20.10.07

Libros fuera de lugar


Crónicas de bibliotecas
por Gonzalo Fragui

A Eduardo,

quien se estrena en
esas lides.


Ser bibliotecario puede parecer algo sin importancia por lo cotidiano. Usted va, solicita un libro, el bibliotecario viene, se lo entrega. Gracias y chao. A veces ni las gracias. Pero no hay nada como un buen bibliotecario. Una leyenda cuenta que Eumenes II habría tratado de raptar al competente bibliotecario de los Ptolomeos para emplearlo en la biblioteca de Pérgamo, sin embargo los reyes egipcios, para evitar perderlo, pusieron en prisión al desafortunado bibliotecario.

Sin duda que el principal problema que tienen las bibliotecas es la organización de los libros. Algunas veces porque hay libros inclasificables. ¿Dónde pondría, usted, por ejemplo, Parto de caballeros, de Luis Barrera Linares; Sarita, Sarita, tú eres bien bonita, de Miguel James; o El bolero se baila pegaíto, de Raúl Cazal?

En otros casos son los nombres los que nos llevan a cometer errores, y hasta al mejor bibliotecario se le escapa la liebre. Veamos, por ejemplo, qué se nos ocurre a primera vista con los siguientes títulos: Ensayo sobre la ceguera, de Saramago, (Medicina); Dialéctica de lo concreto, de Kosic, (Ingeniería civil); Crimen y castigo, de Dostoievski, (Derecho); Casa de hablas, de Ana Enriqueta Terán, (Arquitectura); Historia de Garabombo, el invisible, de Manuel Scorza, (seguramente, Historia). Aquí les dejamos algunos ejemplos de las bibliotecas de la ULA.

SCHOPENHAUER
El caso más famoso de es tos equívocos quizá sea el de este filósofo alemán. Su libro De la raíz cuádruple del principio de la razón suficiente llegó un día a la biblioteca central.
-¿A qué facultad enviamos este libro?, preguntó alguien.
-Y ¿de qué trata?, repreguntó otro con desgano.
-Aquí habla de una raíz.
-Listo. Forestal.
Así que el único libro de Schopenhauer que existe en la Universidad de Los Andes está en la biblioteca de Ingeniería Forestal.

OVIDIO
Con Ovidio sucedió algo parecido. Hace mucho tiempo alguien donó a la biblioteca de una facultad el libro El remedio del amor. La persona encargada de la distribución no lo pensó dos veces.
-Mándelo pa´ Farmacia, fue lo primero que se le ocurrió.

ARTURO GUTIÉRREZ PLAZA
Mi amigo Arturo ganó un concurso de poesía en México con un poemario de extraño título: Principios de Contabilidad. Cuando el libro llegó a la Facultad de Humanidades, alguien pensó inmediatamente que se trataba de un error y lo envió a la biblioteca vecina, a la Facultad de Ciencias Económicas.

FRAGUI
Yo, la verdad, estuve también tentado de enviar mi Manual del despecho a alguna biblioteca de la Universidad, pero temí que el librito fuera a parar a la biblioteca de Nutrición.

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Tomado de La Revista, Año 2, Núm. 2 Mayo 2006, Mérida, Venezuela, p. 53.
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