21.10.07

El Che de puño y letra

La revista Nueva Sociedad publicó hace casi dos años un ensayo de Juan Antonio Diez sobre una de las facetas poco difundidas de Ernesto Che Guevara: el escritor.

De puño y letra
Algunas reflexiones en torno al Che, sus escritos y su época
Juan Antonio Diez

Resulta sumamente difícil aproximarse a la figura de Ernesto Guevara, tan abordada desde una multiplicidad de perspectivas y géneros. Casi todo está dicho, escrito, mostrado. Su entrada triunfal en Santa Clara en 1959 y, sobre todo, su asesinato en octubre de 1967, en Bolivia, generaron un aluvión de artículos, libros, biografías, poemas, canciones, fotos, a través de los cuales se despliega un Che «polifacético», como lo caracterizó alguna vez Raúl Castro, en medio de la Sierra Maestra, cuando junto con las provisiones y armamentos le llevaron un libro de álgebra: hijo, asmático, viajero, médico, fotógrafo, guerrillero, comandante, argentino, cubano, mito, icono.

En el magnífico artículo «Ernesto Guevara, rastros de lectura», Ricardo Piglia desarrolla una mirada sobre el Che –que ya también otros habían ensayado– como lector. Debido a los largos periodos que debe pasar en la cama por los ataques de asma, durante su infancia Guevara «se convierte en un lector voraz»[1]. Se van así constituyendo y entrelazando algunos rasgos que lo van a acompañar toda su vida: el asma y la lectura.

Junto con estos dos aspectos, aparece otra faceta que Piglia también menciona un poco al pasar, y es la de escritor. En 1945, el Che escribe las primeras notas sobre sus lecturas: su propio «diccionario filosófico», cuidadosamente organizado por orden alfabético, con índice temático y de autores, con citas y comentarios de diversas obras de Freud, Nietzsche, Marx, Engels, así como también de cuentos y poemas de Faulkner, Neruda, Darío. En su primer viaje por Argentina, en 1950, no solo estudia y prepara exámenes para recibirse de médico; también va aprendiendo a narrar y practica en su diario la descripción de paisajes y el uso de metáforas. Se forma así una nueva relación entre lectura, escritura y viajes: toma nota de las cosas que lee y las que observa en sus recorridos para después escribir un relato de esas experiencias.

Desde entonces, Ernesto Guevara no paró de escribir: diarios, notas de lectura, cartas, poemas, reseñas periodísticas, textos políticos. En algún momento incluso pensó en ser escritor, como lo reconoce al referirse a Ernesto Sabato en una carta que escribió desde La Habana en 1960: «poseedor de lo que para mí era lo más sagrado del mundo, el título de escritor»[2]. Claramente, la experiencia de la guerra revolucionaria modificó en buena medida sus parámetros anteriores, transformándolo también a él.

El presente ensayo es un intento de recuperar la figura de Ernesto Guevara como escritor, prestando especial atención a las construcciones que realiza sobre las transformaciones de su época y su propia persona. Sin embargo, resulta necesaria una primera advertencia sobre estas líneas: no se trata de un análisis sistemático de sus escritos o su pensamiento, sino del esbozo de algunas reflexiones e ideas a partir de textos de y sobre el Che, especialmente sus Pasajes de la guerra revolucionaria[3].

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Si desean leer el artículo completo, pueden bajar el archivo .pdf desde la página de Nueva Sociedad. Fue publicado en la edición “Cultura latina en Estados Unidos”; en Nueva Sociedad 201, Enero / Febrero 2006, Buenos Aires.

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1. «Ernesto Guevara, rastros de lectura» en El último lector, Anagrama, Buenos Aires, 2005.
2. «Carta al escritor argentino Ernesto Sabato», La Habana, 12/4/1960.
3. E. Guevara: Pasajes de la guerra revolucionaria, Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 3ª edición, 2002.
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