir, sobre el Che.

No lo conocí personalmente, pero viví con él gracias a mi viejo. Desde niño me dijo que teníamos que seguir su ejemplo, que teníamos que “ser como el Che”.

Esa frase decía muchas cosas cuando uno tiene seis o siete años: solidaridad, honestidad, dignidad. Ser el mejor sin competir. Trabajar sin descanso. Ayudar al necesitado. Luchar contra la injusticia. Ser amigo sin esperar favores.

Esa frase tiene el mismo significado casi 40 años después de haberla escuchado de la boca de mi viejo. Y en eso ando, tratando de ser un tilín mejor, como dice Silvio en una canción, porque es muy difícil ser como el Che.

Así aprendí que no importaba la muerte si es por una lucha justa. Pero nunca me conseguí con guerra alguna, mucho menos con los silbidos de las balas o de los obuses. Quizá luché con mis microbios y seguro perdí la batalla.

La palabra “revolucionario” nunca la utilicé ni para mencionar a mi padre, que bien se lo merecía. Pero él mismo decía: “revolucionario es quien hace la revolución”.

A mi corta edad era muy duro comprender que mi viejo no era de la talla del Che. Es muy difícil ser como él, ser un revolucionario.

Él siempre recuerda que al conocer la noticia de la muerte del Che, de la consternación, casi choca mientras conducía su moto. Por un momento llegó a pensar que eso era una mentira más del imperio. Sólo dio crédito a tan honda herida cuando lo escuchó por Radio Habana Cuba.

En 1967 vivíamos en Asunción, Paraguay. Varios compañeros de él habían caído antes y fueron asesinados. Recuerdo el nombre de dos porque mi hermano tiene el nombre de ellos: Derlis Villagra y Arturo López “Agapito Valiente”.

Mi abuelo Nenito tenía tres años presos cuando el Che fue asesinado y estuvo en las mazmorras stronistas durante 14 años. Nunca delató a sus compañeros. Mi primer nombre es por él: Dimas Acosta, se llamaba, y era de estatura baja, pero de un gran coraje. No se qué tiene que ver una cosa con la otra, pero no importa. Los otros dos nombres que poseo: Raúl Nicolás, y que le siguen a Dimas, son una especie de camuflaje. Como mi viejo no podía ponerme Fidel, me puso el nombre de su hermano revolucionario: Raúl. Y Nicolás, porque era el nombre de Lenin.

Mi padre, muchos años después, en 1975, exiliado en Montevideo, Uruguay, fue detenido y torturado. Nunca delató a nadie. Venció a sus torturadores y a la muerte. Se fugó del Hospital Militar cuando se lo propuso y se asiló en la embajada de Venezuela.

Podría enumerar a muchos compañeros y compañeras de mi padre que murieron en la lucha por la liberación de nuestros pueblos. Compañeros y compañeras que son míos aunque yo no los conociera personalmente. Como al Che, que es un compañero en esta vida, por siempre.

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9.7.07

Lectores, sencillamente

Muy lejos de ser escritores, fundadores de un lugar propio, herederos de los labradores de antaño pero en el terreno del lenguaje, cavadores de pozos y constructores de casas, los lectores son viajeros, circulan por tierras ajenas, nómadas dedicados a la caza furtiva en campos que no han escrito, arrebatando los bienes de Egipto para gozar de ellos. La escritura acumula, almacena, resiste al tiempo mediante el establecimiento de un lugar y multiplica su producción por el expansionismo de la reproducción. La lectura no se garantiza contra el desgaste del tiempo (se olvida y se la olvida), no conserva la experiencia lograda (o lo hace mal), y cada uno de los lugares por donde pasa es una repetición del paraíso perdido.

[Michel de Certeau]

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8.7.07

“Como decíamos ayer…”

Tomo prestada una frase de Miguel de Unamuno* para retomar mi bitácora. Ayer nos quedamos hablando de literatura, o eso creo. Pero diversas ocupaciones me mantuvieron alejado de la escritura o de reseñar lo que había leído recientemente.

