19.2.12

La figura solidaria de Juan Rodríguez


Estábamos acostumbrados a las ocurrencias de Juan Rodríguez, incluso a sus repentinas apariciones después de largas ausencias. Hace un mes compañeros del periódico Ciudad CCS, en donde laboraba, me informaron que estaba desaparecido y hoy, en su fecha natal, sus familiares lo encontraron en la morgue después de una angustiante búsqueda.
Supe de Juancito, como era comúnmente conocido, a principios de los años 80. Acompañaba en plan de ilustrador a los sonrientes Juan Barreto y Gustavo Rísquez, directores de Letras, un pasquín literario de los estudiantes de la Escuela de Comunicación Social de la UCV que luego trascendió al ámbito universitario y dejó de ser de unos palurdos pichones de periodistas cansados de las clases de periodismo.
“Cuando niño las maestras me ponían baja calificación por mis dibujos y ahora que soy adulto aplauden mis trazos infantiles”, reflexionó sonriente mientras ilustraba los textos “literarios” de Letras. Por aquella época, él se matriculaba en Sociología hasta que un día le dijo adiós a esa Escuela con un grafitti en el pasillo de la Facultad: “Webber es marico”, y firmó: “Marx”.
Dejó la Escuela, pero no abandonó la Universidad. Marchaba en las manifestaciones con los estudiantes y sacaba las patas del barro a quienes hacían panfletos y periódicos universitarios o alternativos –como llamaban a algunas publicaciones–, puesto que muchas veces sus dibujos decían más que las cuartillas publicadas.
En tiempos violentos creó el personaje Tozti, una “palomita de la paz” que guardaba más parecido con una “papa de la paz”; escribió poesía, con un gusto especial por lo erótico y lo urbano; y continuó con una obra plástica que para muchos es desconocida. Sus lúcidas caricaturas quizá sea lo que ha marcado su figura, también su amistad y su solidaridad.

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