4.8.10

Elena Quinteros siempre regresa



La mañana del pasado 21 de marzo se conoció la noticia de que el ex canciller de la dictadura uruguaya, Juan Carlos Blanco, fue condenado a 20 años de prisión por el “homicidio muy especialmente agravado” de Elena Quinteros, una maestra que fue sacada por la fuerza de la Embajada de Venezuela en Montevideo, en la que trató de buscar asilo el 28 de junio de 1976. Esa fue la última vez que se la vio con vida. En protesta por semejante atropello, el Gobierno venezolano rompió relaciones diplomáticas con Uruguay.


Hace poco más de un año, Raúl Olivera y Sara Méndez presentaron en Caracas la edición venezolana del libro
Secuestro en la Embajada. El caso de la maestra Elena Quinteros, publicado por la editorial del Estado venezolano El perro y la Rana. El poeta William Osuna reconoció en sus autores “la actitud y el compromiso de escritores como Rodolfo Walsh, Haroldo Conti, Francisco Urondo y Carlos Quijano. Es el verbo hecho acción, denunciando el autoritarismo, la agenda de la muerte avalada por el imperio y ejecutada por militares traidores e intelectuales apátridas.”

Olivera y Méndez reúnen en este libro la vida de Elena y la infatigable lucha de La Tota, su madre —como le decían cariñosamente— para lograr que los gobiernos de Carlos Andrés Pérez, Luis Herrera Campíns y Jaime Lusinchi mantuvieran la decisión inicial de no reanudar las relaciones diplomáticas hasta que los cuerpos de seguridad uruguayos regresaran a su hija a las autoridades de Venezuela y se castigara a los responsables del secuestro.

Una vez que los militares uruguayos salieron del Gobierno, La Tota redobló sus esfuerzos al lado de organizaciones de derechos humanos, presionando para que los gobiernos que sucedieron a la dictadura de ese país hicieran justicia en el “caso de la maestra Elena Quinteros”. Pero los militares siempre evitaron que se juzgara a los verdugos, a pesar de los testimonios y documentos que comprobaban el crimen que habían cometido.

La memoria resiste

La foto de Elena Quinteros se imprimió en afiches para denunciar el terrorismo de Estado que se había implantado en Uruguay. También circuló la de Raúl Sendic, líder tupamaro preso, y la de las niñas y niños desaparecidos, como Mariana Zaffaroni, que fue secuestrada junto a sus padres en 1976, cuando apenas tenía 18 meses. Ella sobrevivió, y su paradero se conoció hace apenas un año. A sus progenitores los desapareció la policía argentina, en una acción característica de la Operación Cóndor, un plan de cooperación concertado por las dictaduras de América del Sur, con apoyo de la Agencia Central de Inteligencia (CIA, por sus siglas en inglés).

También queda el testimonio de un programa audiovisual que realizó Daniel Viglietti cuando inauguraban una escuela en Uruguay con el nombre de Elena Quinteros. Los niños y niñas que asisten a esas aulas tienen un motivo para estudiar por un mundo mejor y recordar con dignidad el nombre de su escuela.

El periodista Pablo Siris escribió hace un año que “los torturadores, asesinos y cómplices de la dictadura uruguaya, intentaron borrar la memoria de la maestra Elena Quinteros. Pero ella siempre regresa en una canción, en el nombre de una escuela, en este libro que desnuda la terrible realidad que, aún hoy, está cubierta por un manto de impunidad y silencio”.

Solidaridad venezolana

Para Raúl Olivera y Sara Méndez era imprescindible que se conociera el “proceso de construcción de impunidad en el Uruguay”. Es por ello que aparece la edición venezolana de Secuestro en la Embajada, en una editorial del Estado y de un Gobierno Bolivariano que repudia los delitos contra los derechos humanos.

Venezuela ha dado abrigo a miles de refugiados políticos en diferentes épocas. Lamentablemente, los militares de la dictadura uruguaya de la década de 1970 no dejaron que Elena siguiera enseñando en escuelas venezolanas. Truncaron su vida, pero nunca su memoria y ejemplo de lucha. La Tota murió antes de conocer el veredicto que sentenciaba al ex canciller Blanco; pero continuaron el camino compañeros como Sara Méndez y Raúl Olivera, que levantan “la construcción del socialismo y la libertad, por la que lucharon las generaciones pasadas y por la que hoy entregan lo mejor de sus vidas nuestros hijos y nietos”. Los autores se sentirán satisfechos “si en algo contribuye este libro para esta tarea”.


Parte de un crimen

La maestra Elena Quinteros, de 30 años de edad, fue detenida por la policía días antes de su desaparición; en el interrogatorio, le ofreció a sus captores entregar a un contacto de la organización donde ella militaba (actualmente Partido por la Victoria del Pueblo-PVP) que participa en el Frente Amplio. Los dirigió cerca de la Embajada venezolana y en un momento de descuido saltó el muro de la residencia diplomática, ingresó a sus jardines y pidió a gritos asilo político. El personal de la sede diplomática intentó socorrerla, pero los policías y militares uruguayos la sacaron violentamente, arrastrándola por los cabellos. Los costudios de la Embajada nada hicieron mientras los funcionarios venezolanos forcejeaban con los militares uruguayos.

Quinteros fue llevada al Batallón de Infantería Nº 13, sometida a torturas y luego desaparecida. Venezuela rompió relaciones diplomáticas inmediatamente con Uruguay, y mantuvo esa postura hasta 1985, cuando en la República Oriental llegó al poder un gobierno electo por el pueblo.


Suplemento dominical La Artillería del Correo del Orinoco.
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Domingo, 1 de agosto de 2010, “Parte de letras”, pp. 14.
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