En todo este tiempo he leído las siguientes novelas: 1. Triste, solitario y final, de Osvaldo Soriano; 2. Gutiérrez a secas, de Vicente Battista; 3. El ojo de la patria, de Osvaldo Soriano; 4. La última vez, de Héctor Bujanda; y 5. Cuando amas debes partir, de Eloi Yagüe.

En realidad he estado leyendo más libros, es decir, por mis manos pasaron El misterio de la cripta embrujada, de Eduardo Mendoza, pero no lo pude culminar porque Florángel –mi esposa, para más señas– lo empezó a leer primero y cada página que leía se mataba de la risa y me contaba lo que leía e inmediatamente después me daba sus apreciaciones, que como siempre, son pertinentes. Y así ella lleyó seguidamente de Mendoza El laberinto de las aceitunas y La aventura del tocador de señoras.

Ella pensó por un momento que no podía leer más que a Eduardo Mendoza y se lamentaba por todos los rincones de la casa que no tuviéramos más libros hasta que le dije que teníamos La ciudad de los prodigios. Lo había conseguido en febrero en el Salón del Libro, en el stand de Planeta, y al ver a Leonardo Milla en los pasillos, se lo mostré con orgullo. Él me dijo: “Era el libro de cabecera de mi viejo”.

Florángel en un mes y medio se había leído cuatro libros de Mendoza y todo empezó por el obsequio que me hiciera Lis y Eduardo (que ahora la ONU los tiene por Austria). Ella me decía: “Raúl, te va a encantar E. Mendoza”. “Es una trilogía de tres libros (sic)…”. La trilogía a la que hacía referencia, es a los tres primeros libros que mencioné de este autor catalán.

Confieso que me ha gustado Mendoza aunque no he terminado de leer el primer libro: El misterio de la cripta embrujada y continué con La ciudad de los prodigios por recomendación de Florángel.

También comencé a leer Yo El Supremo, de Augusto Roa Bastos. No se por qué había postergado la lectura de esta obra. En alguna oportunidad había dicho que hay libros que hay que leerlos en cierta época. No lo hice, no importa. Al fin de cuentas, nunca es tarde, creo.

La edición que conseguí de Yo El Supremo fue la de Biblioteca Ayacucho. A quienes quieran leerlo en esta edición pueden saltarse el estudio preliminar. Sin lugar a dudas, es mucho mas divertido el texto de Roa Bastos que el del estudioso que trata de explicar la obra del paraguayo.

Decidí leer este libro porque ciertos columnistas empezaron a utilizar el término Yo El Supremo para no mencionar al Presidente Chávez. Pero para darle el sentido de déspota.

La novela de Roa Bastos se basa en la vida de Gaspar Rodríguez de Francia, el Dictador Supremo de la República del Paraguay en el siglo XIX. Dicho así, suena tenebroso. Pero nada que ver. Más bien, Rodríguez de Francia viene a representar soberanía, progreso e independencia. Los dictadores de principios del siglo XIX (Simón Bolívar, también lo fue) de América Latina no tienen nada que ver con los dictadores militares del siglo XX. Por tanto, le sale el tiro por la culata a esos columnistas.

No he terminado Viaje desde el Scriptorium, de Paul Auster. Si no fuera porque es Auster, ya lo hubiera desechado hace rato.

Aún mantengo la lectura de Plataforma, de Michel Houellebecq. Con este autor hay que tener claro que uno no es europeo, menos aún francés. por tanto, hay que tomárselo con soda y piano, piano.

Y para colmo, empecé a leer El tren pasa primero, de Elena Poniatowska, que recién acaba de ganar el Premio Internacional de Novela Rómulo Gallegos 2007. Ya les contaré de qué va la novela.


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* La frase “Como decíamos ayer…” pertecene a Fray Luis de León. Errare humanum est, perseverare autem diabolicum.

