19.3.13

La literatura pierde su magia cuando el escritor quiere seducir al mercado

El escritor argentino Vicente Battista a mediados de febrero de 2013, hace un mes, presentó en la Feria del Libro de La Habana su obra Cuaderno del ausente. El lunes 18 de marzo comenzó a impartir un taller de escritura policial –que termina el miércoles– en la Feria del Libro de Venezuela, en Caracas, y este martes presenta su novela Gutiérrez a secas, editada por Monte Avila. El mes que viene, inaugura –discurso mediante– la Feria del Libro de Buenos Aires. Que participe mes a mes en diferentes ferias internacionales no es ningún enigma, como son el centro de las novelas policialiales, género por el cual tiene predilección. Esta entrevista se llevó a cabo en octubre de 2010. La publicación en esta hora, es más que propicia.


Cuando un escritor termina de escribir un libro y le preguntan si tiene pensada alguna otra historia, siempre miente. Esa es la premisa de Vicente Battista ante la interrogante de los editores. Su respuesta será que desde hace un buen tiempo viene pensando un tema y los personajes están más o menos bosquejados, pero no tiene nada todavía bajo la manga. Así fue su experiencia con sus dos más recientes novelas. Apenas apareció en 2009 Cuaderno del ausente, le preguntaron por su siguiente obra, que publicó en 2012, Ojos que no ven.

Battista recibió el Premio Casa de las Américas en 1967 por su primer libro de cuentos, Los muertos. Tenía 27 años de edad y continuó en la narrativa breve con Esta noche reunión en casa (1973), Como tanta gente que hay por ahí (1975), El final de la calle (1992), distinguida con el Premio Municipal de Literatura, y La huella del crimen (2007).

Su primera novela, El libro de todos los engaños, apareció en 1984. Le siguieron los thriller Siroco (1985) y Sucesos argentinos (1995), que recibió el Premio Planeta Argentina de ese año y que publicó la editorial francesa Gallimard, en 2000.

La novela Gutiérrez a secas, que se publicó conjuntamente en España, Argentina y Cuba en 2002 y en 2013 en la colección “Continentes” de la venezolana Monte Ávila Editores Latinoamericana, no es estrictamente del género policial, aunque “hay una persecución”, reflexiona Battista, sin ánimos de dictar cátedra.

–En Gutiérrez a secas, el protagonista está buscando a los correctores, es decir, está haciendo una investigación. No por eso podemos tildarlo de policial, pero claro, como bien dicen, toda novela es un viaje y es una búsqueda también; y como el personaje está buscando algo, esa es la vinculación con lo policial.

A diferencia de Gutiérrez, Battista no chatea. La computadora le sirve para escribir, además de narrativa, crónicas, ensayos y cartas. También le funciona para dictar un taller literario digital, “Leer y escribir”, con aquellos participantes que se inscriben a través de la página Periodismo.net. El cuento policial, género recurrente desde Siroco, se imparte en la penúltima semana de 12 sesiones.

El jarrón veneciano en la calle

–Desde Edgar Allan Poe a la actualidad, ¿el policial ha retratado los misterios de la vida?

–Sobre todo las grandes interrogantes. Poe lo plantea con Auguste Dupin, un personaje profundamente intelectual, que está para resolver enigmas. Ese personaje después se va a proyectar en otros célebres detectives privados, digamos el más célebre de todos, Sherlock Holmes, y con Poirot, el personaje de Agatha Christie. Los casos se resuelven con la pura inteligencia y la deducción, y bueno, el esclarecimiento a partir de cálculos casi matemáticos. Es el raciocinio por sobre todas las cosas, cuando estos detectives privados, para tomar estos tres ejemplos, resuelven el caso y el culpable es puesto en prisión. No se cuestiona el orden social, porque se supone que la sociedad está tan “perfectamente” organizada –y no cuestionada– que ese delincuente, el que cometió el delito, va a pagar con la cárcel, va a ser juzgado por jueces honestos y va a ser apresado por policías tan honestos como los jueces.

“Claro que todo eso es mentira”, se responde inmediatamente Battista para colocar en escena a Dashiell Hammett, que aparece con la crisis de los años 30 en Estados Unidos y “pone de revés el género policial con la célebre frase de otro grande, Raymond Chandler, cuando dice que ‘Hammett saca el jarrón veneciano del living y lo tira al barro de la calle”.

–La verdad es que los jueces son corruptos, los policías son corruptos, los delincuentes no todos caen presos. Es cuando surge el llamado policial negro, en el que ya no interesa tanto la parte inteligente, deductiva, sino la parte violenta que se da también en la escritura, porque la escritura de Hammett, sobre todo de Hammett, es cortante, violenta, sin respiro.

