30.3.07

A quién le importa la opinión de un ciego

Palabras de Pablo Antillano.

Vengo directo a la improvisación, escrita claro. Saludo a los amigos de Freddy Fernández y de Raúl Cazal que han venido a esta ceremonia, vital en las biografías de los autores. Y ofrezco disculpas al público que anhela participar de uno de los intercambios más sentidos de nuestra cultura , que se expresa entre otras cosas en la presentación de un libro nuevo. Disculpas porque lo que se dirá aquí en estos próximos minutos puede no colmar las expectativas de oír una disertación de alto vuelo.

He dejado en la casa la tentación de hablar de Jorge Luis Borges, y de los supremos estudios de Guillermo Sucre y Rodríguez Monegal. Dejé las cuartillas que preparé el fin de semana colmadas de citas inteligentísimas, de retruécanos literarios inspirados por el gran maestro de los laberintos, de los tigres , de los espejos, de las rosas, y de los precipicios que separan al mundo real del fantástico.

No se puede hablar como Borges. Y citarlo en demasía sería usurpar sus potencias sobrenaturales . Citar a Borges en una Cervecería puede excitar las fantasías secretas y escondidas de los parroquianos, pero citarlo en la presentación de un libro puede convertirse en un acto facineroso de suplantación y de expropiación del talento ajeno. Me he prometido, por consiguiente, no sucumbir a esta desesperada tentación.

Quisiera entonces referirme a las virtudes de la aventura intelectual en la que navegaron Raúl y Freddy durante un tiempo, y que hoy se ve transfigurada en un texto luminoso.

Como la mayoría de ustedes saben , este es un texto escrito a cuatro manos , bajo la exigente vigilancia de nuestra academia, que expresa con gracia y rigor los inquietantes intereses literarios y periodísticos de sus autores. Uno es poeta, Freddy, y el otro, Raúl, es un narrador. Tienen sus libros, cada uno con sus dramáticas y felices travesías. Y ambos son, de manera incomprensible para ellos mismos, periodistas. Y , como cultores de la amistad y el pandillismo, se asocian para tratar de comprender a través de Borges por qué estas dos potencias viven separadas. Estas dos potencias que los habitan y los torturan... Sin drama. Los torturan porque simplemente una le quita tiempo y espacio a la otra.

Entonces se proponen reunir el periodismo con la literatura. Pero no solo académicamente, no formal y racionalmente, sino en el interior mismo de su devoción por Jorge Luis Borges.

La identificación de este par de jóvenes , ( curtidos en las inclemencias del deber, del trabajo reporteril, de la producción y del realismo crudo,) con la oferta creativa de Borges, con la hipnosis de su penetración filosófica y poética, los lleva a producir este libro, esta propuesta desafiante que provoca lecturas diversas y a veces antagónicas.

Antes de entrar en los nudos de su argumentación principal me gustaría anunciarles que con toda seguridad este texto, absolutamente innovador , formará parte de la lecturas de los estudiosos locales de la Comunicación Social en Venezuela. En primer lugar porque sintetiza de manera generosa y muy precisa las reflexiones fundamentales de la tradición intelectual local sobre la entrevista : Federico Alvarez, Olga Dragnic, Nelson Hipolite, Earle Herrera, Diaz Rangel, Humberto Cuenca, y además incorpora las grandes líneas del pensamiento moderno que contrasta literatura y periodismo, y que enfoca baterías sobre las potencias de la entrevista como género.

De esta manera, cabalgando con rigor, sobre las teorías y el conocimiento contemporáneo, Raúl y Freddy nos plantean preguntas de alto vuelo. En primer lugar sobre el género de la entrevista: ¿puede el periodista conducir al entrevistado?... como suelen aconsejar los sabios, y los manuales de estilo?.... o ¿existen estos casos formidables en los que un entrevistado , como Borges, maneja la gracia, la temática y las conclusiones?

(Quienes hemos entrevistado a escritores y periodistas, conocemos los rigores de esta tarea. Vaya usted y entreviste a Ramón Velásquez , a Tomás Eloy Martínez, a Miguel Otero Silva o a García Márquez.... a Zapata, a Giusti, a Massó....etc)

Las reflexiones que nuestros autores promueven sobre este asunto del periodismo contemporáneo, están plenas de riqueza y sugestión. Constituyen una parte esencial del valor de este libro.

Pero por otro lado está Borges. Se preguntan los autores ¿qué significan las afirmaciones de Jorge Luís Borges, volcadas en innumerables entrevistas, en la ponderación de su obra total?... ¿Son parte de su imagen o parte de la obra del autor?... ¿Hay alguna separación entre su discurso escrito y su discurso oral?... ¿Es que Borges escribe cuando habla?...

Todas esas maldades, ese ejercicio de político no-correcto que exhibió Jorge Luís Borges en sus entrevistas, eran acaso diferentes a las que expresó en su magnífica obra meditada?... ¿Actuaba acaso pre-meditadamente, y con alevosía, frente a sus entrevistadores? Me provoca citar varias de las respuestas geniales de Borges que recoge este magnífico libro pero me temo que podría sabotear las ansias de adquirirlo.

Freddy y Raúl, como devotos de la literatura que son, se esmeraron porque el texto no fuese aprisionado por las camisas de la racionalidad académica. Por el contrario las ideas fluyen por un río narrativo que alegra la travesía y conducen a los lectores a más de un laberinto sin salida. Los mismos que ellos padecen.

Las veces que he terminado de leer este texto, que ha de leerse repetidas veces por lo gracioso y borgeano, termino recordando nuestras aventuras compartidas. Hace unos años ellos eran simplemente unos niños borgeanos, hoy son unos niños borgeanos con compromisos.

Conocí a Freddy recién llegado a Venezuela, acaparando la perplejidad de sus audiencias con los cuentos sobre la ferocidad del mundo asiático y de las rudezas de Europa Central, previas a la caída del Muro de Berlín. En lo más privado me asombró siempre su capacidad para retener frases formidables de cantantes y poetas, pero sobre todo me asombra que sus evocaciones logren traspasar las murallas de marfil que se interponen entre su voz y sus amigos. Su voz es muy clara, y todos ya lo reconocen, en su libro titulado La Casa del Hechicero.

Con Raúl Cazal me he sentido parte de una historia que nos trasciende. Forma parte de una estirpe batalladora e indomable, que ha alentado las mismas ideas de cambio político desde que él estaba en la cuna. Su padre me roba los más entrañables recuerdos familiares, pero, actualizando, celebro que con la ayuda de Raúl y su magnífica editorial Comala puse en la calle un entrañable libro personal.

Aunque no he citado a Borges en toda esta perorata, culminaré evocando una frase que suele atribuirle mi amigo Raúl Fuentes, una frase que no se sabe si es cierta, realidad o ficción, como le gustaría al sabio argentino, pero cuyo significado atraviesa todo este libro de Freddy y Raúl: “... Yo lo que soy es un pobre cieguito, como Homero.”

Gracias y felicitaciones a los autores.

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