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28.5.07

Todo tiene su final


Todo tiene su final es un libro de cuentos. Su autor es Raúl Cazal, un joven escritor paraguayo que vive en Venezuela desde niño. Actualmente culmina sus estudios de Comunicación Social en la UCV. Su volumen de relatos ha sido publicado por la editorial alternativa La Espada Rota. Esta misma editorial le publicó en 1988 su primer libro de narraciones: El bolero se baila pegadito.

Los textos narrativos que conforman la primera obra mencionada son trece en total. Sus historias son recogidas de la cotidianidad urbana, especialmente se relatan las situaciones e irreverencias de los jóvenes que viven en los barrios y en las urbanizaciones de clase media de Caracas. El estilo de Cazal es muy semejante al de Francisco Massiani, pues suele narrar las peripecias y travesuras del adolescente con un lenguaje suelto, fluido, y sobre todo con un gran desenfado, tomando en cuenta en todo momento la oralidad citadina de la juventud de esta urbe.

A semejanza del autor de Piedra de mar, el novel narrador se propone hacer un literatura vitalista, dinámica, que refleje las inquietudes, veleidades y el espíritu disperso de cualquier púber que habita en una metrópoli; sus gustos por la música moderna, por la salsa, los ardides que emplea para conquistar el amor de una chica, sus timideces, inseguridades y desconsuelos.

Como lo hace Massiani, Cazal siempre interpela al lector o cuenta sus relatos a algún interlocutor ficticio, llámese Belkys, Derlis o Rogelio Suárez. En este sentido su obra posee unidad, porque estos personajes aparecen en casi todos los textos que la integran. Donde más se observa la similitud con el autor de Las primeras hojas de la noche es en los cuentos “Sonido bestial”, “Partidas” y “Aunque se vista de seda”, pues en los mismos es en donde más se aprecia el humor, el sarcasmo, el grotesco, los giros lingüísticos audaces, escatológicos, tan caros al conocido narrador caraqueño. Los tres relatos referidos son de los mejores del volumen.

Uno de los relatos más originales del libro es “Sombra nada más”: en él hay un interesante ludismo entre las sombras y los personajes. En “Paréntesis”* se narra la manera de hacer un relato, las dificultades que se le pueden presentar, los supuestos gustos de sus virtuales lectores.

Un cuento antológico es “Derlis tiene su final”. Con “La del estribo” se cierra el volumen de cuentos: sus personajes son los amigos y allegados del autor del libro.

En general, pensamos que los relatos que conforman la obra que comentamos son frescos, agudos, con un gran poder de captación y sobre todo de agradable lectura para los liceístas. Por eso no dudamos de que con el tiempo Todo tiene su final se convierta en uno de los libros más leídos por la juventud venezolana.

ORLANDO GONZÁLEZ MORENO

El Nacional, 4 de junio de 1993. Cuerpo A, p.5.

* La segunda edición (Comala.com, 2006), es corregida y reducida. Este texto, "Paréntesis", no aparece en esta edición.

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26.4.07

Borges y el periodismo

El viejo dilema sobre las fronteras entre la literatura y el periodismo renace en el libro A quién le importa la opinión de un ciego, de Freddy Fernández y Raúl Cazal (comala.com). Los autores, periodistas, tuvieron la osadía de plantear la interrogante sumergiéndose en la infinita espesura de la escritura borgiana. A ambos los identifican también sus nexos con la literatura. En cierto sentido, sus historias personales constituyen la celebración de la libertad creadora, sin que ese hecho trabe su desempeño como profesionales del periodismo. Más allá de la pregunta planteada en un aula universitaria por Guillermo Sucre -si Borges inventó la entrevista literaria- el texto de Fernández y Cazal sorprende por sus múltiples hallazgos y por la indudable profundidad de sus planteamientos, además de la calidad estilística de su escritura.


