9.2.06

10 libros fundamentales según Rossana Roncaglia

He decidido ordenar los libros en relación al momento de mi vida, así que los he agrupado en cuatro grandes bloques. Perdonen la cursilería, pero ya se sabe que «uno es solo lo que es y anda siempre con lo puesto».

Libros para empezar a leer y no olvidar el resto de la vida

1. Los hijos del capitán Grant, de Julio Verne.
Quizás ningún autor ha marcado más mi deseo por viajar y conocer nuevos mundos que los libros de Julio Verne. Para mí, y a pesar de internet y la globalización, es el mejor regalo que existe para cualquier niño de más de siete años. Creo haberlo leído unas tres veces y estarle eternamente agradecida a mi madre por habérmelo regalado.

2. El principito, de Antoine de Saint Exúpery.
Junto al chocolate es el mejor antidepresivo que conozco. Creo haberlo leído un montón de veces y siempre descubro algo nuevo. Al final «uno es siempre responsable de los animales que domestica».

Esa difícil transición llamada adolescencia

3. El lobo estepario, de Herman Hesse.
Quien no haya leído a Herman Hesse antes de los 20 años está a salvo, nunca será un «obstinado». Para aquellos que lo descubrimos, la obstinación es un modo de vida.

4. El túnel, de Ernesto Sabato.
Otro de esos libros con los que uno se encuentra en esa época de la vida en la que uno cree que todo puede ser cambiado y las preguntas, como siempre, son más que las respuestas. He pensado mucho sobre si en esta breve selección debe estar El túnel, Sobre héroes y tumbas u Hombres y engranajes. La verdad, creo que debieron estar los tres, pero eso habría sido una gran parcialidad por Sabato. Así que creo que basta incluir El túnel porque los demás vendrán de la mano con él.

Esa fuerza que da tener el corazón a la izquierda

5. Pasado y presente, de Antonio Gramsci.
Este libro no pertenece al ámbito de la literatura, sino al de las ciencias políticas, sin embargo, para mí es uno de los textos políticos mejor escritos y al mismo tiempo más ambiguos que existen. Ese libro, junto a los Escritos de la cárcel, constituye una joya del marxismo que, quizás, los conservadores han entendido mejor que los propios marxistas. Una lectura obligada para todo aquel que viviendo en el Tercer Mundo se crea de izquierda.

6. El banquero anarquista, de Fernando Pessoa.
Si con Gramsci uno se enamora del marxismo, con Pessoa, además de agudizar mis contradicciones burguesas, no he hecho más que profundizar mis inconsistencias. Es la mejor parodia que conozco sobre la izquierda y el pensamiento anarquista, pero, sobre todo, es una joya de los llamados cuentos de raciocinio de Pessoa.

7. La insoportable levedad del ser, de Milan Kundera.
Pocas novelas lo confrontan a uno con tantas cosas tan profundas y de una forma tan intimista como esta novela de Kundera, la primavera de Praga, el amor y el desencuentro, la esencia de la vida. Con esta novela y las siguientes, descubrí a Kundera como uno de los pilares de mis lecturas. Sus libros pueden ser leídos mil veces.

8. El amante, de Marguerite Duras.
Por alguna razón uno cree que los franceses tienen un sentido del amor y la pasión distinto al del resto de occidente. Quizás por ello me han seducido tanto las novelas de amor y desamor francesas. Este libro y los relacionados son una hermosa y sensual historia de pasión, más allá del deber ser.

9. Fanfan, de Alexander Jardín.
Esta opera prima me hizo recorrer todas las librerías de España buscando los siguientes libros de Alexander Jardín, los cuales, por supuesto, no fueron tan buenos. Fanfan es una verdadera joya desconocida sobre la imposibilidad de iniciar una relación, o mejor dicho, sobre el temor a comprometer y el eterno deseo de prolongar infinitamente el tiempo de la seducción.

Las maravillas de la adultez

10. Cuentos romanos, de Alberto Moravia.
El cuento es uno de los géneros más difíciles de escribir y uno de los más fascinantes de leer. Este libro de Moravia lo acerca a uno a la Roma de postguerra y a mí me acercó al pasado de mi madre y sobre todo a esas miserias y virtudes que afloran en las crisis y en especial en la Italia de postguerra. Creo que una vez al año vuelvo a releer alguno de sus cuentos, sólo para descubrir que «no existen valientes ni cobardes, sino conscientes e incoscientes y que yo era el único consciente en un mundo de incoscientes».

Creo que esta lista le debe una disculpa a Cortázar, cuya narrativa breve es demasiado buena para ser dejada de lado y a una larga lista de poetas que he debido dejar para una selección más larga.


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Rossana Roncaglia. Licenciada en estudios internacionales en la UCV y fanática de la escudería Ferrari.
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