El suspense del policial sigue su marcha hasta que llegan los suecos Henning Mankell y Stieg Larsson. “Ahí encontramos una amalgama donde hay elementos del policial negro estadounidense y del enigma, en donde de alguna manera se da una nueva escritura que a mí me recuerda en muchos casos a Charles Dickens cuando empieza a contar una historia”.

–La novela policial se caracterizó siempre –porque va al carozo del asunto– por ser de no muchas páginas. Y las novelas tanto de Larsson como Mankell son de 400, 500, 600 páginas, donde hay mucho policial que va circulando a lo largo de toda la novela, pero ya se empiezan a mezclar otras cosas.  Yo creo que es una manera de reformar el género y hacer que siga vigente.

El policial argentino

–En Sucesos argentinos hay criminales y corruptos, pero carece de investigadores.

–Ese es el gran problema que tenemos los argentinos y que prácticamente, supongo, tendrán todos los países hermanos de América Latina. Nosotros no tenemos una herencia de detectives privados de gran fuste. ¿Por qué? Porque en Estados Unidos el detective privado es un tipo que tiene una entidad muy reconocida. Acá, en cambio, es el que anda detrás del marido que engaña a la mujer, le saca fotos para un posible divorcio y demás cosas. Y si hemos leído Chandler o a Hammett, lo primero que dicen Sam Spade o Philip Marlowe es “no persigo maridos ni esposas”. Entonces, eso nos lleva a que los detectives, los personajes de nuestras novelas policiales, rara vez son detectives porque no serían creíbles.

En el caso de Siroco y de Sucesos argentinos, a Battista se le ocurrió crear un “hombre de paja”, “un tipo que tiene un pasado de militancia de izquierda, pero que ahora está dispuesto a ganar plata” y vuelve a dibujar su personaje: “Es un tipo sarcástico, irónico y tiene una visión muy desencantada de la vida y lo único que le interesa es conseguir dinero, al precio que sea”.

–Claro, para conseguir ese dinero se engaña, no a gente pobre, sino a gente de alto nivel adquisitivo. Entonces, este tipo, que es una mala persona, comparado con los otros que son más malas personas, empieza a resultar simpático. Ese es un poco el esquema, y que se ve obligado a resolver casos para cobrar su dinero. En las dos novelas le pasa eso, él tiene que resolver el caso para cobrar. Es más, cuando el caso está resuelto, no le interesa si van o no a prisión los delincuentes, él cobra y se va.

En la novela Cuaderno del ausente coloca a un periodista, Raúl Benavides, que tiene por alter ego un comisario célebre que existió en la policía argentina, Evaristo Meneses. “Así que ahí nos encontramos con el esquema del policial”, concluye Battista, al crear un personaje que posteriormente recuperará, pero en sus años iniciales del reporterismo, en Ojos que no ven.

–Los momentos políticos de Argentina están muy marcados en cada una de tus novelas. ¿Es necesario tener un referente histórico para poder contar una ficción?

–Pienso que sí. A mí me pasa que me veo en la necesidad de escribir ahora y aquí, aunque esté escribiendo algo de hace veinte o treinta años. Yo me siento incapaz de plantearme escribir una novela histórica, o lo que se entiende por novela histórica, una novela que pase en 1800 o en 1901. A un punto tal, que cuando escribí Cuaderno del ausente, la primera propuesta era escribir sobre Meneses y quedó en eso solamente. La editorial que me lo propuso, me dijo que le interesaba una historia con Meneses, y yo le dije que no escribía novelas históricas y que no la iba poder escribir nunca. Necesito manejar un lenguaje muy coloquial, muy de ahora y de aquí, de Buenos Aires, así no nombre la ciudad ni sus calles, como en Gutiérrez a secas.

–No nombra las calles, pero sus personajes caminan, se desplazan por la ciudad.

–Caminan y caminan por estas calles y pisan estos pozos y llegan tarde como acostumbramos a llegar. Vengo de Francfurt y de Barcelona y es otro ritmo, otra manera de comportarse. A pesar de que viví muchos años en Barcelona, mis personajes son porteños y argentinos.

Literatura y mercado

–En buena parte de la literatura argentina se hace referencia a libros y escritores, pero su caso es contrario.

