16.10.08

La integración del sur

por Raúl Cazal

Las grandes firmas que recientemente fueron a la quiebra o adquiridas por otras, estaban “muy preocupadas” por nuestra economía, y no dejaban de vaticinar la debacle en Venezuela utilizando los medios de comunicación a su alcance, pero se olvidaron de mirar sus propias acciones y cuando lo hicieron, ya era tarde. El 15 de septiembre Lehman Brother anunció su quiebra a primeras horas de la mañana, mientras que Merryl Linch era absorvida por el Bank of America. Ahora estos medios tendrán que buscar nuevas fuentes para pronosticar las futuras catástrofes en nuestros países.

Si bien es conocido el silencio mediático cuando gobiernos progresistas logran algún acuerdo o avance en sus procesos sociales, políticos y económicos, la novedad ahora es que estos medios también hacen mutis sobre temas periodísticos sumamente importantes, como la crisis inmobiliaria que arrastró al sistema financiero estadounidense, por decir lo menos.

Pero regresemos a ese 15 de septiembre nefasto para la economía de Estados Unidos (EEUU) y del mundo. Ese mismo día los presidentes de los países de América del Sur aterrizaban en Santiago de Chile para una cumbre de urgencia de la Unión de Naciones Suramericanas (Unasur), pero no para salvar a compañía privada y especuladora alguna, sino para dar respaldo al gobierno constitucional del presidente de la República de Bolivia, Evo Morales. Una mala noticia para quienes gobiernan en Estados Unidos. Mejor dicho, dos en un solo día.

La Declaración de la Moneda se discutió y aprobó de manera unánime en una reunión que duró menos de seis horas. En ella los presidentes agrupados en la Unasur advirtieron que “sus respectivos gobiernos rechazan enérgicamente y no reconocerán cualquier situación que implique un intento de golpe civil, la ruptura del orden institucional o que comprometan la integridad territorial de la República de Bolivia.”

Es de hacer notar que la misión de los presidentes y presidentas de los países miembros de la Unasur se llevó a cabo con rapidez y total éxito gracias a que en esta reunión no estaba invitado el gobierno de EEUU, puesto que éste no forma parte de esta nueva forma de integración latinoamericana. De esta manera, y con su actuación, la Unasur desplazó a la Organización de Estados Americanos (OEA) que hasta la fecha no ha hecho más que ser observador de un proceso insurreccional en Bolivia, donde bandas de criminales promovidas y financiadas por prefectos secesionistas masacraban a campesinos indefensos por el sólo hecho de apoyar al presidente Evo Morales.

Los sectores de derecha de Bolivia y el gobierno de los EEUU no le perdonan al pueblo originario y a los movimientos sociales que hayan decidido refundar ese país con una Asamblea Constituyente y que su presidente soberano sea recientemente ratificado por el 67 por ciento del electorado mediante referéndum. Tampoco le perdonan a Evo Morales que haya nacionalizado los hidrocarburos y de esa manera multiplicado por diez los ingresos para el Estado. Bolivia percibía 200 millones de dólares por exportación de gas en 2003 y pasó a recaudar más de 2.000 millones en 2007. Recaudación que ahora quieren detentar los personajes que históricamente estuvieron en contra de la estatización: los prefectos de la “Media Luna”.

La Unasur se reunió de urgencia con el fin de frenar un proceso de golpe de Estado que se gestaba en Bolivia en las narices del mundo y lo hizo recordando que por esos días, un 11 de septiembre de 1973, La Moneda era bombardeada para derrocar al gobierno socialista del presidente Salvador Allende.

En la declaración de la Unasur no se menciona al presidente Allende, como tampoco a los EEUU, pero de todas maneras ambos están presentes en la Declaración de La Moneda, puesto que los sucesos y los métodos son los mismos, sólo cambia el escenario y los personajes.

El panorama político actual de América del sur ha virado hacia gobiernos progresistas. Sus actuales presidentas y presidentes tienen mayor comprensión de la necesidad de integración política, social y económica para ser independientes. Es en esa dirección que aparece la Unasur, y al calor de estos cambios ya se está haciendo notar. Su reciente actuación en el caso de Bolivia es solo el comienzo de una nueva geopolítica para nuestros países.

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