18.11.05

¡Rechazado el Quijote!

Por Tito Matamala


Señor Miguel de Cervantes y Saavedra

De nuestra consideración:

Hemos recibido una copia impresa de su novela titulada "El ingenioso hidalgo Don Quijote de La Mancha", que usted nos ha enviado. Luego de someterlo a la lectura de un equipo de editores especializados, y recogiendo sus conclusiones, me permito establecer los siguientes puntos:

1. Se trata de una novela extensa, con ciertos momentos interesantes para un lector no avezado, y algunos rasgos de sarcasmo que, sin embargo, se diluyen en las reflexiones dramáticas de los diversos narradores que confluyen en su obra.

2. El título de su obra, "El ingenioso hidalgo...", es muy poco comercial, lo que aumentaría el riesgo de su publicación. Otras alternativas más sugerentes podrían ser: "Tengo miedo Quijote", o "Fantasías sexuales del Quijote".

3. No queda muy clara la relación y compromiso que existe entre los dos personajes principales. Quizás si se subrayara de manera más notoria la homosexualidad de ambos, podría ser más interesante para las nuevas tendencias editoriales, y para los gustos del moderno lector. En el entendido de que su novela es un manifiesto libertario, no vemos la razón por la que se oculte la legítima opción sexual de sus protagonistas. Se evidencia la falta de un episodio que clarifique esta faceta de la historia. En tal sentido, el personaje llamado Dulcinea debería ser bisexual, para mantener la coherencia del relato.

4. Los rasgos de locura del personaje que se vislumbra como principal, Don Quijote, y que da el título a su libro, impiden que se aprecie concretamente su posición política. ¿Es el personaje principal un revolucionario izquierdista castrista? ¿Acaso es el personaje secundario, Sancho, un agente encubierto de la CIA? Así parece, por su constante oposición al protagonista.

5. Las nuevas tendencias narrativas han dado por muerta a la comedia de crítica social, en cambio se privilegia el drama político realista, con visos de la historiografía reciente. Por tal motivo, no resultan atractivos los episodios humorísticos en su novela, le aconsejaríamos eliminarlos o reformularlos puesto que pueden ser mal interpretados. El capítulo de los molinos de viento, por ejemplo, es, además de barroco, insustancial y con un gastado aire a realismo mágico latinoamericano.

6. La extensión de su novela desequilibra la ecuación de tiraje, número de páginas y precio de venta al público. En estos tiempos, sólo un autor consagrado se puede permitir un texto superior a mil páginas. Y pese a su entusiasmo, señor Cervantes, éste no es su caso. Con un poco de aplicación, puede compactarse su texto a unas 150 páginas si - por ejemplo- elimina todas las historias parásitas contenidas. La economía de recursos verbales también puede aplicarse a los titulares de cada episodio, cuya idea de resumir el contenido del capítulo es redundante. Por ejemplo, el "CAPITULO XX: de la jamás vista ni oída aventura que con más poco peligro fue acabada de famoso caballero en el mundo como la que acabó el valeroso don Quijote de la Mancha", puede quedar simplemente como "Capítulo XX".

7. Del mismo modo, una obra tan larga correría peor suerte en cualquier concurso literario de los que están bajo nuestra influencia y tutela. Pese a un auspicioso comienzo de su novela, cualquier jurado sería incapaz de continuar más allá de lo que usted llama "primera parte". Por tanto, no podría superar las instancias de mínima selección.

8. El extenso léxico que usted ha desplegado en su novela atenta contra la comprensión de los lectores. Son innumerables las palabras que demandan una capacidad intelectual que muy pocas personas poseen. Ya no es época de leer junto a un diccionario de la RAE, nadie tiene tiempo para ello. La nueva narrativa, por el contrario, ha tendido a la simplificación del lenguaje y al fomento del habla vulgar y simple. Algunas palabras soeces enriquecerían su obra, como un acto de complicidad con el público.

9. El tema del remedo de las novelas de caballería no es atractivo para la mentalidad del lector contemporáneo. No obstante, esta falencia podría en parte superarse si el nudo argumental fuese reordenado de modo que se tratase de un grupo de hidalgos y caballeros sometidos a un encierro, en el que debiesen superar pruebas de ingenio, valor y liderazgo. Naturalmente, al caer bajo amenazas de convivencia y talento, los personajes deberían ser expulsados de manera gradual, etapa en que sugerimos que su personaje llamado Quijote sea el primero de ellos, y que luego desde afuera añore las hazañas de la caballería.

Por todas estas consideraciones, que no creemos susceptibles de ser superadas, debemos rechazar la publicación de su novela "El ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha". Ello no obsta que estemos llanos a evaluar sus próximas obras artísticas, siempre que se atengan de manera más pragmática a las circunstancias actuales.

Atte.

El editor

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. Tomado de El Mercurio.
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