–Pongo referencias y no doy ninguna pista, eso queda entre el lector y yo. En Siroco, el personaje dice algo a una mujer –están acostados y a punto de hacer el amor– y ésta le dice “bonita frase”, y le responde el personaje: “No es mía, pero no importa”. Esa frase la saqué de Abelardo Castillo, somos amigos. También pongo frases de otros autores, lo que no me gusta es citar en plan docente.

–¿Qué corrientes literarias se están formando en Argentina?

–Hay gente joven que escribe muy bien, pero otra está en ciertos candeleros que creo que van a ser lo que decían nuestros abuelos, “pan para hoy y hambre para mañana”. Hay cierta gente que se clava mucho de lo que ahora está muy de onda, el blog, el twitter, entonces hacen ese tipo de literatura que interesa por lo que tiene de curioso y no lo por lo que tiene de temático o de escritura. Uno de los valores esenciales de la literatura de todos los tiempos es su escritura. Hay cierta gente que por hablar pavadas dice “pero Roberto Arlt escribía mal”. No, Roberto Arlt escribía muy bien.

–Es recurrente esa afirmación de que Arlt escribía mal.

–Escribía mal con respecto a sujeto, verbo y predicado. La gramática determina tal cosa, bueno, eso no importaba un pepino, pero la tensión que tiene la prosa de Arlt, hay que ser Roberto Arlt para conseguirla. Cuando él te pone “qué has hecho de tu vida” y lo pone ahí en el momento justo y vos decís que es la frase justa. ¿Te das cuenta? Cuando Roberto Arlt, en El juguete rabioso –estamos hablando de 1930–, tiene esa secuencia en esa pensión de mala muerte, donde viene el homosexual que se quiere acostar con Silvio Astier, y Silvio Astier, una de las primeras cosas que piensa es “este muchacho tiene los pies sucios”. ¡Hay que ser Roberto Arlt! Te descoloca, mientras vos estás pensando qué va a decir. Y de pronto empezamos a sentir que eso nos pasa a todos nosotros. Creo que en este momento hay ciertos escritores que le han quitado esa cosa mágica que tiene la literatura y lo único que les interesa es cómo pueden seducir, no al lector, sino al mercado. Primero hago que los medios de comunicación empiecen hablar de mí y después vienen los lectores.



Despertar de Latinoamérica

Vicente Battista, cuando traspasa la ficción hacia la realidad, tampoco hace concesiones. No es peronista, lo dice sin rubor. Participa en el espacio Carta Abierta, que surgió en 2008 para apoyar al gobierno democrático de Cristina Fernández de Kirchner, cuando la presidenta enfrentó a la oligarquía rural que reaccionó con huelgas a los nuevos impuestos que estarían destinados a redistribuir la riqueza.

–Yo tengo unos cuantos años y en esos cuantos años yo vi a la revolución cubana y la sigo viendo como el faro que ilumina a América. Creí con toda honestidad que ahora estaríamos hablando bajo regímenes socialistas de verdad. Nada de eso pasó. Vemos que la cordillera de los Andes no fue la Sierra Maestra de América, pero después de un periodo muy largo, tremendo, neoliberal, que sirvió para comprometer económicamente y financieramente a todos los países de América Latina, se empieza a dar un despertar, que se da de diferentes modos.

–¿Cuál es el papel de los escritores en esta época?

–Bueno, de pronto en mi literatura puedo no bajar ninguna línea, pero yo voy a estar firme, firmando todo lo que sea de apoyo a esto y a decir sin ningún tapujo “señores, sí, yo estoy con la revolución”, porque hablan de que “Chávez es un populista”, pero yo estoy con Chávez, de la misma manera que estoy con Cristina, y voy a estar con todos los gobiernos que hagan medidas contrarias a los neoliberales.

 –¿Qué influencia tienen los medios sobre los escritores?

–Sé cómo son Clarín y La Nación, la ideología que cada uno de esos medios transmite, de qué manera tapan una información y cómo la manipulan, pero está pasando una cosa que no tiene tanto que ver con el periodismo en sí, sino con la economía. Es decir, estamos hablando de La Nación y de Clarín, que son prácticamente los dueños de Papel Prensa; sobre todo de Clarín, que tiene el monopolio en la televisión y la radio, que ahora le están sacando del gran negocio. Ellos están procediendo como un empresario, no como un político y menos aún como un periodista. Me parece natural que esa gente, esos dueños, hagan eso para defender sus capitales. Lo que me parece ya más desagradable es que haya una pléyade, un grupo de periodistas que con buenos o casi buenos sueldos termina defendiendo a esos, porque ya no están defendiendo su fuente de trabajo, están defendiendo al capital.
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