En los albores de la profesión periodística, la frontera entre el periodismo y la literatura era apenas una tenue línea que permitía a los redactores escapar, sin tropiezos ni angustias, de la obligante sumisión a la doctrina de la objetividad, para asumir en propiedad el papel de intrépidos creadores con derecho a su propia y personal realización a través de la literatura. Los géneros, en periodismo y en literatura, no habían asumido aún el rigor de fronteras infranqueables. Y lo que los formalismos, de cualquier signo, suelen imponer como norma, era desechado como inconsistentes e injustas limitaciones. Pero advino el predominio del concepto empresarial de los medios y, como correlato, la esquematización de los modos de comunicar. Todo debía responder a las rígidas normas preestablecidas en aras de un periodismo de fácil comprensión y extrema pobreza expresiva. Pero ese no es el problema que concierne ni a Borges ni a los autores ni a su libro. Aunque en Territorios del Lenguaje, la primera parte de la obra, se realiza un exhaustivo análisis de las teorías sobre la entrevista periodística, el verdadero objetivo es Borges y sus múltiples articulaciones con el periodismo, sus entrevistadores y lectores. Lúdico como pocos, ese prodigio de inventivas que fue el escritor argentino, da para muchas exploraciones a lo largo de su frondosidad literaria, escrita y verbal. Porque Borges, escribiendo o hablando, siempre tuvo segundas intenciones. "En su encuentro, en su accionar con los medios de comunicación -concluyen Fernández y Cazal- Jorge Luis Borges se propuso crear a sus lectores, eludir el olvido. Forjarse un destino literario, dejar clara y patente su segunda obra". Eso que los autores denominan como la segunda obra de Borges es, en realidad, la continuación, por otros derroteros, en este caso periodísticos, de toda sus obra literaria. Sorprender a los incautos, estremecer a las plácidas conciencias de seres satisfechos consigo mismos, sacudir a los adoradores de las seguridades absolutas y de las respuestas trilladas ha sido uno de los juegos conscientes de todo su peregrinaje por los ámbitos literarios y periodísticos. A ese nivel de análisis, ya no es trascendente dilucidar si Borges inventó o no el género literario de la entrevista. Porque los autores de A quién le importa la opinión de un ciego lograron trasmutar un asunto formal en una reflexión penetrante y lúcida sobre un pensador y creador, referente del cual parecía que ya todo había sido dicho.

OLGA DRAGNIC

Publicado en Últimas Noticias, Caracas, 26 de abril de 2007.
Cartas al Editor. Pág. 33.

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1.4.07

Bautizo


El jueves pasado le quitamos el Diablo que tenía por dentro el libro A quién le importa la opinión de un ciego, J. L. Borges como hacedor de entrevistas, que fue publicado en noviembre del año 2006, distribuido a las librerías en enero de 2007 (por recomendación de gente que sabe de libros) y a finales de marzo lo pusimos en manos de un Dios escandinavo, por tratarse del autor de El Aleph.

En la presentación estuvieron algunos amigos y enemigos –como diría Silvio Rodríguez–. Pero sobretodo, los amigos se preguntaban: ¿Quién invitó al enemigo? Todos buscaban una explicación y la única respuesta que conseguí fue esta: «la ignorancia es aviesa».

Después vinieron las palabras de los presentadores que hicieron lo propio. Que como dice Carlos Ortiz –quien fungió de maestro de ceremonias–, tenía tiempo que iba a presentaciones de libros y por fin se encontró con una en donde los presentadores, en este caso Pablo Antillano y Leonardo Milla, hablaron sobre los autores y el libro, sin develar el final de la película.

A quién le importa la opinión de un ciego fue el trabajo de grado que presentamos en la Escuela de Comunicación Social de la Universidad Central de Venezuela para obtener el título de licenciado. Nuestro tutor fue Earle Herrera y el jurado estuvo compuesto por Moraima Guanipa y Roberto Malaver. Ellos decidieron darle la mención publicación. Nosotros, tan solo acatamos sus deseos.

Tema: periodismo y literatura.
Hipótesis: Borges creó para la literatura el género entrevista.
Autores: Freddy Fernández y Raúl Cazal.

Leer: «A quién le importa la opinión de un ciego» revela nuevas facetas de Jorge Luis Borges

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30.3.07

A quién le importa la opinión de un ciego

Palabras de Pablo Antillano.

