5.8.13

Chávez para siempre


“¡Chávez, te amo!”, “¡Chávez somos todos!”, “¡Chávez no murió, se multiplicó!”, gritaban hombres y mujeres, con lágrimas cruzándole el rostro mientras veían pasar el carro fúnebre que transportaba el cuerpo del presidente Hugo Chávez desde el Hospital Militar, el 6 de marzo, hacia la Academia Militar, en donde el pueblo chavista fue a despedirlo, con dolor, pero con la promesa de que continuarían con su legado político e ideológico.

Desde que apareció Chávez en la escena política con unos breves minutos en la televisión para asumir la derrota y responsabilidad de la rebelión del 4 de febrero y el “por ahora”, de unos objetivos que no fueron logrados, el pueblo lo reinterpretó y se apropió de una frase para seguir a un líder que rescató el ideal bolivariano y que luego acompañó con socialismo.

Así surgió un chavismo, con la mezcla de la pasión por un hombre que rescató ideales que en tiempos de crisis moral se habían abandonado. Refundar la Patria fue su promesa y lo primero que hizo al llegar a la presidencia de la República fue cumplirla. Siempre con una divisa presente: convocar al soberano.


El pueblo chavista que lo acompañó se sintió partícipe de una historia de cambios en Venezuela. Pero, no todo fue idilio. La sola mención de chavismo en sus inicios fue utilizada por quienes lo adversaban con la connotación de la descalificación y los medios de comunicación lo satanizaron mediante la reducción y manipulación. En ciertos momentos, el presidente Chávez llegó a dudar de la utilización de su apellido como expresión política e ideológica porque él rescataba a Bolívar. Y entonces “bolivariano”, también pasó a ser una mala palabra.

En 14 años de gobierno, con golpe de Estado y sabotaje petrolero incluido, Chávez fue dando respuesta en la batalla de las ideas a las adversidades y generó propuestas que terminó conformando un ideario político que será demandado por un pueblo que lo palpó y admiró con devoción porque rompió con los esquemas conservadores de las investiduras presidenciales. Su testamento político, como lo definió Nicolás Maduro, quedó plasmado en el programa de Gobierno que presentó para las elecciones del 7 de octubre de 2012: el Plan de la Patria. Ahí están las bases de una promesa que, sin duda, Chávez cumpliría al pie de la letra, como hizo con todas las promesas, siempre que éstas fueran refrendadas por el soberano en elecciones populares.

En su alocución del 8 de diciembre de 2012, Chávez finalizó con “hoy tenemos Patria, que nadie se equivoque. Hoy tenemos pueblo…”. Lo dijo con el convencimiento de quien fue victorioso en contiendas políticas y electorales, que logró darle al soberano la posibilidad de construir una nueva República con una Constitución bolivariana, que marcó la agenda política, económica y social, no sólo de Venezuela, sino de Latinoamérica. Sólo un golpe de Estado perpetrado el 11 de abril 2002 por sectores de la oligarquía nacional e internacional lo separó de su mandato constitucional por alrededor de 48 horas. Y el pueblo lo rescató.

Cuando fue amenazado nuevamente con sacarlo de la presidencia por medio de un sabotaje petrolero y referendo revocatorio, también venció unido a lo más importante de la revolución bolivariana: el pueblo.

En cada elección fue vencedor y lo asumió con la humildad que enseñó el mariscal Sucre: “Gloria al vencedor, honor al vencido”. Y con el legado de Simón Bolívar se planteó la independencia traicionada con la cuarta República.

Los humildes que se identificaron con Chávez entendieron que su misión política fue por ellos, para que vivieran con dignidad. Ahí puso todo su empeño, toda su existencia y acudió a una campaña electoral el 7 de octubre de 2012, la última, donde también venció, pero que su salud quebrantada no perdonó.

Hoy, Chávez es nuevamente victorioso porque despertó en el pueblo la dignidad y la soberanía. Quienes creen que con su desaparición física se acaba su ideario político, se equivocan. Chávez quedó sembrado para siempre en Venezuela y América Latina.

Raúl Cazal

Le Monde diplomatique, edición venezolana
Año V. Número 51
Caracas, marzo-abril de 2013.
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