14.3.05

Villoro

Juan Villoro es tan oral como escrito. Sus ensayos y cuentos tienen el don de resumirse en una línea escrita por él. Línea, por demás, llena de humor.

Lo primero que leí de su autoría fue Los once de la tribu. Me lo recomendó José Roberto Duque, un beisbolero que sólo sabe de fútbol que la pelota es redonda, como en el beisbol.

Después seguí por mi cuenta y leí los primeros cuatro cuentos de La casa pierde. El primero que lleva el nombre del libro te seduce para que continúes con el segundo, este con el tercero y ya en el cuarto te das cuenta que estas leyendo un mismo cuento, estructuralmente hablando, pero con diferentes anécdotas. Es muy predecible e intuyes los atajos que va a tomar el que escribe o el que lee. Lo dejé y se lo comenté a Doménico Chiappe en alguna charla literaria y medio defraudado de mi decisión, me pidió encarecidamente que no abandora el libro de Villoro, que allí había un cuento de un entrenador de fútbol que hizo subir de categoría a un equipo de cuarta y al final, lo que se esperaba, era que continuara siendo un equipo de maletas.

Buscando ese cuento, conseguí otros muy divertidos, muy a lo Villoro. Nada que ver con el tercero ni el cuarto. Pero el que me refería Doménico, nunca lo conseguí hasta ayer, momentos antes de mi encuentro con Juan Villoro.

Conversé con él unos cuarenta minutos. Casi se me pega el acento mexicano. Los temas: literatura, periodismo, El testigo -su mas reciente novela- y, no podía falta, política y Latinoamérica.

Villoro está entrenando y ya está en primera categoría.
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