Vengo directo a la improvisación, escrita claro. Saludo a los amigos de Freddy Fernández y de Raúl Cazal que han venido a esta ceremonia, vital en las biografías de los autores. Y ofrezco disculpas al público que anhela participar de uno de los intercambios más sentidos de nuestra cultura , que se expresa entre otras cosas en la presentación de un libro nuevo. Disculpas porque lo que se dirá aquí en estos próximos minutos puede no colmar las expectativas de oír una disertación de alto vuelo.

He dejado en la casa la tentación de hablar de Jorge Luis Borges, y de los supremos estudios de Guillermo Sucre y Rodríguez Monegal. Dejé las cuartillas que preparé el fin de semana colmadas de citas inteligentísimas, de retruécanos literarios inspirados por el gran maestro de los laberintos, de los tigres , de los espejos, de las rosas, y de los precipicios que separan al mundo real del fantástico.

No se puede hablar como Borges. Y citarlo en demasía sería usurpar sus potencias sobrenaturales . Citar a Borges en una Cervecería puede excitar las fantasías secretas y escondidas de los parroquianos, pero citarlo en la presentación de un libro puede convertirse en un acto facineroso de suplantación y de expropiación del talento ajeno. Me he prometido, por consiguiente, no sucumbir a esta desesperada tentación.

Quisiera entonces referirme a las virtudes de la aventura intelectual en la que navegaron Raúl y Freddy durante un tiempo, y que hoy se ve transfigurada en un texto luminoso.

Como la mayoría de ustedes saben , este es un texto escrito a cuatro manos , bajo la exigente vigilancia de nuestra academia, que expresa con gracia y rigor los inquietantes intereses literarios y periodísticos de sus autores. Uno es poeta, Freddy, y el otro, Raúl, es un narrador. Tienen sus libros, cada uno con sus dramáticas y felices travesías. Y ambos son, de manera incomprensible para ellos mismos, periodistas. Y , como cultores de la amistad y el pandillismo, se asocian para tratar de comprender a través de Borges por qué estas dos potencias viven separadas. Estas dos potencias que los habitan y los torturan... Sin drama. Los torturan porque simplemente una le quita tiempo y espacio a la otra.

Entonces se proponen reunir el periodismo con la literatura. Pero no solo académicamente, no formal y racionalmente, sino en el interior mismo de su devoción por Jorge Luis Borges.

La identificación de este par de jóvenes , ( curtidos en las inclemencias del deber, del trabajo reporteril, de la producción y del realismo crudo,) con la oferta creativa de Borges, con la hipnosis de su penetración filosófica y poética, los lleva a producir este libro, esta propuesta desafiante que provoca lecturas diversas y a veces antagónicas.

Antes de entrar en los nudos de su argumentación principal me gustaría anunciarles que con toda seguridad este texto, absolutamente innovador , formará parte de la lecturas de los estudiosos locales de la Comunicación Social en Venezuela. En primer lugar porque sintetiza de manera generosa y muy precisa las reflexiones fundamentales de la tradición intelectual local sobre la entrevista : Federico Alvarez, Olga Dragnic, Nelson Hipolite, Earle Herrera, Diaz Rangel, Humberto Cuenca, y además incorpora las grandes líneas del pensamiento moderno que contrasta literatura y periodismo, y que enfoca baterías sobre las potencias de la entrevista como género.

De esta manera, cabalgando con rigor, sobre las teorías y el conocimiento contemporáneo, Raúl y Freddy nos plantean preguntas de alto vuelo. En primer lugar sobre el género de la entrevista: ¿puede el periodista conducir al entrevistado?... como suelen aconsejar los sabios, y los manuales de estilo?.... o ¿existen estos casos formidables en los que un entrevistado , como Borges, maneja la gracia, la temática y las conclusiones?

(Quienes hemos entrevistado a escritores y periodistas, conocemos los rigores de esta tarea. Vaya usted y entreviste a Ramón Velásquez , a Tomás Eloy Martínez, a Miguel Otero Silva o a García Márquez.... a Zapata, a Giusti, a Massó....etc)

Las reflexiones que nuestros autores promueven sobre este asunto del periodismo contemporáneo, están plenas de riqueza y sugestión. Constituyen una parte esencial del valor de este libro.

Pero por otro lado está Borges. Se preguntan los autores ¿qué significan las afirmaciones de Jorge Luís Borges, volcadas en innumerables entrevistas, en la ponderación de su obra total?... ¿Son parte de su imagen o parte de la obra del autor?... ¿Hay alguna separación entre su discurso escrito y su discurso oral?... ¿Es que Borges escribe cuando habla?...

Todas esas maldades, ese ejercicio de político no-correcto que exhibió Jorge Luís Borges en sus entrevistas, eran acaso diferentes a las que expresó en su magnífica obra meditada?... ¿Actuaba acaso pre-meditadamente, y con alevosía, frente a sus entrevistadores? Me provoca citar varias de las respuestas geniales de Borges que recoge este magnífico libro pero me temo que podría sabotear las ansias de adquirirlo.

Freddy y Raúl, como devotos de la literatura que son, se esmeraron porque el texto no fuese aprisionado por las camisas de la racionalidad académica. Por el contrario las ideas fluyen por un río narrativo que alegra la travesía y conducen a los lectores a más de un laberinto sin salida. Los mismos que ellos padecen.

Las veces que he terminado de leer este texto, que ha de leerse repetidas veces por lo gracioso y borgeano, termino recordando nuestras aventuras compartidas. Hace unos años ellos eran simplemente unos niños borgeanos, hoy son unos niños borgeanos con compromisos.

Conocí a Freddy recién llegado a Venezuela, acaparando la perplejidad de sus audiencias con los cuentos sobre la ferocidad del mundo asiático y de las rudezas de Europa Central, previas a la caída del Muro de Berlín. En lo más privado me asombró siempre su capacidad para retener frases formidables de cantantes y poetas, pero sobre todo me asombra que sus evocaciones logren traspasar las murallas de marfil que se interponen entre su voz y sus amigos. Su voz es muy clara, y todos ya lo reconocen, en su libro titulado La Casa del Hechicero.

Con Raúl Cazal me he sentido parte de una historia que nos trasciende. Forma parte de una estirpe batalladora e indomable, que ha alentado las mismas ideas de cambio político desde que él estaba en la cuna. Su padre me roba los más entrañables recuerdos familiares, pero, actualizando, celebro que con la ayuda de Raúl y su magnífica editorial Comala puse en la calle un entrañable libro personal.

Aunque no he citado a Borges en toda esta perorata, culminaré evocando una frase que suele atribuirle mi amigo Raúl Fuentes, una frase que no se sabe si es cierta, realidad o ficción, como le gustaría al sabio argentino, pero cuyo significado atraviesa todo este libro de Freddy y Raúl: “... Yo lo que soy es un pobre cieguito, como Homero.”

Gracias y felicitaciones a los autores.

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1.3.07

Errores de parafraseo

Recientemente me enteré de que El club Dimas apareció reseñada en El Universal, en la sección Blog, y quien escribió la breve nota cometió un error al indicar que mi bitácora se llamaba El club Dumas, título de la novela de Arturo Pérez Reverte y que fuera llevada al cine por Román Polanski (La novena puerta).

Quizá la (el) periodista pensó que yo me había equivocado al escribir el nombre, que de repente lo recordé mal o que en vez de teclear Dumas, puse Dimas. Total, son dos vocales (u, i) que en el teclado está una al lado de la otra. Una equivocación previsible, pero no.

Resulta que tengo tres nombres y sólo utilizo uno, el del medio: Raúl. Mis otros dos son: Dimas y Nicolás. Nombre completo: Dimas Raúl Nicolás. Nombre completo que el perro Duque me lo recuerda cada vez que puede.

En lo que concuerdo con quien hizo la nota, es que es un parafraseo a la obra de Pérez Reverte, El club Dumas.

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1.2.07

Adriano no provoca

Borges, me refiero a Jorge Luis, el escritor, era una gran provocador. Más aún si se encontraba frente a un periodista. Se divertía dictándole titulares que disgustaban porque siempre iba a contracorriente. Sólo el lector avezado a las declaraciones de este personaje (personaje literario de sí mismo, algunas veces), sus ficciones y el tiempo, lo disculpaba.

Nombro en principio al escritor argentino porque estoy seguro de que podríamos estar de acuerdo en la cantidad de disparates que el autor de El Aleph le ha propinado al lector y, sin embargo, uno termina con un rictus en la cara porque llegamos a pensar que hay un toque de genialidad detrás de cada frase de Borges.

En nuestro patio tuvimos a un gran provocador: Juan Nuño. Sus artículos de opinión siempre generaban polémicas, porque tenía una capacidad para estar en contra de todos y de todo. Si alguien disertaba sobre la importancia del capitalismo o del socialismo en el mundo actual, de las propiedades benéficas del aguacate o de cómo le entra agua al coco, Nuño tenía razones fundamentales, e inclusive filosóficas, para rebatir cualquier discurso y restarle la importancia al mundo actual y demostrar que al coco no le entra agua.

En su momento llegó a ser una cuestión de prestigio tener una diatriba pública con semejante articulista. No importaba si el contrincante quedaba en ridículo, porque lo que se buscaba, a fin de cuentas, era que Nuño te llevara contra las cuerdas y te diera hasta en la cédula.

En la década de los sesenta del siglo pasado un grupo de artistas y escritores que se reunían bajo el nombre de “El Techo de la Ballena” provocaban al público de las bellas artes y las letras con panfletos, manifiestos, exposiciones, entre otros artefactos. Cada movimiento de este cetáceo tenía como fin buscar las nalgas de la sociedad y pellizcárselas.

En esa cofradía del siglo XX se encontraba –y “sobresalía”, según el ensayista Ángel Rama– el escritor Adriano González León. Intelectual que por estos días decidió abandonar el silencio y sentenciar que “El venezolano lo único que lee es la Gaceta Hípica”. Y uno se pregunta, en qué tiempo quedó estacionado el carro de González León para que nos recuerde algo que nos va costar imaginar: ¡Gaceta Hípica!

Pero no contento con eso, el autor de País Portátil al parecer está claro cómo se come el socialismo del siglo XIX sin que nos dé indigestión. Porque para él, el socialismo es un sueño hasta que se materializa. Es decir, mejor no inventemos porque quien fuera premio Seix Barral hace casi 40 años no cree que de todo esto, es decir, la revolución bolivariana o el socialismo del siglo XXI, vaya a salir algo bueno. En otras palabras: Muchachos, olvídense del tango que ya Gardel murió. Discutir así, Adriano, no provoca.

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17.1.07

El Silencio

Hoy llamé a mi padre para preguntarle por una persona que aparecía en el libro El Silencio: Graciela Daleo. Su nombre me sonaba y mi viejo me confirmó que ella había vivido en Venezuela y que ahora se encuentra en Argentina.

Graciela aparece en este libro en las primeras páginas y cuenta el horror que vivió en la ESMA (Escuela de Mecánica de la Armada) y cómo logró escapar de la muerte.

El Silencio es un libro de Horacio Verbitsky y cuenta cómo la Iglesia estuvo involucrada en las desapariciones, torturas y asesinatos durante la dictadura militar argentina.

He dejado de leerlo porque duele mucho. Cada página te llena de indignación y llanto. Cada episodio te deja el alma destrozada.

Mi viejo, cuando hablamos por teléfono hoy en la mañana, me pidió el libro una vez que haya culminado con su lectura. Yo le dije: Mejor no, papá.

En lo personal, no es bueno remover el pasado.

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10.12.06

La muerte de un dictador

Se fue impune Pinochet, asi como Stroessner y muchos otros dictadores oprobiosos de América latina. Por suerte Somoza no corrió con esa suerte.

Los medios como CNN y Globovisión le dieron la estatura de estadista a este criminal.

Lo lamentable es que hay gente que lo llora y sigue pensando que hay que borrar del mapa a todos aquellos que piensen diferentes a ellos. Para muestra, va una foto de una abuela pinochetista y derechista. Las palabras sobran.

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28.11.06

Los medios de Marcelino

Estimado Marcelino Bisbal,

debía haber escrito un artículo de opinión para analizar el que tú publicaste en El Nacional, el 26 de noviembre, titulado “Las comunicaciones del régimen”. Pero no consigo mejor manera que el formato epistolar, que es como una conversación íntima, para entender este inventario de artículo.

Pareciera, Marcelino, que tus enseñanzas le están haciendo un gran daño a los medios de comunicación de la oligarquía (sí, oligarquía, no mires para los lados como si no supieras que esa casta no existe en Venezuela), cuando escucho a las comunidades como se expresan en sus medios y con sus propios medios.

Seguramente, éste no es el tiempo que esperabas para los medios que visualizabas como pensador de la cultura massmediática. Es decir, por tus clases impartidas en la Universidad Central de Venezuela (UCV) siempre creí que era importante derrocar el poder de los medios impuestos por los intereses económicos que han modelado nuestra forma de vivir.

Lamentablemente, las estadísticas son pobres a la hora de mostrarlas y, más aún, como las has presentado, como si en Venezuela lo único que existe es una polución de medios del Estado, porque para ti, los medios comunitarios, por tener una posición a favor de la Revolución Bolivariana, le quita el mérito de ser independiente. Aunque seguramente creerás que la línea editorial viene impuesta desde Miraflores.

Marcelino, el paisaje comunicacional aún está intacto. Los medios audiovisuales privados ejercen una gran influencia sobre el ciudadano e imponen un criterio, su criterio, el de sus intereses económicos, y hasta ahora no lo has llamado fascista. En cambio, a los medios del Estado y a las comunitarias, por promover nuestra cultura, nuestros valores, somos considerados algo similar al Duce o, quizá, peor que eso.

Cuando afirmas que el Estado sostiene que «los medios de comunicación no deben pensarse como simples medios de diversión», estoy totalmente de acuerdo contigo. Porque no puede ser una diversión que estos medios sigan chantajeando a la población con la fórmula macarthista y decirnos, en su momento, que un golpe de Estado o el sabotaje petrolero es lo mejor que le puede suceder al país. Supongo que para ellos eso debe ser muy divertido, Marcelino. Pero para la gran mayoría no lo es.

Y por cierto, esa diversión política le ha generado grandes dividendos económicos, tanto a las plantas televisivas como a los moderadores o manipuladores de la opinión. Eso, definitivamente, es muy divertido, Marcelino.

Los que trabajamos en los medios del Estado o en los comunitarios tenemos un objetivo: romper el cerco informativo y manipulador de los medios de comunicación privados. Creo que eso fue lo que nos enseñaste en las aulas de la UCV. Eso es lo que recuerdo, o ¿recuerdo mal?

Si bien, el trabajo que presentas, bajo el supuesto manto inocuo de las estadísticas, lo que muestra es una información sesgada, manipulando los números a conveniencia, por qué no analizas el radio de acción y de penetración de los medios que estudias y, por supuesto, no lo comparas con las corporaciones privadas que están desplegadas en el país y que se encadenan con una gran facilidad a la hora de desinformar y de incitar al golpe de Estado ¿En dónde existe tamaña libertad de expresión?

Nuestro norte no es ir contra quienes piensen diferente a nosotros, sino a develar las manipulaciones mediáticas que quieren imponer un orden diferente al de la libertad y la justicia social.

Caro Marcelino, me despido, con la creencia de que hay mucha tela que pensar sobre los medios, pero sobre todo, hay mucho por hacer.

Fraternalmente,
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. Raúl Cazal
. Mal hábito
. Caracas, 27 Nov. ABN

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